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| 5/12/2015 12:20:00 AM

La voltereta ideológica de José Obdulio Gaviria

Tras señalar a las comunidades campesinas de militantes del PC3, organización de las FARC, ahora dice que son inocentes “víctimas”.

En muchos sectores de opinión, el senador José Obdulio Gaviria es considerado uno de los generales de mayor temple dentro de las huestes del uribismo: no vacila, por ejemplo, en levantar la voz para decir quién es militante de las FARC, qué anónimo campesino es un activo militante de esta guerrilla o qué político de izquierda, según él, es simplemente un lobo terrorista disfrazado de inocente oveja.

De hecho, en septiembre del 2010 “reveló”, en su entonces columna de El Tiempo, que el hallazgo de unas fosas comunes en La Macarena no tenía víctimas de los “falsos positivos” sino que se trataba de una ficción con la que “los colectivos de abogados adscritos a las FARC imaginaron una ‘leguleyada’” para iniciar una campaña de desprestigio contra el gobierno nacional. Para eso, según su tesis, contaban con la activa participación de militantes del PC3, el partido político clandestino que fundó Alfonso Cano durante las negociaciones de paz en El Caguán.

En ese momento Gaviria exhibía un valor admirable. Incluso decía que podría ser un texto póstumo y por eso lo tituló ‘Alertas tempranas 1” y dejaba en vilo la posibilidad de una segunda entrega porque advertía que por tan valerosas denuncias, la guerrilla lo buscaba para matarlo: “El segundo artículo sobre las ‘alertas’ tratará sobre la ‘operación pistola’ decretada por las FARC contra el uribismo. Espero que no hayan de leerlo como póstumo. Es que los desmovilizados aseguran que encabezo esa lista”.

Ahora, sin embargo, se echó para atrás en todo. Como si hubiera dado una nueva voltereta ideológica en su vida política, acaba de publicar que el cementerio sí existió, que no se trata de una farsa y que “las comunidades campesinas que participaron en esa audiencia del Congreso de la República no son milicianos ni colaboradores de grupos al margen de la ley; por el contrario, son víctimas que se congregaron en ese espacio para poner en conocimiento del Congreso presuntos hechos violatorios de los derechos humanos de los cuales fueron víctimas. Información de la que hay constancia en los archivos del Congreso de la República”.

Pero ¿por qué semejante giro? Él lo explica en la siguiente columna con la que los lectores de El Tiempo se desayunaron este martes 12 de mayo.

Ante el Honorable Magistrado de la Corte Suprema de Justicia doctor Eugenio Fernández Carlier, se adelantó audiencia de conciliación entre el suscrito, como autor del artículo ‘Alertas tempranas’ (I), publicado en el periódico El Tiempo el 1.° de septiembre del 2010, y el querellante, doctor Diego Martínez, secretario general del Comité Permanente de Derechos Humanos.

Oídas las consideraciones y analizados los argumentos del doctor Martínez, me comprometí a escribir y publicar en 'El Tiempo' una rectificación en los términos que siguen:

1. Contra lo afirmado por mí, el funcionamiento del cementerio de La Macarena (Meta) ha sido catalogado por expertos nacionales e internacionales como irregular, tal como fue denunciado por el doctor Diego Martínez y el Comité Permanente de Derechos Humanos, quienes lo definieron como una fosa común, la más grande de Occidente.

2. La visita de eurodiputados y dirigentes norteamericanos al cementerio hizo que la Fiscalía General de la Nación iniciara investigaciones, actualmente en curso, por la comisión de ejecuciones extrajudiciales, denominadas públicamente como Falsos Positivos. Varios de esos cuerpos se encuentran inhumados en cementerios irregulares, como los del municipio de La Macarena. Hubo también una respuesta oficial del Gobierno de Colombia, tal como lo había exigido el querellante en declaración ante los medios. Al contrario de lo afirmado en mi artículo, en el expediente hay constancia de graves anomalías en el funcionamiento de dicho cementerio.

3. Las comunidades campesinas que participaron en esa audiencia del Congreso de la República no son milicianos ni colaboradores de grupos al margen de la ley; por el contrario, son víctimas que se congregaron en ese espacio para poner en conocimiento del Congreso presuntos hechos violatorios de los derechos humanos de los cuales fueron víctimas. Información de la que hay constancia en los archivos del Congreso de la República.

4. El esfuerzo y la mística del doctor Diego Martínez como Secretario del Comité para la Defensa de los Derechos Humanos y del Comité en su conjunto merecen el respeto, solidaridad y apoyo de los colombianos. Su propósito humanista fue descalificado en mi artículo y procedo, por lo tanto, a hacer pública rectificación.

José Obdulio Gaviria Vélez
Senador de la República de Colombia”.


Es decir, se trata de una línea argumentativa diametralmente opuesta a la que él mismo escribió el 1.° de septiembre del 2010 en el mismo diario y que decía:

“Alertas tempranas (I)

Dos desmovilizados me previnieron en mayo que las FARC planeaban hacer detonar un escándalo monumental contra el Gobierno y las Fuerzas Armadas de Colombia. Efectivamente, así ocurrió.
Como cualquier pueblo, La Macarena (Meta) tiene su cementerio. Durante décadas, las FARC mangonearon en su territorio y decretaron, sin contemplaciones, quién viviría y quién moriría.

Mataban a un secuestrado, y ¡a la fosa! Sí, como un animal, sin responsos ni jaculatorias. Así enterraron también a sus propios guerrilleros (fusilados por motivos baladíes o muertos en combate o fallecidos por causas naturales). Cuando terminó la zona de despeje, la fuerza pública recuperó esas tierras, con un sacrificio enorme: decenas de soldados de la Patria perecieron. También, claro, muchos guerrilleros murieron en los combates y sus cadáveres, como es natural, fueron caritativamente depositados por el Ejército en el camposanto de La Macarena, previa diligencia técnica de identificación.

Los colectivos de abogados adscritos a las FARC imaginaron una ‘leguleyada’, fundados en su conocimiento de la credulidad de los activistas internacionales de derechos humanos: denunciar internacionalmente el cementerio de La Macarena como 'fosa común' y convertir cada cadáver de N. N., por arte de birlibirloque, en la víctima de un ‘falso positivo’. Dentro de los estrictos protocolos internacionales, cada enterramiento en ese tipo de cementerios es, técnicamente, una irregularidad. Imaginemos a un jurista de campanillas, venido de Bruselas, inspeccionando los procedimientos ‘chorotos’ del sepulturero de La Macarena, un campesino cuya única ‘fortaleza’ profesional es que ‘no le da miedo ni asco’... El jurista se declarará escandalizado.

Militantes del Partido Comunista Clandestino de Colombia (PC3), convenientemente adiestrados, denunciaron ante la Fiscalía de Derechos Humanos “la existencia de la fosa común más grande de Occidente”. A su vez, periodistas militantes del PC3, bien posicionados en grandes medios de comunicación, machacaron durante días la noticia. La redacción más común fue esta (Telesur): “En entrevista exclusiva, Diego Martínez, del Comité Permanente de Derechos Humanos, señaló que están a la espera de respuesta oficial del Gobierno de su país para aclarar los hechos sobre las denuncias de la existencia de la fosa común de La Macarena. La única reacción ha surgido de la senadora Gloria Inés Ramírez y el representante a la Cámara Iván Cepeda (...)”. La farsa continuó con la llegada de una delegación de la extrema izquierda europea y norteamericana, encabezada por seis eurodiputados. Los tipos “certificaron”, tras audiencia pública en auditorio atiborrado de militantes del PC3, que “encontraron la existencia de una fosa común con dos mil cadáveres no identificados”.

Busquen en Internet “fosas comunes” unidas a Piedad Córdoba, Gustavo Petro, Gloria Ramírez, Iván Cepeda y Carlos Lozano. No saldrán de su asombro con lo que leerán.

Gracias a Dios, el ministro de Defensa, Rivera, y el viceministro, Rafael Guarín, se despabilaron. Al debate en la Cámara, Iván Cepeda llegó confiadísimo para recitar su parlamento del guión ‘fariano’. Rivera ni se inmutó, cuando, cínico, Cepeda mostró una foto de Kosovo como si hubiese sido tomada en La Macarena. Con pruebas irrefutables, el Ministro destruyó una a una las 13 mentiras construidas por las FARC. Hay que ver a Cepeda pidiéndole cacao al Ministro y proponiéndole que, por lo menos, aceptara que hay “cinco falsos positivos” en la que antes alegaba era una fosa de 2.000 desaparecidos.

Con esa gente, la cosa nunca termina. Norma Irene Pérez, cómplice en toda esta componenda narrada, desapareció hace días. Inmediatamente, Cepeda y compañía iniciaron la denuncia de otro “asesinato oficial”. Las autoridades del Meta y la comunidad demostraron ya que la vecina pereció víctima de una mina antipersonal sembrada por las mismas FARC.

El segundo artículo sobre las ‘alertas’ tratará sobre la ‘operación pistola’ decretada por las FARC contra el uribismo. Tres compañeros nuestros han caído en dos semanas. Espero que no hayan de leerlo como póstumo. Es que los desmovilizados aseguran que encabezo esa lista”.

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