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| 10/22/2011 12:00:00 AM

“La política electoral es un mal necesario”: Lorenzo Muelas

El indígena guambiano, reconocido en su comunidad como Taita, ha sido gobernador de su comunidad, senador y miembro de la Asamblea Constituyente. Le contó a Semana.com cómo ve, a la distancia, la política y las reformas a la Carta Política.

En el municipio de Silvia en Cauca, en medio de las montañas de la Cordillera Central, vive el Taita Lorenzo Muelas. Lleva varios años viviendo pausadamente en su finca, en la cual cultiva algunas legumbres y cuida de sus vacas.
 
Sale cada vez que lo invitan a un evento, no quiere dedicarse a nada más que a aportar con sus conocimientos, considera que la política electoral es un “mal necesario”, cuestiona las reformas de la constitución, atina con sus afirmaciones en dilucidar el pensamiento de los indígenas guambianos –son unos 27 mil en Colombia-, habla con convicción de su forma como trabaja, le asquea la politiquería y quiere escribir otro libro.
 
Su lucha es porque las comunidades indígenas reexistan.
 
Semana.com: Usted fue constitucionalista, senador de la República, gobernador de su comunidad y uno de los líderes del movimiento indígena. ¿Ahora a qué está dedicado?
 
Lorenzo Muelas: Todo es política. Yo sentí que tenía un deber moral, político hasta donde las posibilidades me lo permitan y es estar con la gente, acompañar a la gente. Antes de la constituyente, constituyente, pos constituyente, antes porque no teníamos derechos, los derechos existían pero no éramos reconocidos, bregamos por llegar a la constituyente, fue un proceso muy largo, dispendioso, doloroso pero logramos llegarla aunque hubo resistencia por estar dentro de ella, así que tuvimos que pelear.
 
Una vez eso, finalmente nuestros cabildeos, tuvimos tanta verdad, un reconocimiento tan profundo al querer la tierra, entonces se consolidó un proceso en el que hubo un resultado con los constituyentes, en el cual se lograron unas definiciones muy importantes y al tiempo reconocernos como comunidades, quienes las leen e interpretan así lo saben.
 
De ahí, sentí que no era suficiente sacar la norma en la constituyente, había que desarrollarla, por eso intenté llegar de nuevo al Congreso, justamente pensando desarrollar lo que la constitución no reconoció. Y logramos algunas cosas. Hubo muchas diferencias, no era lo mismo entre esos dos escenarios. En el senado era con gente distinta y me sentí muy aislado, más solo, menos posibilidades de avanzar, pero se logró. Tengo que reconocer que tanto como en el senado como en la constituyente hubo gentes buenas, gentes dependiendo el cabildeo y las posibilidades, ayudaban, aunque más de lastima.
 
Semana.com: ¿Entonces hubo más reconocimiento en la Constituyente?
 
LM: Claro que sí. Posteriormente pensé, tenemos un reconocimiento en la Constitución, un espacio en el Congreso, de modo que se hacía necesario implementar en las comunidades. Era la parte más difícil. Ya sentí que las normas eran suficientes, para qué quejarse que es estructural, tenemos normas. Pero hubo mucha ingenuidad, mucho desconocimiento de mi gente, no solo de aquí (los del Cauca), sino en toda Colombia. Aunque uno de allá, del centro, uno dice, donde quiera que estén los indígenas, sea en la periferia del país, así fuera en la última parte de la cola de Colombia, allá los indígenas están haciendo patria.
 
Hay que hacer patria con dignidad. Pero ese es un decir porque allá ni llegan los medios, ni llega nada. Es muy difícil. Allá yo tampoco he podido llegar a todas las comunidades indígenas, he hecho los esfuerzos, pero Colombia es muy grande, muy extensa, muy difícil de llegar a todas partes. Pero dije, hasta donde las posibilidades que uno pueda tener acceso, empezamos a ver cómo y qué hacemos y trabajamos. Y hoy 20 años después, estoy entendiendo que muchas comunidades, que la gente no sabe ni qué pasó en 1991. No saben qué pasó. La ignorancia fue muy grande.
 
Entonces me he dedicado a estar con la gente, así como usted puede ver. Pero no sólo estar con la gente. La filosofía y el pensamiento guambiano es enrollar y desenrollar y desenrollar hasta… Yo puedo irme hasta el otro lado del planeta tierra, pero la filosofía nuestra me obliga a retornar, a enrollar otra vez.
 
Además también me la paso trabajando en la tierra, nosotros tenemos la consigna que hay que trabajar en la tierra, sino, no tenemos derecho a un plato de sopa al final de la jornada. Muchos políticos no indígenas me han querido convencer de que cuando uno se mete en la política hay que vivir de ella. Yo no pienso así. Tengo que trabajar en la tierra para tener dignidad, estar con la gente, para poder salir a las calles de Silvia y compartir con ellos con la cabeza en alto, tengo que meterme al barro y trabajar con la gente, y al fin de la jornada poder comerme con tranquilidad el plato de comida que sea producto de mis manos, eso me parece tan digno, tan digno. Eso he hecho.
 
Semana.com: ¿Y de los 20 años de la Constitución qué tiene para decir?
 
LM: Pasaron 20 años, yo no sabía que venían los veinte años de la Constituyente. Y no creí que fueran tan importantes esos 20 años. El 4 de julio me llamaron a preguntarme, me han invitado a dar conferencias y a ver qué pasó, cuál es el resultado, hay una infinidad de inquietudes sobre la constituyente. Me fastidié de la política electoral, me alejé un poco de esa política. Yo distingo dos políticas, la indígena, el derecho indígena y esa política es toda la esencia de la vida, el componente de la madre tierra, hay estamos todos, esa política es inconfundible.
 
Y hay otra política, esa electoral, como la del 30 de octubre, yo he dicho, que esa política es un mal necesario, pero nos toca estar. Alguien que nos dirija tiene que estar clarito en esas cosas, no es revolver con todos, hay que delimitar muy bien lo propio y lo ajeno, y en lo ajeno hay que estar muy cuidadosamente de no dejarse arrastrar, hay que cuidarse. Aunque uno pierda no puede uno rendirse. De la constitución hay mucho por defender.
 
Semana.com: ¿Pero usted quiere volver a ocupar un cargo político?
 
LM: Ya no aspiro. Yo quiero estar apoyando al que deba ser. La política es muy compleja. Es decir, a uno lo ponen a negociar, ¿qué tienes tú y que tengo yo? y yo no tengo nada para repartir, ni quiero tenerlo, eso es muy fastidioso, es molesto. No tengo nada para traerles a las personas acá, ni para darles a los adversarios. Tengo es un conocimiento, eso sí. La vida me enseñó.
 
Semana.com: ¿Qué cree que le faltó a la Constitución del 91, o como quedó era lo que se soñaba y necesitaba el país?
 
LM: Yo creo que el tiempo fue muy corto para ese entonces. Yo añoro que hubiéramos hecho algo por la biodiversidad, pero no se hizo, porque no conocíamos ¿Por qué mis asesores no pensaron haber desarrollado más la Constituyente y no haber dejado la ley definirá? Ese es el error grave. Dejamos unas pautas muy generales y finalmente, la ley decida. Y es la ley la que no ha decidido. Y si nosotros hubiéramos avanzada un poco más en el campo…
 
Semana.com: ¿De empoderar a la gente?
 
LM: Exacto, de haberle dado más poder a la gente. No lo logramos. Mis asesores hicieron mucho esfuerzo, yo también me esforcé. Hasta allá no alcanzamos, eso también lo añoro. También hubo un error de la constituyente muy grave, de los constituyentes que fueron a negociar la destitución del congreso y la futura elección a partir de la nueva constituyente.
 
¿Qué pasó? Ya estaba definido la elección de un nuevo Congreso, 27 de octubre del mismo año, los constituyentes nos amarramos la mano, nos inhabilitamos, pero unos senadores recién destituidos, que eran enemigos de la constituyente tuvieron las manos sueltas, luego el 27 de octubre esos mismos se hicieron volver a reelegir. Quedó la nueva constituyente en manos de los enemigos, por eso estamos en lo que estamos.

Semana.com: ¿Ellos la acabaron?
 
LM: Ellos la acabaron. Hoy los mismos políticos lo dicen, más de 30 cirugías, 30 reformas, no para bien, ese es un error muy grave, casi imperdonable, somos culpables.
 
Semana.com: ¿Qué no se puede dejar reformar de lo que queda de la Constitución del 91?
 
LM: Para nosotros los derechos indígenas. Los derechos existen milenariamente, pero nunca fueron reconocidos, consignados. ¿No sé que tengamos que hacer para defenderlos? Tal vez revolcarnos en las calles, hasta ahora ahí está, han quitado algunas cositas, pero se mantienen. No los podemos dejar reformar. Otras cosas más generales, la tutela, la creación de la Fiscalía General de la Nación, la Defensoría del Pueblo, la separación de poderes, el Banco de la República que era manejado por el gobierno.
 
Todas estas cosas. El procurador Maya fue muy distinto al que tenemos ahora, en esos espacios depende quién esté. La fiscal actual me parece tan valiosa, de decir que las chuzadas son una empresa criminal, eso no lo dice otro fiscal. Entonces en esas instituciones depende es quién las lidere.
 
Semana.com: ¿Qué conflictos como guambianos tienen, además del territorio?
 
LM: El territorio viene a ser todo. Hoy ya no quedan tierras para recuperar por acá, entonces nos toca defender la que tenemos. Hoy denunciamos que no dejamos apoderar de los recursos naturales, la biodiversidad la cuidamos de la minería, las malas lenguas dicen que acá puede haber petróleo. Los planes departamentales de agua los denunciamos por privatizar los recursos. Esto no es un problema indígena, es de la humanidad.
 
Pero nosotros, tenemos esa enorme responsabilidad, que nos pese en los hombros, a cualquier costa y costo, de defender la tierra. No solo nosotros, no solo usted o las nuevas generaciones tienen el derecho de haber vivido bien aquí disfrutando, sino también las generaciones que vienen tienen el mismo derecho. De por sí la tierra la tenemos erosionada a pico y pala a yunta, incendios, con talas ¿qué tal con las minerías a gran escala? Esto nos acaba. Lo que se ha conservado en miles de años lo pueden acabar en 20. Ellos sacan el recurso y se van. Llevan lo mejor y a nosotros de allá nos mandan lo peor.
 
Semana.com: ¿Qué piensa del presidente Juan Manuel Santos?
 
LM: En sus discursos es muy hábil. Yo no fui nunca amigo de Uribe, le tengo alergia, en reuniones él me miraba y me miraba, pero nunca me le acerqué. De Santos igual, es más hábil. Uribe nos daba garrote, este nos pela la muela, sonríe. Uribe le enseñó a Santos a comprar conciencias. Como acá hay gente que veden conciencias, y ellos así hacen su política.
 
Disimuladamente llaman a uno y a otro, y negocian con ellas, y como nosotros estamos por allá arriba en nuestras tierras, estos nos venden. Negocian el movimiento indígena a espalda de nosotros. Y eso hace el presidente Santos, ser muy hábil, tiene mucha gente.

Semana.com: ¿El movimiento indígena de Colombia hoy se encuentra fracturado, o cómo está?

LM: Pues el movimiento indígena acá en el Cauca ha sido fuerte entre los paeces y guambianos, sin duda. Ha habido otras gentes que se han organizado, como en el caso de los amazónicos, el caso de la Orinoquía, los del norte como los Arahuacos, pero ellos mismos han dicho que no saldrían a marchar o a bloquear una vía como nosotros. Ellos tienen una lucha distinta. El movimiento indígena en general reexiste. Lo que ocurre es que desde el gobierno lo quieren fracturar. Y si la globalización y las políticas neoliberales han sido para deteriorarnos a nosotros, entonces nosotros globalizamos la lucha. Esto va para largo.
 
Semana.com: Le escuchaba ahora una consigna que promueven ustedes, y es que resisten y reexisten con la palabra y que antes de desistir, la palabra es su forma de lucha…
 
LM: Pues esa ha sido una consigna nuestra. Nosotros no hemos sido guerreros, hemos sido más políticos. La política es muy compleja para uno entender las maniobras, el manoseo que hacen. Dentro de ese campo hay gente buena, muy poca pero los hay y con ellos nos relacionamos. Hablamos para vivir. Nosotros no podemos enconcharnos, encerrarnos, nosotros no le debemos a nadie cinco. Yo como Lorenzo Muelas no le debo a nadie cinco, no he robado, no le he quedado mal a nadie. Yo nací en esta tierra, he trabajado y no he tenido que estar escondido por allá. Yo camino en cualquier parte con la frente en alto. Hace casi 30 años yo fui gobernador en 1985, y yo dije que si he de morirme que sea aquí y no con vergüenza sino con dignidad.
 
Semana.com: ¿Usted a qué se va a dedicar los restos de años que le quedan de su vida?
 
LM: Pues yo espero que mi memoria me ayude, que mi memoria no me falle. Yo espero que el fin de mi vida ojalá sea fulminante. No quiero ser dependiente de nadie. Cuando uno acaba las fuerzas físicas yo veo a mucha gente así, es muy difícil la vida de sobrevivir. Cuando uno ya no pueda manejar, cuando uno mismo no pueda producir para lo que uno necesita termina la vida. Yo espero seguir acompañando a la gente con fuerza, con memoria, con el decir.
 
Le he dicho a los de mi casa, hijos y hermanas, en una reunión si me duermo no me dejen salir, ese sí es el acabose. Por eso yo me he decretado en la vida cuando tengo y puedo como, tengo que alimentarme, debo acostarme temprano para el otro día levantarme fresco. Para mí es deprimente que un dirigente político se siente y se quede dormido por ahí. Yo no quiero llegar a eso.
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