Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 8/7/2000 12:00:00 AM

La rebelión de las madres

El secuestro de niños por parte de las Farc abre el primer debate de fondo del proceso de paz: el rechazo de la sociedad hacia delitos de lesa humanidad.

No voy a descansar ni un sólo instante, ni un sólo minuto, hasta que me devuelvan a mi niña. Tengo miedo pero no voy a dejar de luchar”. En tono firme Clara Lucía Mahecha señaló a las Farc del secuestro de su pequeña hija Clara Oliva de 9 años. “Dios me dio el regalo de mi bebé y solamente El tiene el derecho de quitármelo. Le pido al frente 40 de las Farc que no me quiten ese derecho”. Sin vacilaciones Marisol Suárez desenmascaró a los autores del secuestro de su hijo Andrés Felipe, de 3 años de edad.

La valiente actitud de las dos jóvenes madres, Clara tiene 30 años y Marisol apenas 23, es la punta del iceberg de un fenómeno nuevo que marcará el proceso de paz: la participación de la sociedad.

Aunque son un hecho doloroso los casos despertaron a un país que dejó crecer la enfermedad del secuestro hasta convertirse en epidemia nacional. Y menos el plagio de niños. Sólo en 1999, según datos de la Fundación País Libre, fueron secuestrados 206 menores de edad. Y según cifras de la misma fuente, las Farc fueron responsables del 25,6 por ciento de estos casos.

La diferencia es que ahora el país navega en un proceso de paz y la gente ha aprendido a reconocer las causas y los efectos de la guerra. El país, y en este caso en voz de dos de sus jóvenes madres, se ha unido en el reclamo general a las Farc, tal como ocurrió durante la semana pasada. La primera voz de alerta la dio el Gaula de la Policía, que dijo haber establecido el paradero de los infantes. “Las llamadas telefónicas efectuadas al padre y a la madre de la niña proceden de teléfonos ubicados en los lugares de Piñalito, Cañorrayado y Las Delicias, en Vistahermosa”, consignó este organismo de Inteligencia en un informe escrito sobre el paradero de Clara Oliva. Sobre Andrés Felipe el Gaula dijo que “las diferentes llamadas efectuadas por los secuestradores provienen de la población de Mesetas (Meta)”.

El pasado miércoles fue el obispo del Ariari, monseñor Héctor Julio López, quien acusó: “La zona de distensión se convirtió en un campo de concentración para secuestrados”. Su denuncia tuvo un eco inmenso porque fue hecha durante una asamblea ordinaria de la Conferencia Episcopal. Todos los 75 prelados apoyaron su señalamiento y propusieron que una comisión de obispos entre al área del despeje para verificar este hecho.

Al día siguiente fue el fiscal, Alfonso Gómez Méndez, quien confirmó: “Los niños están en la zona del despeje”. El viernes el presidente Andrés Pastrana llamó de urgencia al alto comisionado para la Paz, Camilo Gómez, quien se encontraba en Madrid durante la sesión de la Mesa de Donantes, y le ordenó regresar al país para buscar claridad a este hecho.

Las Farc, entre tanto, rechazaron la acusación a través de su vocero oficial Raúl Reyes: “Nosotros no tenemos niños secuestrados aquí”. En esta ocasión, sin embargo, las Farc no pueden eludir el problema con una frase tan escueta. ¿Por qué? Sencillamente por la dinámica que ha adquirido el proceso de paz, en el que hay dos elementos nuevos que ninguna de las partes puede desconocer.

En primer lugar, la negociación dejó de ser un toma y dame entre colombianos y se salió de las fronteras. Sobre el proceso están puestos los ojos del mundo. Esta evidencia quedó demostrada el día 29 de junio cuando 21 diplomáticos que llegaron al Caguán, invitados por las propias Farc, pusieron los puntos sobre las íes. Uno a uno los embajadores fueron contundentes: ustedes no pueden secuestrar niños, no pueden involucrar menores en el conflicto y tienen que respetar el Derecho Internacional Humanitario. De lo contrario, advirtieron, no tendrían ayuda. Exigencia normal porque para las sociedades avanzadas, los derechos humanos son un asunto prioritario. Así, a las Farc les queda muy difícil a estas alturas de la internacionalización del conflicto colombiano seguir secuestrando personas, y menos aún niños. Ya no pueden nadar contra una corriente universal.

En segundo lugar está el grado de sensibilización de la sociedad colombiana. Un ejemplo: en 1994 fueron secuestrados 124 niños bajo un inaudito manto de indiferencia. Hoy los medios de comunicación hacen eco del problema, la gente en la calle toca el tema. El secuestro dejó de ser un drama de cada familia para convertirse en una pesadilla colectiva.

La exigencia ciudadana de ponerle punto final a esta barbarie ha dejado de manifiesto que ahora sí en el proceso de paz empiezan a meterse los debates de fondo. No será el único. Vendrán otros: el asesinato político, el desplazamiento forzado, el canje de presos, etc. Y como estos podran a prueba la fortaleza de un proceso que cada vez menos depende de los anuncios en la mesa en el Caguan y cada vez mas de las acciones de paz que los actores sean capaces de demostrarle a Colombia y a la comunidad internacional.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.