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| 5/3/2008 12:00:00 AM

La rabia en el corazón

Catalina Gómez, enviada especial de SEMANA, exploró en París hasta el fondo la forma como la sociedad francesa está involucrada en el caso de Íngrid Betancourt.

Son las 2 de la tarde. En los muros de la plaza del Hotel de Ville, la alcaldía de París, no hay un espacio libre. Decenas de parisienses y turistas aprovechan el sol para almorzar al aire libre. Al lado de la puerta principal de este edificio se encuentra la pancarta con la última foto que se conoce de Íngrid Betancourt. Es la imagen en la que aparece como una "santa", según opinan varios analistas franceses. En la parte superior un contador electrónico muestra que lleva secuestrada 2.250 días. Y en la inferior aparece ese letrero tan polémico: "ciudadana de honor de la ciudad de Paris, detenida en Colombia". Una muestra más de los malentendidos que existen en Francia acerca de Íngrid.

Un grupo de turistas alemanes toma una foto con la pancarta de fondo. El guía les explica quién es la mujer de la foto. "No había habido hablar de ella hasta hace un par de meses que vi un documental de la televisión", dice uno de ellos. En Francia todos parecen coincidir en que desde cuando Nicolas Sarkozy fue elegido presidente en mayo de 2007, pero sobre todo desde cuando apareció el último video de supervivencia, el caso de Íngrid tomó un protagonismo que antes no existía. No sólo en Francia, sino en el nivel mundial.

El secuestro de Íngrid tomó cierta relevancia mediática en sus primeros días debido a que el gobierno del presidente Jacques Chirac puso el tema en la agenda a través del ministro de Relaciones Exteriores de ese entonces, Dominique de Villepin, quien había sido profesor de Íngrid en la Universidad. Muchos aseguran, incluso, que si no hubiera habido relación de la familia con el gobierno, este caso no habría sido tan respaldado en Francia.

Íngrid ya era conocida en Francia, entre otras cosas, por el libro Rabia en el corazón. Su apellido, más que su doble nacionalidad, la identificaba como francesa, y muchas personas siempre estuvieron convencidas de que pertenecía a la familia L'Oreal, una de las más ricas de Francia, que también lleva ese apellido.

Después del caso fallido del avión que envió Villepin a la Amazonia brasileña en 2003 para traer a Íngrid a Francia, el gobierno le bajó el perfil al tema. El asunto estuvo precedido por una cadena tal de engaños y mentiras, que terminaron por afectar la popularidad de Villepin y del Ejecutivo.

Algunos miembros de los comités que se crearon en Francia para luchar por la causa de Íngrid dicen que se pasó de la política de la "acción" a la de la "compasión". Llaman a este período los "años de plomo". "Durante tres años, explica Hervé Marró, portavoz del comité a apoyo a Íngrid y demás secuestrados mientras se toma un café en la Plaza de la Ópera de París, estuvimos tratando de movilizar al gobierno francés, pero no había voluntad política, hasta que en mayo de 2006 salimos a decir que estábamos hartos e hicimos firmar a todos los candidatos un manifiesto en el que se comprometían a la luchar por liberación de los secuestrados en Colombia". Marró, como todos los miembros de estos miles de comités que se crearon en Francia, nunca ha conocido a Íngrid, salvo por el libro o por la televisión.

Actualmente la lucha a favor de la liberación de Íngrid ha cambiado. El tema está en primera línea, hasta el punto de que los comités confiesan que nunca habían estado en una situación mejor. "Sarkozy la puso en estatus de estrella… Y luego, la carta y el video que se conocieron después terminaron por santificarla ante los franceses", explica Serge Raffy, redactor jefe de Le Nouvel Observateur, en su perfecto español. Esta capacidad de poner a alguien en estatus de santa, según Raffy, es una de las fuerzas y también debilidades de la sociedad francesa. "Ahora la gente sigue su historia como una actriz de novela".

Asunto de política interna

Desde la última campaña presidencial, la liberación de Íngrid se volvió un tema prioritario para Sarkozy. Muchos dicen que esto se debe a que quería hacer suyo un tema que hasta entonces le había pertenecido a su oponente, Dominique de Villepin. Se ha llegado a decir que el interés de Sarkozy en Íngrid puede ser un caso de revancha política.

Para otras personas, sin embargo, este compromiso de Sarkozy va más allá. Fabrice Delloye, ex esposo de Íngrid que conoce de cerca al Presidente francés, asegura que este compromiso se debe a que el Presidente se sintió seducido por la historia de Íngrid, "una mujer luchadora que nunca se dejó derrumbar", y que la equipara con su historia personal. A este interés se suma que los secuestrados franceses siempre han sido una prioridad para cualquier gobierno galo.

Desde cuando fue elegido, Sarkozy puso el tema de Íngrid como una de sus prioridades y emprendió una campaña internacional para involucrar a otros países en el tema, incluido Venezuela. Lo convirtió en una especie de bandera de gobierno, y mucho más desde que su popularidad ha caído.

"Los actos de Sarkozy respecto a Íngrid son para lectura interna", me explica Jean Jacques Kourliandsky, próximo a publicar Íngrid Betancourt, detrás de las apariencias. Kourliandsky, investigador sobre América Latina del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas de Francia (Iris), asegura que "los medios siguen el tema porque sirve para vender periódicos, y al gobierno le sirve para buscar popularidad". Dice, incluso, que el asunto tiene que va más con la manipulación de los sentimientos de la gente. "Ahora todo el mundo quiere saber y por eso la gente compra muy bien las revistas y los periódicos en los que se habla de ella", explica el dueño del quiosco de prensa de la esquina. Un ejemplo de este fervor fue la multitud que asistió a la marcha blanca del 6 de abril. "Mi abuela francesa me había advertido que no esperara más de 5.000 personas, pero al final fueron entre 25.000 y 30.000", cuenta Lorenzo Delloye Betancourt en los jardines de Luxemburgo, donde también hay colgada una foto de su madre. Desde hace unos meses Lorenzo empezó a tener mayor protagonismo debido a que su hermana Melanie se fue a estudiar a Nueva York. ?

Los comités

La gran ventaja en los últimos meses, según aseguran los comités de apoyo, es que se ha despertado un clamor popular que presionará al máximo al gobierno para buscar su liberación. "No puedo decir cuántos comités hay, son incalculables, aunque nosotros tratamos de unir a todos para trabajar conjuntamente", afirma Marró. Se dice que hay dos grandes grupos de comités por Íngrid, y unos tienen brazos en Bélgica y Canadá. "Lo que muchos no entienden en Colombia es que en Europa, cuando hay una situación como la de Íngrid, la gente no se queda quieta. Lucha, se moviliza porque le parece inconcebible que esas cosas pasen", dice Arnaud Mangiapan en las oficinas de su empresa, cerca de la Madeleine, donde su comité se reúne todas las semanas. Esta noche hay 20 personas. Su misión del día es leer la gran cantidad de cartas que les han llegado de todo el mundo y luego planear las acciones a seguir. "Es imposible imaginar que en Francia hay personas que se levantan todos los días pensando qué van a hacer por Íngrid", dice.

El grupo es liderado por Mangiapan y su pareja, Muriel Derouet, quienes habían leído el libro de Íngrid y cuando supieron del secuestro decidieron crear un comité de apoyo. Al principio eran dos o tres personas, y hoy ya cuentan con 250 miembros a los que movilizan a través de Internet, la gran clave en estas organizaciones. "Ahora queremos que también haya conciencia en Colombia de lo importante que es hacer las marchas", dice Arnaud.

Desconfianza

Pero en todo este asunto hay una barrera mayor de la que los comités y la sociedad francesa son bastante conscientes: las malas relaciones entre ambos gobiernos. Desde el fracaso del avión de 2003, ambos países desconfían mutuamente con respecto al tema. En Francia se piensa que el gobierno colombiano hace hasta lo imposible para entorpecer la liberación de Íngrid y los demás secuestrados, algo inaudito para la lógica de los franceses, que hacen lo que sea para liberar a sus secuestrados.

"En Francia hay una ley tácita por la que no dejamos morir a los secuestrados, es una prioridad sacarlos vivos del cautiverio. No importa si hay que negociar con terroristas", explica la periodista Florence Aubenas, que estuvo secuestrada en Irak durante cinco meses y cuyo caso tuvo mucha más resonancia que el de Íngrid entre los franceses. "Las personas empiezan a sentir al secuestrado como parte de la familia y apoyan cualquier iniciativa para liberarla. Así se sepa que hay muy pocas opciones", explica en su oficina del Nouvelle Observateur, donde trabaja actualmente. Aubenas, toda una estrella en Francia, apoya todas los movimientos para liberar a Íngrid.

Bajo esta lógica muchos franceses se preguntan hoy día por qué el gobierno de Álvaro Uribe permitió atacar el campamento donde estaba Raúl Reyes sí era el único interlocutor con la guerrilla. De hecho, en Francia ha circulado la versión de que Uribe lo hizo para impedir un contacto que se iba a dar en pocos días.

Otra pregunta que se hacen los franceses es por qué el Presidente no despeja Pradera y Florida por 45 días. "¿Cómo va a hablar Uribe de perder soberanía por despejar una zona por un tiempo determinado si todos sabemos que hay una buena parte del territorio sin presencia del Estado?", le preguntaba su peluquero hace unos días a una colombiana que vive en París.

"Antes el tema de Colombia se veía muy lejos y difícil de entender para los franceses, eso hacía que el acercamiento de la gente al conflicto colombiano fuera más emotivo. Hoy, aunque no son expertos en el tema, están más familiarizados con él", explica Sergio Coronado, un chileno radicado en Francia que acaba de publicar un libro titulado Íngrid.

Sin embargo, a diferencia de lo que se cree en Colombia, los franceses no ven la situación colombiana como de buenos o malos. "La imagen de la guerrilla ha cambiado por completo, pero para ellos es muy importante que suelten a Íngrid", explica el sociólogo franco-colombiano Daniel Pecaut, quien también dice que hoy los franceses saben que las Farc son las responsables por Íngrid, pero también saben que la solución pasa por el gobierno de Uribe.

Pero si hay algo positivo, aseguran algunos expertos, es que por lo menos hoy la situación de Colombia se conoce en Francia. "Así liberen a Íngrid, la gente va a seguir preocupada por los secuestrados y la situación de Colombia", dice Marró. ?

Información y desinformación

En estos malentendidos y prejuicios entre ambos gobiernos han jugado papel primordial los medios franceses a los que se les critica que por muchos años cubrieron el caso desde Francia, y no se preocuparon por entender el conflicto colombiano. Esta situación ha ido cambiando poco a poco. Decenas de periodistas han viajado a Colombia para cubrir desde allí el caso de Íngrid y sólo en lo que va del año se han hecho 672 referencias sobre ella en los principales medios escritos. Hace una semana, por ejemplo, la revista L'Express, una de las más importantes de Francia, la llevaba en portada, y los principales periódicos tenían artículos sobre el tema, muchos de ellos escritos por periodistas desde Colombia. Y en la televisión el tema se discute constantemente en los programas de opinión.

"A pesar de que la prensa cada vez viaja más, sólo muy pocos entienden algo. Ellos siguen alimentando el misterio, tienen un dejo amarillento y les interesa porque Íngrid se ha vuelto vendedora", sostiene Sergio Coronado.

Pero los franceses no sólo critican a su prensa en este tema. Dicen que la versión que siempre se ha escuchado en Francia ha sido la de la familia Betancourt y nunca la del gobierno de Colombia. "Colombia tiene el problema de que nunca ha sabido explicar su situación a la prensa francesa", critica un periodista. Lo inexplicable es que Colombia tiene una embajada que dedica la mayor parte de su tiempo al tema Íngrid, pero que al mismo tiempo no juega ningún papel en el asunto. El gobierno colombiano pocas veces, por no decir nunca, tiene en cuenta al embajador Fernando Cepeda con respecto a este tema, y como consecuencia, el gobierno de París no cuenta con él como interlocutor.

Íngrid es Colombia en Francia, eso es seguro. Sin ella pocas personas se habría interesado por el país, y mucho menos por el conflicto. Pero está claro que a estas alturas será muy difícil explicarle al pueblo francés por qué el gobierno colombiano no hace hasta lo imposible por buscar la liberación de los secuestrados. Cada imagen, cada nueva carta que se conozca, creará una herida mayor dentro de una población conmovida e indignada. Por esta razón, el caso Íngrid está en un punto de no regreso. La sociedad seguirá reclamando la libertad y exigiéndole a su gobierno que haga todo lo que esté a su alcance para liberarla. A ella y a los demás secuestrados. Hoy se puede decir que la sociedad francesa está involucrada a fondo en el caso Íngrid Betancourt.
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