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| 1/30/2016 12:00:00 AM

Sin reversa

No cabe duda de que este año se firmará la paz, pero en medio de agudos debates sobre la refrendación, las garantías para que no se repita la violencia, y la participación política de las Farc.


Este será un año paradójico. Al tiempo que grandes nubarrones ensombrecen la economía, existe la convicción de que en 2016, más aún, en este semestre, se firmará el acuerdo que le pondrá fin al conflicto armado con las Farc. Y aunque esta noticia es la mejor de las últimas décadas, también comienzan a surgir interrogantes sobre los puntos que faltan por acordar en la Mesa de La Habana, especialmente sobre la refrendación y la implementación de los acuerdos.

Durante el foro 2016 ¿Para dónde va Colombia?, la sensación que quedó entre panelistas y asistentes es que el proceso de paz está en un punto irreversible. Y la noticia de que la Organización de Naciones Unidas, ONU, a través del Consejo de Seguridad, verificará el cese de hostilidades y la dejación de armas de las Farc así lo demuestra. De ahí que Humberto de la Calle, jefe del equipo negociador del gobierno, dijera que el acuerdo sobre verificación era el “más importante y realista” que se ha construido en La Habana, y que –a su juicio– muchos de los puntos que faltan por acordar para el fin del conflicto, como las zonas de concentración de las Farc, estarán sujetos a las capacidades de la propia ONU, por lo que ya no habrá lugar para la retórica.

Pero la recta final de la negociación tiene todavía asignaturas pendientes y todas son de hondo calado político. La primera es la participación de las Farc, ya sin armas, en la democracia. Esta es una realidad a la que se opone la mayoría de los colombianos, pero que –como reconoce De la Calle– requiere de mayores niveles de consenso. Al respecto, el dilema es definir si los jefes de la guerrilla podrán ser elegidos mientras acuden a la Jurisdicción Especial de Paz o al tiempo que pagan las sanciones por los crímenes internacionales que cometieron.

El segundo gran punto pendiente es la refrendación. De la Calle dijo con toda sinceridad que las posiciones del gobierno y la guerrilla son distantes en esta materia. Mientras el presidente Santos ya tiene lista la fórmula de un plebiscito para someter los acuerdos al voto popular, y otra de fast track en el Congreso, y de facultades extraordinarias para convertir en leyes lo acordado, las Farc insisten en una constituyente.

En medio de las dos posiciones ha salido una tercera fórmula, en la que coincidieron tanto Carlos Holmes Trujillo, del Centro Democrático, como Iván Cepeda, del Polo Democrático, que es promover un gran acuerdo político y nacional que permita darle una base sólida a la refrendación para que esta no se convierta ni en un salto al vacío, ni en un escenario de mayor polarización.

La tercera incertidumbre expresada en el debate es el ambiente que hay en las regiones para implementar los acuerdos. De la Calle señaló enfáticamente que uno de los mayores desafíos será la seguridad ciudadana, especialmente lo que tiene que ver con los “microclimas” regionales en los que la mezcla de corrupción y armas sigue siendo fatal. Este contexto es crítico para darle garantías no solo a los miembros de las Farc cuando dejen los fusiles, sino a las poblaciones. Al respecto, la académica Angelika Rettberg, especialista en conflictos, planteó el interrogante sobre quienes serán los socios locales de la paz y señaló el papel crucial que deben cumplir los alcaldes y gobernadores recién posesionados en zonas donde la lucha por el poder local está presente al rojo vivo. En este punto, de nuevo, se invocó la necesidad de un gran acuerdo nacional para que el fin del conflicto con las Farc se convierta realmente en una oportunidad para poner en marcha los acuerdos de manera integral. También, para hacer los cambios que requieren la democracia y la construcción de un Estado social de derecho en todo el territorio.

De La Calle en diez citas

Estos son los aspectos que, según el jefe negociador del gobierno, explican el presente y el futuro del proceso con las Farc.

1. La resolución de las Naciones Unidas (sobre verificación del cese del fuego y hostilidades y dejación de armas) es un impulso enorme y un golpe de realismo para el proceso de paz. De aquí en adelante cesa la retórica porque las capacidades de la ONU dictarán la última palabra en cuanto a sitios de ubicación de la guerrilla y dejación de armas.

2. Esta resolución es una especie de escalera eléctrica. Es difícil devolverse de una escalera eléctrica porque la dinámica va creciendo. Quien se quiera bajar se tiene que tirar por la barandilla.

3. En cuanto a la refrendación hay una discusión enorme. Las Farc, que insisten en el mecanismo de la constituyente, y nosotros, que creemos que la refrendación debe hacerse a través del plebiscito. Pero más allá de esas discrepancias tiene un enorme valor democrático que las partes hayan convenido que los colombianos digan la última palabra sobre los acuerdos.

4. El momento actual es de paz con seguridad. El primer mes de desescalamiento entre las Farc y el gobierno fue el mes más pacífico en los últimos 40 años y eso se sigue sosteniendo.

5. Hay que establecer planes de acción contra las bandas criminales, el crimen organizado, romper el circuito que hay entre corrupción, sucesores de los paramilitares y políticos locales. Los recursos que hoy se van a la guerra hay que dirigirlos a la conquista de la seguridad ciudadana, con criterios de seguridad humana y énfasis en la Policía.

6. Hay un reclamo de garantías de las Farc que es válido. Ellos no van a dar un paso para firmar un acuerdo si no tienen un esquema de seguridad que les garantice su supervivencia. Pero también se requieren garantías para los colombianos de no repetir un caso como el de la UP, aunque tampoco habrá combinación de formas de lucha.

7. La imposición de las sanciones a los miembros de las Farc no los inhabilita de manera perpetua para participar en política. Pero está por resolverse si coetáneamente con las sanciones algunos sí pueden hacerlo. Este es un tema muy crítico.

8. Va a ser muy difícil concebir un acuerdo de esta naturaleza sin participación política de quienes dejen las armas. Sé que lo que digo es impopular, pero el argumento de las Farc tiene cierto peso: cómo se quiere que dejemos las armas, que vayamos a la política, que organicemos un movimiento, si por fuerza de las sanciones que inevitablemente van a sufrir los máximos responsables se descabeza al movimiento antes de nacer. Luego, allí hay que hacer una reflexión serena y tener la visión más amplia.

9. Las Farc van a intervenir en política para buscar el poder como cualquier fuerza en democracia. Ellos van a golpear en la ceja sangrante, por eso hay que limpiar la política y los partidos. Creo que en el futuro habrá una política más moderna, pero también más ideológica. Vamos a entrar en una fase de verdadera participación de las comunidades.

10. El fin del conflicto es una gran oportunidad. No avalo la teoría de las causas objetivas del conflicto pero creo que esta es una oportunidad de transformación y cambio, que debe inscribirse en la idea de no repetición.

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