Jueves, 30 de junio de 2016

| 1996/10/28 00:00

LA REINA QUE NO CORONO

Después de hacer el tránsito de las pasarelas al mundo del narcotráfico, la modelo Sandra Murcia cayó en París con cinco kilos de coca.

LA REINA QUE NO CORONO

La historia de Sandra Murcia bien podría ser la de la Cenicienta. O la del Patito Feo. En efecto, la vida de esta modelo colombiana de 24 años, que fue capturada la semana pasada en el aeropuerto Charles de Gaulle de París con más de cinco kilos de coca, tiene todos los elementos de estos dos clásicos de la literatura infantil. Es hija de Efraín Murcia, un hombre humilde que después de mucho trabajar fundó la cadena de almacenes Murcia en Bogotá, y de Luz Marina Vargas, oriunda de Timaná (Huila), quien conoció al que habría de ser su primer esposo cuando trabajaba como vendedora en uno de sus almacenes.
Sandra es la menor de tres hermanas que tuvo el matrimonio Murcia Vargas. Estudió primaria y bachillerato en Bogotá, y a finales de los 80 viajó a Estados Unidos a probar suerte como modelo, pero los consejos de varios amigos la convencieron de que su futuro estaba en Europa, más concretamente en París. En la Ciudad Luz trabajó en una empresa de modelaje que se llama Travel Model. En 1990 Sandra regresó a Colombia convertida en una cotizada modelo que descrestaba a quienes la conocían, no sólo por su belleza sino por su don de gentes. Se inscribió en el concurso de la Modelo Latina y ganó con sobrados méritos. De ella dijo uno de los jurados: "Sandra era la niña de belleza más fresca. Su cuerpo es muy moderno, con curvas. Camina con una gracia espectacular y sobre todo tiene una disposición de ánimo especial: siempre está sonriente. Todo eso nos impactó".
Aunque la naturaleza premió a Sandra Murcia con muchos atributos la verdad es que la mano del hombre, y sobre todo un buen bisturí, ayudó mucho a moldear su belleza latina. Su rostro fue sometido a varias cirugías y el retoque de su nariz fue una de las condiciones que pusieron los expertos franceses para asegurarle un éxito en el maravilloso mundo de las pasarelas, los canutillos y las lentejuelas. Con su elección como Modelo Latina su vida dio un giro de 180 grados y empezó a modelar para los más cotizados diseñadores: Christian Dior, Lagerfeld, Lacroix, Gianni Versace, Escada y Sherrer en Europa, Medio Oriente y Estados Unidos. Sus contratos eran del orden de los 250.000 dólares.
El amor también parecía sonreírle. En la cresta de sus éxitos como modelo conoció a Efraín Hernández, dueño de varias industrias, distribuidoras de autos y empresas de aviación, quien al verla por primera vez cayó rendido ante su belleza. Con él se casó el primero de diciembre de 1994 en Quito (Ecuador). A la fiesta asistieron 2.000 invitados. De Colombia viajaron cuatro vuelos charter y un número igual lo hizo de Europa.
La fiesta duró tres días y tuvo un costo de más de un millón de dólares. Entre los invitados estaba la familia Ross, propietaria de la joyería Andy Ross de Bogotá y, según testigos, también habrían asistido Jesús Amado Sarria y su esposa, Elizabeth Montoya de Sarria, la tristemente célebre 'Monita retrechera'. La crema y nata del mundo del espectáculo colombiano también se hizo presente. Cada uno de los invitados recibió como recuerdo un reloj Cartier. El regalo de bodas de la novia fue un juego de diamantes avaluado en un millón de dólares.
Pero el matrimonio sólo duró un poco más que la fiesta de bodas. El primero de febrero de 1995, escasos tres meses después de la unión matrimonial, Efraín Hernández solicitó su separación formal de Sandra Murcia. Las razones del divorcio fueron más de tipo económico que afectivo. "Cuando Efraín regresó al apartamento después de uno de sus viajes lo único que encontró fue un Botero colgado en la pared. Todo lo demás lo había trasteado Sandra", dijo a SEMANA un vecino del matrimonio.
Hace varios años algunas revistas del corazón la relacionaron sentimentalmente con un jeque árabe y con un oficial de la Policía Nacional, a quien habría conocido por intermedio de su amistad con las familias Ross y Sarria.
Los vínculos con la familia Sarria se habían estrechado desde hacía algunos meses. Uno de sus tíos maternos, Jesús Humberto Vargas, fue la persona que murió junto con Elizabeth Montoya de Sarria. Las autoridades se refirieron a él como guardaespaldas de la 'Monita' y allegados a la familia dijeron que su verdadero oficio era el de carnicero. Una hija de éste, Verónica Vargas Vélez, también fue detenida en París junto con Sandra Murcia. Las autoridades las sindican de dirigir una red de narcotraficantes que tenía sus centros de operaciones en París y Madrid.
La suerte de esta mujer, a quienes muchos colombianos llegaron a confundir con una Miss Universo, parece cada día más confusa. Las autoridades europeas son particularmente estrictas en la aplicación de la ley cuando se trata del delito de narcotráfico y mucho más si los implicados son colombianos. En caso de consolidar en contra de Sandra Murcia una acusación formal por dicho delito puede llegar a pasar hasta 10 años en la cárcel. Se habrá truncado así una de las carreras más promisorias en el exclusivo mundo de alta costura, y se confirmaría una vez más que el negocio del narcotráfico es capaz de destrozar la vida incluso de quien todo lo tenía por delante.

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