Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1994/06/20 00:00

LA PELEA ES PELEANDO

En las postrimerías de su gobierno, Gaviria se enfrenta de nuevo con el poder judicial al proponer un referendo sobre la legalización de la droga.

LA PELEA ES PELEANDO

A MENOS DE 80 DIAS DE terminar su mandato, el presidente César Gaviria no parece haberse cansado de casar peleas. El miércoles de la semana pasada se pronunció de modo enérgico en contra del contenido -finalmente dado a conocer después de 10 días de demora- de la sentencia de la Corte Constitucional que declaró inexequibles las normas del Estatuto de Estupefacientes que sancionaban el porte y consumo de las dosis mínimas de marihuana, cocaína y hachís.
El gobierno "acata el fallo pero no lo comparte", dijo Gaviria, quien anunció para los próximos días un decreto destinado a limitar el uso de dosis mínimas, en lugares públicos y en centros educativos, por parte de menores de edad, mujeres embarazadas, y hasta profesionales como médicos y odontólogos. Pero el primer mandatario fue más lejos: invitó a los colombianos a acompañarlo en una campaña para recoger firmas de respaldo a una ley de iniciativa popular que convoque un referendo con el fin de incluir en la Constitución normas que permitan de modo claro prohibir el consumo de drogas (ver entrevista en esta edición).
No fue necesario esperar mucho para que la Corte ripostara. Incluso los cuatro masgistrados se salvaron su voto en contra del fallo se solidarizaron con su presidente, Jorge Arango Mejía, y lo secundaron en el contraataque que, entre otras cosas, sugirió que "la autoridad competente" (la comisión de acusaciones de la Cámara) juzgue al Presidente, pues sus declaraciones pueden haber violado la Constitución.
Pero aparte de hacer mucho ruido, el cruce de espadas entre Gaviria y la Corte no parece tener mayores consecuencias. La discusión sobre si el primer mandatario puede controvertir -después de acatar- un fallo como éste, y promover la convocatoria de un referendo para cambiar la Constitución y quitarle el piso a interpretaciones como la de la debatida sentencia, no es jurídica, pues jurídicamente nada impide que el Presidente promueva una ley de iniciativa popular con miras a convocar un referendo.
El debate tiene más sentido desde el punto de vista político. Algunos comentaristas han comenzado a cuestionar la validez de los reiterados pronunciamientos de Gaviria contra los altos tribunales y han recordado que hace apenas un par de meses se fue lanza en ristre contra el Consejo de Estado por el caso de Juanchaco. El ex constituyente Carlos Lleras de la Fuente, en su columna del viernes 20, fue quien disparó las cargas más pesadas al insinuar que Gaviria estaba desestabilizando el país.
Algo de razón puede caberle a Lleras de la Fuente: a Gaviria le queda feo casar esas peleas y, en términos generales, esas peleas no le convienen al país. Pero lo que hay que reconocer es que el estilo le ha dado resultados al primer mandatario. En 1990, en momentos en que la Corte Suprema se disponía a fallar sobre la convocatoria a la Constituyente, arremetió con una serie de discursos hasta conseguir que la sentencia le favoreciera, gracias a lo cual salió adelante la reforma constitucional. Luego, a principios de 1993 cuando el Consejo de Estado se sintió tentado a tumbar la mayoría de los decretos de modernización del Estado, Gaviria volvió a cargar sus cañones y al final logró salvar la casi totalidad de esas normas. A principios del año, zanjó la discusión sobre el caso Juanchaco con una rueda de prensa en la cual atacó duramente al Consejo de Estado.
Ahora, en el caso de la dosis mínima de drogas, se ha ganado el apoyo no sólo de la opinión, sino de amplios sectores de la clase dirigente. Durante los dos días siguientes a su rueda de prensa, consiguió el respaldo de buena parte de la dirigencia gremial y un editorial solidario de El Espectador, entre otros. Son muchos los colombianos que pueden pensar -con algo de razón- que la efectividad no justifica el estilo. Pero para un pragmático como Gaviria esa discusión no tiene valor alguno.
Otra cosa es que lo del referendo vaya a funcionar. En este punto, la duda no es tanto si es ganable, pues de hecho las encuestas demuestran que la inmensa mayoría de los colombianos está del lado de castigar tanto la producción como el tráfico y el consumo de las llamadas sustancias sicotrópicas. Además, es indiscutible que ese mecanismo de participación popular resolvería por muchos años todas las discusiones políticas y jurídicas que ocasiona el tema de las drogas ilícitas. El problema es más bien si el referendo -en este país abstencionista-alcanzaría la suficiente votación para ser legítimo, en un año de por sí cargado de elecciones. El gobierno parece consciente de ello, y por eso no ha sido claro aún en qué fecha podría ser convocado. Por ello mismo es fácil concluir que lo que ha buscado Gaviria al promover el tema es sobre todo atajar la onda abolicionista en que se han subido algunos analistas, el propio fiscal Gustavo de Greiff y la Corte Constitucional. Y eso, a menos de tres meses de terminar su gobierno, puede resultarle suficiente.-

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.