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| 12/3/2011 12:00:00 AM

La pesadilla colombiana de Sarkozy

Nuevas revelaciones continúan poniendo al pueblito de Nilo, en Cundinamarca, en el centro de un escándalo que sacude al alto poder en Francia. Denuncias de lavado de activos, maletas repletas de dólares, tráfico de armas, nexos con Gadafi y Sarkozy y exesposas ofendidas hacen parte de esta telenovela que apenas comienza.

¿Puede un pueblito colombiano hacerle perder el poder al todopoderoso presidente de Francia? Aunque parezca inverosímil, la pequeña y tranquila zona de recreo de la élite nacional en Nilo, Cundinamarca, albergue de generales y expresidentes, está en el centro de un escándalo que se ha vuelto una pesadilla para la reelección de Nicolas Sarkozy. Presunto lavado de millones de dólares de negocios internacionales de armamento, corrupción en los más altos niveles del poder en París, tres franceses -entre ellos, un negociante de armas que intentó mediar con Muamar Gadafi para la liberación de Íngrid Betancourt y el exmarido de Astrid, la hermana de Íngrid- y exesposas ofendidas que acusan a sus antiguos consortes hasta de libertinaje con menores de edad hacen parte de un escándalo que sacude a Francia.

A comienzos del año 2000, Jean Philippe Couzi, recién casado con Astrid Betancourt, y Thierry Gaubert, amigo íntimo de Sarkozy y esposo de la princesa Hélène de Yugoslavia, llegaron a la población de Nilo, Cundinamarca, adquirieron, uno primero y el otro más tarde, varias hectáreas de tierra y construyeron sendas mansiones -Palmera y Cactus- de varios cientos de metros cuadrados, avaluadas en más de 600.000 dólares cada una. Con fiestas, cenas y atenciones, encantaron a miembros de la élite colombiana. Y no fueron pocos los personajes internacionales que visitaron a sus amigos franceses en este jet set tropical. Entre estos apareció un amigo íntimo de uno de ellos: Zviad Takieddine, intermediario en la venta de submarinos y corbetas francesas a Pakistán y Arabia Saudita a mediados de los años noventa. Este personaje le prometió al gobierno de Sarkozy, en 2007, lograr la liberación de Íngrid Betancourt "en 45 días", con la ayuda del líder libio Muamar Gadafi (ver recuadro).

Estos tres franceses

-Couzi, Gaubert y Takieddine- están hoy en el centro de una telenovela internacional de lujo, poder, intrigas y corrupción al más alto nivel que sacude a Francia y tiene en entredicho el futuro político del presidente Sarkozy, quien enfrenta una difícil reelección en abril de 2012.

El escenario colombiano de este escándalo es, literalmente, de telenovela. En Palmera, una de las casas, se grabó parte de Las muñecas de la mafia. En Cactus, la otra, la princesa de Yugoslavia hacía cabalgatas, cenas y fiestas a las que asistían los vecinos de la zona, como la entonces pareja presidencial de los Pastrana, el comandante de las Fuerzas Armadas, Jorge Enrique Mora, y el de la Policía, Teodoro Ocampo, y una larga lista de personalidades colombianas y diplomáticos extranjeros. Era una pareja muy atractiva e "invitaban a toda la gente, a la manera feudal de invitar a los 'condes' de la región", dice una de las personas que frecuentaban esas reuniones. Entre quienes vinieron a pasar vacaciones a Nilo con ellos, como lo reveló la semana pasada el medio digital francés de investigación Médiapart, se contaron el hijo del dueño de Dassault, la principal fábrica de armamento de Francia, y el actual presidente de Air France, próximos al presidente Sarkozy. Gaubert hasta consiguió que la entonces ministra de Defensa, Marta Lucía Ramírez, le prestara seguridad, creyéndolo representante del gobierno francés.

De las fiestas y el lujoso ritmo de vida en esas mansiones dieron cuenta a SEMANA (ver edición del pasado 10 de octubre) varios testigos. Couzi, el exesposo de Astrid Betancourt, vivía en Colombia; la princesa y su esposo venían de vacaciones, cargados de maletas y transportados por vehículos de la embajada francesa en Bogotá. Las casas tenían guardia permanente, servidumbre, caballerizas. Cactus cuenta con una inmensa piscina y un lago artificial. La princesa tenía un ropero digno de la Belle Époque. Las cenas se hacían con rigurosa etiqueta, con vajilla y vinos traídos de Francia. Los invitados recibían programas de actividades impresos. El Ejército y la Policía cuidaban la casa en ocasiones especiales y sus dueños eran invitados de honor en las guarniciones militares cercanas (en los alrededores están las bases de Tolemaida y Espro). Documentos en poder de la justicia francesa muestran que el mantenimiento de la mansión de Gaubert costaba 60.000 dólares al año (120 millones de pesos). "Colombia es muy barata", dijo a los investigadores, aduciendo que pagaba a sus empleados apenas 150 dólares mensuales, más del salario mínimo de entonces. Les encantaba servir platos típicos.

En suma, Couzi, y sobre todo la principesca pareja Gaubert, con sus contactos, sus maneras y su mundo, eran vistos como personas refinadas e importantes inversionistas, con los cuales todos se relacionaban complacidos. Sin embargo, esta era apenas la superficie de un presunto tinglado de corrupción -y de libertinaje con menores de edad, según versiones de las exesposas- que se remonta a mediados de los años noventa y que ahora investigan la prensa y la justicia de Francia y de Colombia.

En 1994, la derecha francesa estaba dividida para las elecciones presidenciales del año siguiente entre dos candidatos: el primer ministro, Édouard Balladur, y Jacques Chirac. En el círculo del primero se encontraban Nicolas Sarkozy, entonces ministro de Presupuesto, y su fiel amigo y jefe de gabinete para Comunicaciones, Thierry Gaubert. En ese año, el gobierno de Balladur vendió a Pakistán tres submarinos y varias corbetas a Arabia Saudita, por más de 3.700 millones de euros. Como intermediario en esos negocios escogieron al franco-libanés Zviad Takieddine, amigo de Gaubert. Al amparo del secreto de seguridad nacional, se habrían pagado a Takieddine, según investigaciones de Médiapart, 140 millones de euros. En 1995 ganó las elecciones Jacques Chirac y, de no ser por un imprevisto que tuvo lugar años después, el escándalo de hoy nunca habría salido a la luz.

En 2002, murieron en un atentado en Karachi 18 franceses que habían ido a Pakistán a asesorar en el mantenimiento de los submarinos. Ante la indignación que generó esa masacre, la justicia francesa abrió una investigación. Desde entonces, la evidencia ha empezado a comprometer a varios personajes del círculo íntimo de Sarkozy, entre ellos, los personajes de la vida social de Nilo, Gaubert y su amigo Takieddine, a quienes se abrió un proceso judicial en septiembre pasado. Las autoridades sospechan que parte de las millonarias comisiones habrían financiado ilegalmente la campaña presidencial de Balladur -y, también, la mansión de Gaubert y su princesa yugoslava en el trópico colombiano- al abrigo de la mirada del fisco galo. Sarkozy no ha sido directamente comprometido hasta ahora, pero dada su cercanía con los involucrados y su papel en el gobierno Balladur, el escándalo cada día lo toca más de cerca.

Los tres franceses, Couzi, Gaubert y Takieddine, tienen, además de su estrecha amistad, otro elemento común: todos están en procesos de divorcio con sus esposas. Y lo que ellas están diciendo a la justicia ha complicado la situación de sus exmaridos y ha puesto a las dos mansiones de Nilo en el centro del escándalo.

La princesa Hélène declaró que, a mediados de los años noventa, Gaubert, su marido, y Takieddine viajaban a Suiza y volvían con maletas llenas de dinero, que habrían entregado a uno de los miembros claves del equipo de Balladur, amigo de toda la vida de Sarkozy y asesor suyo cuando este se volvió presidente. Nicola Johnson, esposa de Takieddine, informó a las autoridades sobre cuentas y sociedades ocultas de su marido, autos Bentley y de colección, yates y un avión. La Policía descubrió en la oficina de Gaubert la existencia de una sociedad en las Bahamas llamada Cactus, a nombre de la princesa, la cual era propietaria de la mansión en Nilo del mismo nombre. Igualmente apareció un giro de 100.000 dólares de Takieddine a esa sociedad. Desde Cactus se giraban los dineros para que, en Colombia, Jean Philippe Couzi, el exmarido de Astrid Betancourt, construyera la mansión de Nilo de los Gaubert y cubriera los 60.000 dólares de mantenimiento anual.

Un personaje peculiar en toda esta historia es Couzi. Hasta ahora, a diferencia de los otros dos, la justicia francesa no se ha interesado por él, aunque sí lo está la colombiana, que lo llamó a declarar luego de denuncias hechas en su contra, por presunto lavado de activos, por una mujer que está en prisión en conexión con un caso de corrupción en el que hubo un homicidio.

SEMANA habló con él. Couzi administra desde el comienzo la propiedad de su amigo Gaubert en Nilo y acepta que todo el dinero, para la construcción y el mantenimiento, ha llegado de la sociedad Cactus de las Bahamas. Ha montado en la zona varios negocios con Gaubert, entre ellos dos bares que se llaman Nibar y Nichon, ambas expresiones que en francés significan "pezón", y un negocio de pollos, que cerró hace un par de años, entre otros. Posee además una casa en el centro histórico de Santa Marta y ha atraído a otros inversionistas a Nilo.

Aunque el objeto de paraísos fiscales como las Bahamas no es exactamente un secreto, dice que no tenía idea de que su amigo ocultara fondos al fisco francés. "Me sorprendí cuando me enteré de que Thierry Gaubert estaba implicado (en el escándalo en Francia)", dice, asegurando que la plata de las Bahamas entró toda legalmente a Colombia.

El CTI de la Fiscalía se interesó por sus propios fondos. Él sostiene que compró en Nilo cuando nadie invertía y la propiedad y la construcción eran muy baratas y que lo que tiene viene de sus ahorros, su pensión, una herencia y algunos apartamentos en Francia. Afirma que se quedó en Colombia porque su hijo con Astrid Betancourt es de aquí y porque el país es mucho más barato que el suyo: "Si viviera en Francia debía haber seguido trabajando; aquí me pude retirar". Rechaza las acusaciones de lavado de la mujer presa, a la que dice haber visto "cuatro veces" y a quien define como una extorsionista.

En sus declaraciones a la justicia francesa, la princesa Hélène dijo que Astrid le había contado que había "un ambiente de libertinaje moral" en las mansiones de Nilo, asegurando que había sorprendido a los dos amigos, Couzi y Gaubert, "con cuatro prostitutas muy jóvenes que se paseaban desnudas", mientras su hijo de 9 años estaba allí. "Mire, estoy separado, me gustan mucho las mujeres, pero no las menores de edad", alega Couzi, quien explica que varias amigas y un muchacho de Barranquilla habían venido a pasar dos días en Nilo y que Astrid se molestó por "su aversión a la gente de la costa", y que es comprensible que arme este tipo de historia por el complejo proceso en el que están: "Prostitutas desnudas al lado de la piscina: buen argumento para un divorcio", señaló. SEMANA contactó a Astrid, sin respuesta.

Más allá de los argumentos de estos divorcios tormentosos, el caso es que la telenovela internacional que sacude a Francia en estos días y tiene como epicentro de nuevo al pueblito cundinamarqués de Nilo, dista de terminar.
 
¿Un Gadafi para Íngrid?
 
En “45 días” prometió liberar a Íngrid Betancourt el comerciante de armas, con la mediación del dictador libio ante Chávez y las Farc.
 
La investigación de Médiapart descubrió unos documentos inesperados: dos cartas, del 17 y el 23 de abril de 2008, dirigidas por el comerciante de armas Zviad Takieddine al secretario general de la Presidencia francesa, en las que anuncia tener el acuerdo del líder libio, Muamar Gadafi, para “intervenir directamente con el presidente Chávez y las Farc” para lograr “la liberación de Íngrid Betancourt en los plazos más breves posibles”.
 
Takieddine se dice en capacidad de lograrlo gracias a sus conexiones con Gadafi y con su hijo Saif al Islam. Propone un contacto telefónico directo entre el presidente Sarkozy y el líder libio. “El plazo, según mis interlocutores: la liberación ocurrirá en un máximo de 45 días”, sostiene.
 
En cuanto el documento (ver facsímil) se hizo público, voceros oficiales negaron conocer que semejante posibilidad se hubiese considerado, y no se sabe de ninguna respuesta oficial a esas dos cartas. Pero todo indica que, como mínimo, el comerciante de armas habría aprovechado sus contactos al más alto nivel, en Francia y en Libia, para sugerir una insólita fórmula de poner fin al cautiverio de la franco-colombiana.

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