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| 8/16/2014 4:00:00 PM

La pelea entre los amigos Santos y Gaviria

La elección del nuevo contralor enfrentó públicamente a Santos y a Gaviria. Riesgos de una pelea donde todo el mundo pierde.

Como si no bastara con tener dos expresidentes en su contra, el presidente Juan Manuel Santos arrancó su segundo mandato con un pulso adicional con otro de sus antecesores: César Gaviria. El exclusivo y reducido club de los exmandatarios de Colombia se divide casi en partes iguales en sus afectos por la Casa de Nariño. Mientras Álvaro Uribe y Andrés Pastrana se han convertido en duros críticos de Santos, Gaviria y Samper son aliados del gobierno. 

En el caso de César Gaviria los lazos con el presidente son aún más profundos. Santos empezó su carrera política como ministro de Comercio Exterior de este. Además, el expresidente fue uno de los artífices de la victoria reeleccionista: no solo movilizó el trapo rojo sino que también organizó  la campaña tras la derrota de la primera vuelta. Santos le tiene una deuda de gratitud y hoy su hijo Simón es el nuevo director de Planeación Nacional. Por eso sorprendió la airada discusión entre Santos y Gaviria que se hizo pública la semana pasada. 

El florero de Llorente entre los dos líderes es la elección del nuevo contralor general de la República. La cabeza del control fiscal en el país es seleccionada por el Congreso de una terna conformada por postulados de la Corte Suprema de Justicia, el Consejo de Estado y la Corte Constitucional. El candidato de la primera es el excongresista y exmagistrado Carlos Ardila Ballesteros; el Consejo nominó al exrepresentante a la Cámara Gilberto Rondón y la Corte Constitucional escogió al exprocurador Edgardo Maya Villazón. Entre Ardila, Rondón y Maya saldrá la próxima semana el reemplazo de Sandra Morelli.

Dada la naturaleza política de esta elección es tradicional que cada uno de los ternados despliegue su campaña para ganar apoyos dentro de los congresistas. Es así mismo común que algunos de los aspirantes lleguen al Legislativo con padrinos políticos que les ayudan a conseguir votos. Sin embargo, lo que generalmente define la elección es el guiño presidencial. No obstante, al Ejecutivo le conviene dar ese gesto de la manera más discreta posible ya que los demás saldrían a quejarse de intromisión presidencial y falta de garantías. 

Mientras los tres candidatos a la Contraloría y sus amigos empezaron a mover sus fichas en el Congreso, el presidente inicialmente manifestó que no inclinaría la balanza a favor de ninguno. César Gaviria, por su parte, en una conversación con Santos, tampoco habría expresado un apoyo tan irrestricto a Gilberto Rondón a quien describió como el candidato de su hijo. La neutralidad de la Casa de Nariño permitió que las fuerzas empezaran a medirse: Rondón llegó con el apoyo abierto de la casa Gaviria, Ardila viene de Cambio Radical y Maya tiene amigos en La U, pero también es cercano al vicepresidente Vargas Lleras. No obstante, en los pasillos del Parlamento empezó a circular la tesis de dos eventuales inhabilidades de Maya para ocupar el cargo. Se trataría de que su edad supera el límite de 65 años y de haber sido conjuez ante el Consejo de Estado un año antes de su elección. Los dos temas son bastante debatibles pues la Corte Constitucional tuvo conocimiento de esos argumentos y los rechazó. 

En la recta final, y sorprendiendo a muchos, el presidente Santos manifestó su preferencia por Maya ante senadores de La U y  luego ante los liberales y en presencia del propio Simón Gaviria. La incomodidad del nuevo director de Planeación ante el anuncio de su jefe fue evidente.  El guiño público enfureció al expresidente César Gaviria y desató la pelea que ocupó titulares toda la semana pasada. Para el exmandatario liberal, la Casa de Nariño violó su compromiso de imparcialidad y prácticamente hundía las posibilidades de Rondón, su aspirante. Además, la preferencia de Santos por Maya implicaba una inclinación más hacia Vargas Lleras con quien la casa Gaviria tiene una rivalidad desde hace un tiempo. 

La  molestia del expresidente tenía una justificación. Al señalar abiertamente a Maya como su aspirante, Santos puso en aprietos a la bancada de congresistas liberales. Por un lado, el presidente, jefe de la coalición de gobierno, les ordena votar por Maya mientras su jefe natural, César Gaviria, les dice que voten por Rondón. El ex mandatario no ocultó su indignación y en un tono tan destemplado como el que utilizó contra Uribe en la campaña, amenazó con abandonar el Partido Liberal.

El presidente entendió rápidamente la gravedad de la situación e invitó a su antecesor a una reunión. Con la presencia de los nuevos ministros Juan Fernando Cristo y Néstor Humberto Martínez, Santos y Gaviria tuvieron una cumbre tensa pero no agresiva en la que insistieron en sus posturas. Finalmente se acordó que no someterían a la bancada liberal a una votación, pero que se le informaría a esta que el candidato del presidente es Edgardo Maya y el del expresidente Gilberto Rondón. La pugna entre estos dos pilares de la Unidad Nacional está candente aunque la balanza se inclina a favor de Santos. 

Al cierre de esta edición se había agudizado más el enfrentamiento por cuenta de una carta que el procurador le envió al Congreso sobre el tema. En esta le advertía a los congresistas que si votaban por un candidato con inhabilidades podría ser objeto de faltas disciplinarias que a la vez llevaría a la anulación de su elección. Aunque no mencionaba nombres era obvio que se refería a Maya. Esa misiva fue muy mal recibida pues como ya se dijo, la Corte Constitucional que también sabe de derecho, estaba en desacuerdo con la interpretación del procurador y sus miembros alegaban que de haber inhabilidades reales no lo habrían ternado. 

Ante lo que está en juego el guiño de la  Casa de Nariño ya produjo el efecto de empezar a mover la votación favorable a su candidato. Pero, independientemente de quien sea el elegido, el hecho es que en el enfrentamiento entre el presidente Santos y  el expresidente Gaviria la que pierde es la Unidad Nacional. Con las reformas a la estructura de la administración que el primer mandatario está impulsando y los retos del proceso de paz y el pilar de la educación, lo último que el gobierno necesita son fisuras internas entre los miembros de la coalición gobiernista. Y lo que es seguro es que de este rifirrafe van a quedar cicatrices. 
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