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| 10/15/2011 12:00:00 AM

¿La quinta es la vencida?

Enrique Peñalosa fue un gran alcalde, pero es un muy mal candidato. ¿Cuál de estas dos facetas pesará más en los electores?

Alos bogotanos les pasa con Enrique Peñalosa algo parecido a lo que les sucede a las mujeres con sus maridos después de unos años de matrimonio. Por más responsables y cumplidos que sean, pocas veces son emocionantes. Ese es el costo que está pagando por haber sido alcalde y estar buscando la reelección: el producto ya no es nuevo para nadie. A casi todos sus rivales les pasa exactamente lo contrario. Tienen todas las ventajas, como los novios sobre los cónyuges. Despiertan ilusión, pasión y esa emoción que viene con lo desconocido.

Y la familiaridad no es la única razón por la cual Peñalosa no es buen candidato. Los bogotanos también encuentran que no inspira un liderazgo refrescante ni hace propuestas novedosas. Ahí la explicación es algo parecida. Como ya fue alcalde, sabe qué se puede hacer y qué no. Y por pudor, se abstiene de hacer promesas fabulosas que no son viables mientras se aguanta callado todas las que hacen sus competidores.

Pero aun con estas limitaciones, Enrique Peñalosa tiene posibilidades de ganar. Asesores cercanos a él dicen que sus derrotas le han enseñado a bajar la cabeza, por lo que ahora -aunque no es el más carismático- es más humilde y ha aprendido a escuchar consejos. No es tan arrogante y tampoco toma decisiones solo. "El cambio es del cielo a la tierra -dice uno de sus alfiles, y agrega-: sigue igual de vehemente en sus ideas, pero es más tolerante y menos cerrado".

Por otro lado, su programa de gobierno es realista y sólido. Está basado en cinco ejes: la seguridad, la educación, la salud, la construcción y la movilidad. En el primer tema, buscará crear una secretaría especializada para atacar los problemas de inseguridad que aquejan a la capital. En educación, trabajará para construir 21 institutos de educación superior con capacidad para 45.000 jóvenes. Buscará implementar un centro único de servicios para lograr una mejor atención en el sistema de salud, y quiere construir siete megacentros comunitarios con canchas de fútbol, piscinas, gimnasios, cine, entre otras, para que los jóvenes estén ocupados durante su tiempo libre. También hará énfasis en la creación de nuevas viviendas, en el desarrollo de alta densidad en el norte de Bogotá y en la renovación urbana. Su obra de gobierno como alcalde, en especial en lo referente a colegios, bibliotecas y vías, es una muestra de que puede cumplir estos compromisos.

En cuanto a la movilidad, Peñalosa asegura que no hay mejor reflejo de una sociedad igualitaria que su sistema de transporte público. Por esto construirá tres troncales nuevas de TransMilenio, liderará la puesta en marcha del Sistema Integrado de Transporte Público, hará más ciclorrutas y mejorará las existentes, y comenzará la construcción de la primera línea del metro. Es bien sabido que él no es un convencido de la bondad de este sistema, pero al mismo tiempo sabe que perdió la elección frente a Samuel Moreno por expresar ese escepticismo. En esta ocasión, no importa si está de acuerdo o no con el metro, porque después del acuerdo entre el gobierno nacional y el gobierno distrital, esta es una realidad irrevocable.

Y por último, además de su nueva humildad y de su plan de gobierno, Peñalosa está apretando tuercas en su campaña. Gracias a un viraje estratégico, esta, que en un momento dado estaba haciendo agua, ahora está saliendo a flote. En vez de quedarse con los brazos cruzados viendo cómo Gustavo Petro le arrebataba el primer lugar en las encuestas, la campaña de Peñalosa se puso las pilas. El exalcalde Lucho Garzón, el representante Alfonso Prada y la senadora Gilma Jiménez -quienes habían estado ausentes en la capital mientras armaban la estrategia verde a nivel nacional- se metieron de lleno en la campaña. Por su lado, el Partido de la U, en cabeza de Juan Lozano y Óscar Iván Zuluaga, también decidió jugársela toda por Bogotá, y por último, J.J. Rendón apareció en el panorama.

Como era de esperarse, la asociación con el nombre de J.J. Rendón generó controversia. Pero los verdes se defienden aclarando que el asesor tiene un contrato con el Partido de la U en todo el territorio nacional. Por eso, al contar con el respaldo de ese partido a través de Álvaro Uribe, la campaña tiene acceso a las recomendaciones del venezolano. Eso sí, aclaran que su relación con este se ha limitado a unas pocas reuniones en las que solo se ha tratado el tema de publicidad y manejo de debates. Agregan que cuando Rendón le ofreció sus servicios y le dijo que le entregara las llaves de la campaña, como lo hizo con Juan Manuel Santos, Peñalosa prefirió declinar amablemente. En otras palabras, Rendón recomienda pero no manda.

No hay duda de que el elemento central de la campaña de Peñalosa es su matrimonio con el expresidente. De este depende en gran medida el triunfo o el fracaso de su elección. No en vano el candidato también tuvo su encrucijada en el alma: aceptar el respaldo de Uribe con el riesgo de perder a Mockus. Esto sucedió, y una parte de la ola verde se le fue. No son pocos los opinantes que consideran que ese error fue mortal, pero eso todavía está por verse. Aunque Uribe no está pasando por su mejor momento, cuando llega a los barrios de estratos bajos todavía es recibido como una estrella de rock. La apuesta de los verdes es que Uribe puede sumar más de lo que resta, sobre todo en las clases populares. Por otra parte, al exalcalde también le sorprende que por esa alianza lo traten de convertir en un símbolo del 'todo vale'. No logra entender cómo a los bogotanos, que ya lo vieron gobernar y lo aplaudieron cuando terminó su gestión, se les puede ocurrir ahora que es una persona diferente.

Independientemente del factor Uribe, el hecho es que la campaña de Enrique Peñalosa estaba cayendo y esa situación se ha enderezado. Las últimas encuestas muestran un leve repunte, lo cual puede rebatir la afirmación de que había llegado a su techo. Lo que están haciendo parece estar funcionando. Pero teniendo en cuenta el empate técnico en que se encuentra esta elección, todavía hay una prueba de fuego que probablemente la definirá: los cuatro debates televisados de la última semana antes de los comicios.
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