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| 1/4/1999 12:00:00 AM

LA PIEDRA EN EL ZAPATO

SEMANA explica porqué está lejos de resolverse el tema del Batallón Cazadores, que tiene empantanado el proceso de paz con las Farc.

Desde finales de octubre pasado, cuando las tropas de combate y el armamento de guerra fueron retirados del Batallón Cazadores, esta guarnición del Ejército empezó a tener un parecido inevitable con la recordada serie estadounidense M.A.S.H. Pero con la diferencia de que en este lugar, situado a escasos kilómetros de San Vicente del Caguán, no hay disparos ni llegan heridos o muertos. La base se ha convertido, al igual que sucedía en el programa de televisión, en un sitio que cada día se parece menos a la rígida guarnición militar que era antes del despeje ordenado por el gobierno.
De hecho, a partir del 7 de noviembre pasado, cuando el batallón fue designado como sede oficial del gobierno para los diálogos de paz con las Farc, todo es diferente. El horario en las oficinas es de siete de la mañana a una de la tarde, se almuerza hasta las dos y prácticamente hacia las tres el batallón es un desierto, pues la mayoría de las personas que lo habitan hacen, religiosamente, su siesta. De cuatro a seis de la tarde todos se dedican a actividades deportivas. A esa hora no es extraño encontrar al comandante del batallón jugando de centro delantero en un animado partido de fútbol junto a un grupo de soldados y civiles.
"Esto es lo más parecido a un 'resort'. Tiene piscina, bar, cuarto con aire acondicionado, sala de juegos, televisión, de todo lo que uno encontraría en un buen centro vacacional", afirmó un miembro de uno de los organismos del gobierno que desde hace un mes se instaló en San Vicente a la espera de que las negociaciones empezaran en serio. Y no se equivoca. En verdad, una parte de los alojamientos fue destinada para recibir a funcionarios de entidades como la Red de Solidaridad, el Sena, ministerios e institutos descentralizados. Por esa razón el casino de oficiales fue adaptado como una especie de recepción en donde los huéspedes se registran y se comprometen a pagar los 3.000 pesos que vale la noche y 7.000 más la comida.
Mantener y administrar esta infraestructura es a lo que se dedica el personal desde que desapareció el ambiente de guerra que se respiraba allí. En la formación que los soldados deben hacer en las primeras horas de la mañana se distribuyen las labores del día de acuerdo con sus especialidades. Es así como hay grupos de soldados 'aguateros', encargados de hacer el tratamiento del agua, 'vaqueros' y 'marraneros', encargados de cuidar las 72 cabezas de ganado y 15 cerdos. " Yo llegué hace cuatro meses y siempre he hecho lo mismo, cocinar. Al comienzo no sabía nada, pero aquí me han enseñado y ya aprendí... lo único que ha cambiado en este mes del despeje es que ahora cocino para menos gente, pero todo ha seguido igual", afirma Faver Chala, quien a sus 21 años es uno de los soldados de mayor edad del batallón.

El motivo de la discordia
El Batallón Cazadores, donde habitan siete oficiales, 23 suboficiales, 90 soldados y 26 civiles (14 de los cuales son niños), se convirtió en la piedra en el zapato del proceso de paz. De un proceso de paz que no ha arrancado. El forcejeo entre la guerrilla y el gobierno por la presencia de ese puñado de soldados desarmados en la zona del despeje no se sabe en dónde va a terminar. El gobierno tiene claro que si en algo no va a ceder es en su determinación de mantener el personal dentro de las instalaciones militares.
Fuentes gubernamentales le dijeron a SEMANA que los soldados no van a ser retirados porque se trata de bachilleres, no combatientes, encargados simplemente de labores administrativas y de mantenimiento. Para las Farc, el asunto de los soldados se ha convertido prácticamente en una amenaza que les impide el inicio de los contactos con los negociadores del presidente Andrés Pastrana. Para el gobierno, por el contrario, la presencia de los militares es un asunto menor, pues resulta más importante crear mecanismos que permitan establecer un área de distensión real.
Y es que respecto a este tema las Farc y el Ejecutivo parecen estar hablando lenguajes distintos. De un lado, para el gobierno el período de distensión de 90 días se inició el pasado 7 de noviembre, cuando estuvieron desalojados los cascos urbanos de los municipios de Macarena, Uribe, Vistahermosa, San Vicente del Caguán y Mesetas. Sin embargo 'Tirofijo' y sus hombres sostienen que la zona sólo será aprobada por ellos cuando se haya producido una verificación. Y la aprobación de las Farc se ha dado solamente en cuatro municipios, menos en San Vicente del Caguán por la presencia de los militares. Incluso se sabe que el alto comisionado para la paz, Víctor G. Ricardo, le ha enviado cartas privadas a 'Tirofijo' en las que afirma que es preciso hacer claridad sobre el proceso, pero éstas no se han dado a conocer porque son temas que, para el gobierno, tienen valor si se manejan de manera reservada.
Otro aspecto en el que existe una clara diferencia de conceptos entre el Ejecutivo y la guerrilla está dado en que el primero asegura que a la zona de distensión no pueden ingresar hombres armados como está ocurriendo, ni mucho menos negociar secuestros como ya ha ocurrido . "Para ellos _las Farc_ la intención era entrar a la zona cuando el Ejército saliera. Para nosotros distensión significa la entrada de los negociadores a una zona desalojada por Ejército y guerrilla", afirmó a SEMANA una fuente gubernamental. Con todo, la férrea negativa de Pastrana para desalojar el Cazadores obedece, según los analistas, a la presión militar que ha tomado esa guarnición como una especie de símbolo. Las Farc no diferencian entre distensión y despeje.
Desde el mismo momento en que era candidato presidencial Andrés Pastrana anunció el despeje de cinco municipios, el Ejército confirmó su respaldo a un acercamiento con la insurgencia pero dejó en claro que el Cazadores no era motivo de negociación. Para los militares no fue difícil desocupar sus bases en Vistahermosa, Mesetas, Macarena y Uribe, pues al fin y al cabo se trataba de instalaciones menores. Pero un batallón toca la dignidad militar.
Es muy difícil para los militares aceptar el hecho de que un guerrillero raso o un comandante de frente se siente en el puesto de un coronel comandante de batallón. Sobre todo si se tiene en cuenta que en este caso se trata de una guarnición de 417 hectáreas dotada con unas instalaciones muy completas que cuentan con un centro médico, cerca de 20 casas con tres cuartos, centros de comunicación (incluida una oficina de Telecom), oficinas, tres casinos, dos piscinas, múltiples campos deportivos, alojamientos para cerca de mil hombres y bombas y centro de tratamiento de agua, entre otros.

El último bastión
Con el tiempo esa invariable posición de los militares le ha servido al propio Presidente y a su comisionado de paz para asumir una actitud de fuerza que los analistas creían que ellos no tenían. De hecho desde diversos flancos gobiernistas y no gobiernistas se fustigó duramente la actitud presidencial de entregarlo todo a la guerrilla a cambio de nada. El Cazadores es el último bastión para demostrar que ello no es así.
De otro lado, 'Tirofijo' y sus hombres no parecen resignados a sentarse a hablar con el gobierno de Pastrana mientras continúe la presencia de esos soldados allí. Aun cuando se trata de bachilleres desarmados las Farc ven en esos muchachos a un coco. Incluso el secretariado llegó a decir hace unos días que desde el Cazadores se estaban construyendo túneles para atentar contra 'Tirofijo'. Esta versión es poco creíble ya que desde esa guarnición hasta La Sombra, donde están instalados los negociadores de las Farc, hay más de 30 km de distancia. Un túnel en esa zona implicaría, aparte de una gran cantidad de equipo, hacer una enorme construcción debajo del río Caguán. "Esa versión se originó en parte porque antes de iniciar el despeje durante varios días se estuvo trabajando en las trincheras que rodean el batallón y la gente que pasa por la carretera podía observar que en las trincheras había movimiento.", dijo a SEMANA uno de los oficiales del Cazadores.
Atacar más de 100 militares armados en un batallón resulta muy tentador para los guerrilleros. Pero atacar más de 100 soldados bachilleres desarmados es exponerse al desprestigio mundial. Por esa razón ese centenar de muchachos, de los cuales el mayor no pasa los 21 años, se ha convertido en un enconado enemigo para el 'Mono Jojoy' y sus hombres.
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