Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2010/08/14 00:00

La piedra en el zapato

Contrario a lo que se creía, la llegada del nuevo gobierno no desbloqueó la elección de Fiscal General por parte de la Corte Suprema. La división es más grave de lo que se creía.

El ministro Germán Vargas Lleras tendrá que sacar a relucir sus mejores dotes de componedor para limar las asperezas entre los dos bloques en que está dividida la Corte Suprema: el que lidera Jaime Arrubla, izquierda, y el que lidera Francisco Ricaurte, derecha.

La cumbre entre Juan Manuel Santos y las cuatro altas Cortes transcurría dentro del protocolo esperado. Era un gesto de alto contenido simbólico que el Presidente, en su primer acto de gobierno, el lunes a las 8 de la mañana, se reuniera con los 72 magistrados en pleno. El mensaje era de borrón y cuenta nueva luego de tres años de una pésima relación entre la Casa de Nariño y la Corte Suprema.

Los magistrados estaban felices por este nuevo aire de reconciliación. Sin embargo, un episodio rompió el encanto. Cuando Santos dijo que si alguien quería decir algo, solo uno de los magistrados habló (William Namen, de la Corte Suprema de Justicia) y con sus palabras dejó claro que, contrario a lo que se esperaba, la Corte sigue dividida y la elección de Fiscal General seguirá enredada.

Hasta hace unos días se sabía que la Corte Suprema no lograba escoger al Fiscal General porque había un grupo de seis magistrados, los más radicales frente al gobierno del presidente Álvaro Uribe, que no estaban dispuestos a escoger de una terna enviada por él y por eso siempre votaban en blanco. Con ese veto ninguno de los tres candidatos podía lograr el mínimo de 16 votos para ser elegido. Con la llegada del presidente Santos, era vox pópuli, la terna se podría cambiar y todo se solucionaría.

Pero la realidad resultó ser más compleja. "De esta terna es de la que vamos a elegir al Fiscal", les dijo el magistrado Namen, el lunes de la semana pasada, al presidente Santos y al ministro del Interior y de Justicia, Germán Vargas. Para todos los presentes fue claro que Namen no hablaba en nombre propio sino como vocero de un grueso sector de la Corte, que no quiere que se cambie la terna.

Y es que la división en el alto Tribunal es más profunda, y al parecer más difícil de remediar de lo que el país se ha enterado. Una votación de hace dos semanas para elegir al presidente de la corporación mostró el tamaño del quiebre: quedaron empatados con 11 votos Pedro Munar y Jaime Arrubla, el actual presidente encargado. Para efectos de la elección del Fiscal, esa división se repite: hay un grupo que quiere elegir de la terna que dejó Uribe (liderado por el ex presidente de la Corte Francisco Ricaurte) y otro que estaría a favor de que Santos nombre una nueva terna o algún miembro de ella (liderado por Arrubla y el ex presidente de la entidad, Augusto Ibáñez).

El jueves pasado quedó ratificado que el problema está más caliente que nunca. La Corte votó de nuevo y se repitió la misma historia de los últimos 370 días: ningún candidato salió elegido. Los debates ya se pasaron de castaño oscuro: "Aquí hay un complot de seis magistrados para reventar la terna", acusó uno de los magistrados, haciendo referencia a supuestos montajes contra Margarita Cabello, la candidata que ha sacado el mayor número de votos. La desconfianza entre los miembros de la Corte Suprema cunde.

¿Qué puede pasar? ¿Seguirá la Fiscalía en interinidad? ¿Por cuánto tiempo? ¿Podrá el nuevo ministro Germán Vargas Lleras resolver este entuerto y salir ileso?

Lo primero sería cambiar la terna. Pero no es tan fácil. Hay un debate entre quienes alegan que se trata de un acto administrativo y no se puede revocar y los que dicen que una carta, que es la manera como el Presidente propone la terna a la Corte, no tiene esos alcances. Al final de cuentas no importa quién tiene la razón, porque por ahora el gobierno no está interesado en imponer una terna a la fuerza.

La segunda alternativa es que renuncien los candidatos. Pero esa hipótesis tampoco se ve muy clara. Dos de ellos han dicho que no lo harán: Marco Antonio Velilla, en declaraciones a la radio, y Margarita Cabello lo sostiene en privado. El tercer candidato, el ex presidente de la Corte Jorge Aníbal Gómez, tampoco se ha mostrado muy dispuesto a renunciar, pero hay quienes consideran que, si las circunstancias se lo exigen, dejaría su candidatura.

Otra alternativa, según dicen algunos de los magistrados, es que el presidente Santos deje claro que esta es la terna de la cual se va a elegir y de esa manera se quedaría sin argumento el bloque que ha puesto el veto.

Si no se da ninguna de las alternativas anteriores, el gobierno y la misma Corte tendrán que jugar sobre un nuevo tablero de ajedrez en menos de dos meses. El 30 de septiembre se les termina el periodo a cuatro de los 23 magistrados y eso puede producir un cambio en el equilibrio de fuerzas, pues los cuatro son parte del bloque interesado en que haya una nueva terna.

El tema, por ahora, a pesar de su trascendencia, parece apenas una piedra en el zapato para el gobierno de Santos. Pero es de cuidado. Requiere una dosis de alta cirugía para sanar las heridas abiertas y no repetir en este gobierno, así sea en menor medida, la historia del anterior.

La gran tranquilidad es que mientras en la Corte Suprema siguen sin ponerse de acuerdo, el fiscal Guillermo Mendoza Diago, para muchos, a pesar de las dificultades que atraviesa la justicia, ha venido armando un buen equipo de trabajo, le ha puesto el pecho a una delicada reestructuración en la Fiscalía y no le ha temblado la mano para acusar en casos difíciles.

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