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| 11/22/2014 10:00:00 PM

La paradoja del Partido de la U

A pesar de ser la primera fuerza política del país desde 2006 y el partido del presidente Santos, La U no es protagonista en el gobierno.

En el papel, La U es el partido político más exitoso y poderoso de la historia contemporánea de Colombia. No solo es la organización a la que pertenece el reelecto presidente Santos sino también constituye el bloque mayoritario en ambas cámaras del Congreso desde su primera participación electoral en 2006. En los comicios regionales de 2011, la colectividad ganó 260 de las 1.101 alcaldías en juego, cinco capitales departamentales y cuatro gobernaciones.

La maquinaria de votos de La U es una de las más aceitadas: cuatro de los diez senadores más votados de las últimas elecciones son miembros de ese partido.  Este año, en medio de la irrupción del Centro Democrático,  salió victorioso en 12 departamentos, cinco de estos de la costa Caribe. No obstante, a pesar de ser tanto la principal fuerza de la Unidad Nacional como el partido de gobierno, su papel en el segundo mandato de Santos es más de actor secundario que de protagonista. “El partido que ganó fue La U pero gobierna Cambio Radical”, afirmó a SEMANA un senador de esa colectividad.

Con esa paradoja, pendiendo cual espada de Damocles sobre ellos, senadores y representantes de esta organización política se reunieron la semana pasada en unos ‘retiros espirituales’ en Santa Marta. Con la presencia del presidente Santos, el jefe negociador en La Habana Humberto de la Calle y nueve ministros, La U renovó sus directivas con un triunvirato de los senadores Roy Barreras y José David Name y el representante por Nariño Bérner Zambrano. La U pedirá al gobierno revivir la iniciativa legislativa de un referendo sobre la cadena perpetua para violadores de niños y anunció una agenda orientada a la infancia y la mujer.

Sin embargo, estas decisiones partidistas solo mitigan retos más estructurales que enfrenta hoy La U. El primero es lo que ellos consideran su falta de protagonismo dentro del gobierno. El exministro Sergio Díazgranados, saliente presidente de la colectividad, que sería nuevo delegado de Colombia ante el BID, es el único dirigente de la Unidad Nacional que no entró al gabinete. Simón Gaviria del liberalismo y el vicepresidente Vargas Lleras de Cambio Radical, los otros dos líderes de la coalición ganadora, controlan hoy Planeación y las carteras de infraestructura respectivamente. De hecho, con excepción de Aurelio Iragorri en la cartera de Agricultura, ninguno de los miembros del gabinete que Santos identificó como representantes de La U es reconocido por la bancada de congresistas.

A la ausencia de representación se suma la carencia de banderas que el electorado identifique como gestión del Partido de la U. Los liberales ganaron el tema de las víctimas y ahora liderarán el Plan de Desarrollo mientras que Cambio Radical ya se convirtió en sinónimo de casas gratis y busca ahora repetir la fórmula con carreteras. La U, al contrario, quedó de apéndice de la Casa de Nariño, con jugosa burocracia en el primer mandato pero sin agendas visibles. En otras palabras, La U es al gobierno Santos lo que los conservadores fueron para las dos administraciones uribistas.

El uribismo es precisamente el segundo desafío para el partido oficialista. La irrupción del Centro Democrático sacudió la hegemonía de La U en el mapa político colombiano. A un escaño quedaron los uribistas de arrebatarle el primer lugar en las votaciones al Senado. El hoy bloque opositor redibujó los dominios partidistas en Bogotá,  Antioquia,  el Eje Cafetero, la región andina y la Orinoquia. Los constantes recorridos del uribismo en esas regiones muestran que el pulso para las elecciones locales de 2015 será duro. La U tiene el desafío el año próximo de no quedar reducido a una presencia municipal y de replicar la actual realidad del conservatismo: fuertes maquinarias electorales pero en un puñado de departamentos.

Un tercer aspecto se relaciona con la renovación de los liderazgos. El Partido de la U tiene más caciques regionales –como Musa, Elías y Name, entre otros–  que voceros visibles para la opinión pública. Mientras el Congreso se llenó de caras nuevas en todas las bancadas –desde los uribistas hasta los verdes–, los rostros más populares y reconocidos de La U siguen siendo los senadores Armando Benedetti y Roy Barreras. Los dos son muy mediáticos y efectistas pero no se ven nuevas figuras. El  fallido intento de reclutar al ex vicepresidente Angelino Garzón para la Alcaldía de Bogotá y el globo de una aspiración presidencial del ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, en 2018, son intentos de buscar líderes con vocación de poder en el Ejecutivo. Si bien los congresistas prefieren ser populares en sus regiones donde se reeligen, los partidos necesitan figuras que apelen al voto de opinión de las ciudades.

Lo cierto es que esos tres desafíos de La U surgen de la manera como fue creado. El ‘pecado original’ del partido de gobierno es haber surgido como una federación atomizada de maquinarias regionales diseñada primero en torno a Álvaro Uribe y después a Juan Manuel Santos. Por esa razón la bancada parlamentaria es más heterogénea ideológicamente que, por ejemplo, los colegas del Centro Democrático, el Polo, o inclusive los conservadores. “Cada uno es dueño de sí mismo”, afirmó un senador.

Con una segunda administración Santos concentrada en la paz, la infraestructura y en conseguir los recursos para financiar ambas, no es el momento más indicado para que La U busque nuevas banderas ante los colombianos. No obstante, tras el anuncio salido del retiro espiritual de que tendrán candidato propio para las presidenciales de 2018, se hace perentorio que superen esos tres retos: que Santos les dé una agenda qué mostrar, resistir el embate regional del uribismo el año entrante, y buscar líderes nacionales. Mientras eso no suceda, la paradoja seguirá: el partido con más votos es el que menos manda.
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