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| 7/23/2011 12:00:00 AM

La parábola de Uribito

Cómo llegó a estar al borde de la cárcel un joven brillante al que muchos consideraban presidenciable.

La carrera política del exministro Andrés Felipe Arias está pendiendo de un hilo. ¿Cómo un muchacho que a los 34 años pintaba para presidente de la República hoy, a los 38, está viendo cómo se libra de caer en prisión?

Andrés Felipe, desde chiquito, sobresalía en materia académica. "Era, de lejos, el estudiante más arrollador -cuenta uno de sus compañeros del Columbus School de Medellín-. Él podía no llevar cuaderno. O no asistir a clase. Pero sus notas eran sobresalientes. Su fama era tal en todo el colegio que cuando publicaban notas, todo el mundo, y no solo los de su curso, quería saber cuánto había sacado Arias".

Ratificó su fama de lumbrera en la Universidad de los Andes con el grado magna cum laude en Economía, con la maestría con beca de excelencia de la misma universidad y con un doctorado obtenido en la Universidad de California (Ucla) cuando apenas tenía 29 años. Lo terminó justo en 2002, cuando Álvaro Uribe asumía la Presidencia y aterrizó en una dirección del Ministerio de Hacienda, entre otras cosas porque desde 2000 se había conocido con el candidato Uribe en el Club Campestre de Medellín y desde entonces no dejó de comunicarse por correo electrónico con él.

Muy poco tiempo después se convirtió en viceministro de Agricultura, y cuando el presidente necesitó alguien que le empujara el TLC decidió mover a Carlos Gustavo Cano para el Banco de la República y convertir a Andrés Felipe en el miembro más joven de su gabinete. Con 33 años se convirtió en ministro.

Y ahí, el joven que todos veían como un técnico brillante y gran promesa de la derecha en Colombia comenzó a transformarse. No es claro si su ambición desmedida lo llevó a parecerse a Álvaro Uribe para ganar réditos políticos o si su manera de ser, de cierta manera obsesiva, lo llevó a querer convertirse en el clon de esa figura que le fascinaba. Lo cierto es que Andrés Felipe comenzó a tener ademanes, poses y ciertos giros del temperamento idénticos a los del presidente Uribe. Si Uribe decía que él se levantaba a las cinco de la mañana, Andrés Felipe también lo hacía. Tomaba gotas homeopáticas del mismo sello de las que usaba el presidente y se enfrascaba en debates como los de su mentor. En uno de ellos le dijo a Gustavo Petro: "Es un mentiroso, espere las consecuencias", y para defender al gobierno calificó de afeminado a otro gobierno.

A tal punto llegó el grado de imitación -o de identidad- que la gente terminó por decirle 'Uribito'. Lo cual a él tampoco le chocaba: "Prefiero que me digan Uribito y no Pastranita", dijo en una entrevista. Una persona que trabajó con él en el Ministerio concluye: "Fue el tema de Uribe el que lo mareó".

La pregunta es si su transformación llegó a tal punto que al final del Ministerio, cuando tenía que forjar su futuro político, se le empezó a enredar la pita. En teoría, su idea no era llegar de una vez a la Presidencia. Arias tenía claro, según dicen hoy allegados a él, que su camino era primero la Gobernación de Antioquia y la Alcaldía de Medellín, a imagen y semejanza de su maestro, para llegar después a la Casa de Nariño. Pero en la práctica, y con las encuestas calentándole el oído, también podría pensarse que Uribito quería tomar el atajo y ganarle en eso a su maestro.

Al fin y al cabo, Arias también es reconocido por su grado extremo de competencia y su perfeccionismo. Si manipuló o no la entrega de los subsidios de Agro Ingreso Seguro con fines políticos, es la gran pregunta. ¿Acaso un hombre tan inteligente y meticuloso como él iba a dejar pasar errores tan elementales? ¿Acaso no iba a darse cuenta del fraccionamiento?

"Andrés Felipe tiene un problema. Conoció el poder con el triunfo. El primer contacto que tuvo con un gobernante fue con Uribe. Cuando Uribe estaba en la cúspide de su gloria. A Arias lo que le faltó fue ver a un tipo ascendiendo lentamente en el poder", dice alguien que lo aprecia, es su amigo, y lo ha estudiado como pocos.

El interrogante es ahora si lo llevarán a la cárcel o no. La decisión está en manos del magistrado que pidió un plazo hasta este martes para decidirlo. Lo cierto es que cuando el destino de Andrés Felipe Arias era ser parte del panteón de los presidentes ahora está en la galería de las mentes brillantes políticamente fallidas. Una historia, que con grandes diferencias en cada caso, se ha visto ya aquí con otros personajes como Fernando Botero, Alberto Santofimio y David Turbay. Esa dosis de ambición desbordada que los termina sepultando.
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