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| 4/26/2011 12:00:00 AM

La participación de la mujer y la Constitución

Las reivindicación de los derechos de la mujer ha sido un proceso lenton que en Colombia comenzó con el plebiscito de 1957 y se cristalizó en el 91.

Bogotá, como capital y espejo de la aspiración nacional, hoy es ejemplo de importantes conquistas sociales, donde las mujeres son protagonistas y abanderadas de sus derechos y han hecho de la participación la principal herramienta de reivindicación ciudadana. Y todo, gracias a un proceso donde confluye el empuje de lideresas y organizaciones de mujeres, el apoyo institucional y a las progresistas normas existentes, especialmente las enmarcadas en el espíritu de la Constitución Nacional de 1991.

Hace 20 años Colombia se encaminó hacia un nuevo orden constitucional que pretendió reformar de forma radical un caduco orden tradicional. Ha sido un proceso lento y complejo, que a medida del tiempo ha producido importantes transformaciones.

La Carta, junto a los nuevos espacios de participación ciudadana, incorporó la inclusión de las mujeres en la política y en la toma de decisiones, oponiéndose a un hecho bastante notorio en la constitución de 1886, que como anota Magdala Velásquez: “La mujer se muestra subordinada al hombre como producto de las costumbres, la cultura y la ideología postulado que no cambió durante muchos años”

La participación activa e independiente de la mujer sólo llegó después de un largo camino y de reformas a la vieja Constitución en los aspectos referentes a sus derechos, incluido el derecho a la educación, que nos permitirían adquirir capacidades intelectuales para nuestra participación activa en la sociedad y la democracia, pero esto sólo se rompió de forma institucional al superarse el estrecho marco de la llamada democracia representativa, avanzando al definir el Estado como una democracia participativa, que faculta la participación de todos y todas en las decisiones que las y los afectan, en la vida económica, política, administrativa y cultural de la Nación, en la búsqueda material de una democracia integral.

Un poco de historia

Hay que recordar que el derecho de la mujer colombiana a participar en la democracia representativa a través del sufragio es relativamente reciente. Sólo en 1957, con el plebiscito, se nos concedió este derecho, siendo Colombia uno de los últimos países latinoamericanos en lograrlo. No obstante, históricamente la participación política de la mujer en Colombia no aparece en forma clara pero siempre ha estado latente. Desde la colonia, las mujeres hemos participado y acompañado los procesos políticos especialmente durante las guerras, demostrando así nuestro interés por ser escuchadas y tenidas en cuenta como parte de una sociedad.

La sociedad colombiana, a través del tiempo, permaneció dividida entre las actividades propias de los hombres y las que corresponden a las mujeres. En esta división, el poder siempre fue más asequible para el hombre en todas las esferas: social, económica, política y familiar. De este modo, se opacó generalmente la función de las mujeres. La mujeres estuvimos representadas por los hombres; primero por el padre y luego por el esposo quien ejercía, en virtud de la potestad marital, todos los derechos y obligaciones. Se nos negó culturalmente el acceso al mundo exterior, permaneciendo en la casa, lugar al cual supuestamente pertenecíamos. Nuestros derechos y libertades debían ser tutelados por otros, pues la igualdad no existía como norma en esta sociedad, que se concebía como justa al ser hecha por hombres y para hombres.

Los cambios en la participación de la mujer se dieron principalmente durante las guerras entre Europa y Estados Unidos, procesos que incidieron en Colombia a través de la industrialización, principal argumento para lograr el acceso de las mujeres al trabajo fuera del hogar y a la educación. Alrededor de 1940 la educación femenina tuvo auge Colombia. Como anota Amartya Sen “La agencia de mujeres buscaba mejorar el nivel de vida y la libertad en la toma de decisiones, lo que se lograría únicamente mediante la educación al mismo nivel que los hombres y no cursando materias diferentes según el sexo”.

El proceso de cambio de una sociedad, que deja de ver a la mujer como un receptor pasivo sin voz, ni voto, y la incorpora como agente de transformaciones sociales y políticas, ha pasado por múltiples tropiezos en una sociedad construida por hombres y para hombres. Ser considerada ciudadana por ley ha sido el resultado de un proceso largo y difícil que fue evolucionando con cada una de las reformas legislativas.

Bogotá: Ciudad de las mujeres

En Bogotá, las recientes administraciones se han dado la tarea de acoger las diversas agendas sociales y acciones de reconocimiento y afirmación de los derechos de los pueblos indígenas, gitanos, afro-colombianos, raizales, sectores LGBTI, mujeres, jóvenes y personas en condición de discapacidad, con el fin de trabajar con ellos, y así generar cambios de actitud, respeto y tolerancia en la ciudadanía capitalina, en concordancia con el espíritu de inclusión y participación ciudadana de la Constitución de 1991.

En este ejercicio de la participación, se constituyó el Consejo Consultivo de mujeres, cuyas representantes ciudadanas son elegidas democráticamente, que tiene como función principal asesorar a la Administración Distrital en la implementación de políticas públicas pertinentes y eficaces.

Las mujeres hemos hablado a la ciudad. A través de las campañas en el marco del Día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres, se han visibilizado las mujeres desde nuestras identidades y particularidades y hemos enfrentado la violencia mediante la campaña “No te calles, ni en la casa ni en la calle, nada justifica la violencia contra las mujeres, denuncia.”

Hoy los logros más importantes son el reconocimiento y defensa de nuestros derechos, y el fortalecimiento de un movimiento de mujeres que desde los barrios está transformando las mentes y los corazones de las personas para construir una ciudad y un país de derechos.

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