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| 3/21/1994 12:00:00 AM

LA RESURRECCION DE ERNESTO SAMPER

Muchos decían que su campaña estaba agonizando, pero cuando menos se esperaba, las encuestas lo comenzaron a dar como ganador.

TODO PARECIA IRLE FUNCIONANDO MAL AL Partido Liberal últimamente. Carlos Lemos manifestó hace tres semanas que la colectividad se manejaba en forma "maricona". Hace dos semanas, el tecnolanzamiento de Andrés Pastrana fue presentado como la llegada de una nueva era del marketing político. Hace una semana, Carlos Lleras de la Fuente anunció que estaba tan preocupado por la suerte de su partido, que decidió presentar su nombre para la Presidencia de la República. Dos días después, Alvaro Gómez -el enemigo histórico de la familia Pastrana- selló la unión del Partido Conservador con su adhesión a Andrés.
Esta racha de infortunios para Ernesto Samper llevó a muchos a pensar que, como iban las cosas, el próximo inquilino de la Casa de Nariño iba a tener bigote. Andrés Pastrana, con su bellísima esposa y sus dos preciosos niños, daba el cuadro del candidato perfecto que estaba a punto de meterse dentro del corazón de los colombianos en representación del nuevo país.
En altos círculos sociales y empresariales, el comentario parecía ser siempre el mismo: "Aunque soy liberal, esta vez voy a votar por Andrés" . En el Jockey Club, de Bogotá; en el Club Colombia, de Cali, y en el Unión, de Medellín, las apuestas estaban del lado de Pastrana. Ernesto Samper, quien se recorría todo el país en medio de considerable indiferencia, era percibido como una personalidad desdibujada por sus managers y, además, zigzagueaba ideològicamente entre la nueva derecha de Fernando Botero y la vieja izquierda de Horacio Serpa Uribe. Muchos comenzaban a enterrarlo políticamente.
Lo que habría de producir la resurrección de Ernesto Samper fue una encuesta del Centro Nacional de Consultoría publicada en todos los medios de comunicación a fines de la semana pasada. La encuesta era de Bavaria, que desde hace 16 meses está financiando sondeos periódicos de opinión sobre la campaña presidencial, considerados en el mundo político y periodístico como el mejor barómetro de esta contienda electoral. La totalidad de las encuestas que ha hecho la empresa cervecera siempre le había dado el triunfo a Andrés Pastrana sobre Ernesto Samper. El margen de victoria oscilaba, pero no el orden de los ganadores.
Pero Bavaria no es la única entidad que hace encuestas. Otras firmas, como Opinión Pública y Napoléon Franco, también las hacen y todas tenían algo en común: Ernesto Samper nunca había ganado. Esto era particularmente difícil de explicar para la campaña de Samper, pues cuando estaba de embajador en Madrid, se podía argumentar que no estaba en el país. Cuando estaba recién llegado se podía argumentar que todavía no era candidato. Pero una vez que se lanzó y comenzó a recorrer departamento tras departamento, la ventaja de Pastrana -sin hacer campaña- era difícil de justificar. Y si eso era cuando su contendor no abría la boca, nada auguraba que las cosas mejoraran cuando se produjera el lanzamiento de su campaña, que, además de ser muy bien financiada, está diseñada y orientada por la experta mano de Luis Alberto Moreno, quien había abandonado el Ministerio de Desarrollo para dedicarse a esos menesteres.

¿ENCUESTA MANIPULADA?
Por todo esto, la encuesta de Bavaria y el Centro Nacional de Consultoría de la semana pasada causó una verdadera sorpresa. En un mes, la situación se había invertido en forma dramática y Samper, en lugar de perder, ganaba tanto en la primera como en la segunda vueltas. Los resultados: en primera vuelta, Samper 38 por ciento y Pastrana 33; y en la segunda, Samper 50 y Pastrana 43. La encuesta se había realizado entre el 3 y el 8 de febrero, es decir, en la semana inmediatamente anterior al lanzamiento de Andrés. Pero aunque este elemento no había sido tenido en cuenta, el repunte era sorprendente.
Como la encuesta era de Bavaria, que pertenece al Grupo Santo Domingo, se llegó a insinuar que podía estar manipulada, pues este conglomerado ha tenido algún distanciamiento con Pastrana. Sin embargo, la hipótesis no era convincente. Si el Grupo había financiado 16 meses de encuestas en las que perdía Samper y las había divulgado ampliamente, ¿por qué iba a hacer trampa ahora? Por otro lado, Augusto López -presidente de Bavaria- es un hombre serio, y falsificar información con fines electorales sería un hecho de la mayor gravedad para un grupo económico de esa importancia. Además, la nueva reglamentación sobre encuestas dificultaría cualquier manipulación, ya que esta podría ser fácilmente detectada. Y por último está el hecho de que Carlos Lemoine y el Centro Nacional de Consultoría se están jugando su prestigio en la veracidad de sus pronósticos. Por ello, aunque hubo algún debate sobre la metodología -particularmente por parte de los pastranistas- la validez de la encuesta no fue seriamente puesta en duda.
Lo que más legitimidad le dio a la resurrección de Samper no fue solo la encuesta de Bavaria. Fue la circunstancia de que todas las otras encuestas que se hicieron en ese momento, e inmediatamente posteriores, comenzaron a arrojar el mismo resultado. La firma del consultor Peter Hart, conjuntamente con Napoleón Franco lo dio ganador por un margen igual. Y una encuesta contratada por El Tiempo, publicada el domingo, también coincidía. Esta unanimidad demostraba que, contra todas las expectativas, Ernesto Samper había logrado pasar a Andrés Pastrana en la semana anterior al anuncio oficial de su candidatura. Aunque era muy probable que el lanzamiento exitoso de la campaña del candidato de la Nueva Fuerza Democrática le hubiera dado un empuje importante, esto no necesariamente significa la inminencia de una victoria pastranista. Lo que queda claro es que Andrés Pastrana tendría contendor en el ring hasta el décimo quinto asalto.
Los estrategas de Ernesto Samper siempre calcularon que el mejor momento para Pastrana iba a ser el de la semana siguiente a su lanzamiento. Es decir, ahora. Esto era lógico por el despliegue publicitario que produce una nueva campaña, el carisma del candidato y su familia, y la propensión de los colombianos a entusiasmarse con todo lo nuevo. Superada esta etapa, sin embargo, a Samper le quedaban muchas cartas. En primer lugar, su predecible triunfo en la consulta popular del Partido Liberal le iba a dejar no solo una imagen de ganador, sino una legitimidad como candidato único del liberalismo. Y este partido, a pesar de todas sus fallas, limitaciones y frustraciones, sigue siendo ampliamente mayoritario en Colombia.
Este elemento hace que el candidato único de esa colectividad siempre tenga grandes posibilidades de llegar al poder, aunque no sea un ídolo de las multitudes. Así llegaron Gaviria, Barco y Turbay a la presidencia sin ser considerados -en su momento- grandes conductores de masas. Desde 1930, el Partido Liberal nunca ha perdido una elección cuando ha llegado unido. Perdió dividido ante Ospina Pérez en 1946 y ante Betancur en 1982. Obviamente, con los tiempos las cosas han cambiado y no sólo la filiación partidista ya no es tan fuerte como antes, sino que instituciones nuevas como la doble vuelta electoral crean incógnitas. Pero si Ernesto Samper, como candidato único, pierde las elecciones, sería el primer caso en que esto sucede en este siglo.


EL REPUNTE DE SAMPER
La pregunta, entonces, es: ¿por qué si le iba tan mal hace apenas un mes, le está yendo tan bien ahora? Sobre todo si se tiene en cuenta que está enfrentado a Pastrana, un candidato con estrella y que hasta ahora no ha cometido errores. Este interrogante tiene dos respuestas. La primera, es simple y llanamente la maquinaria. Todas las encuestas que se hacían en que perdía Samper se llevaron a cabo cuando no se habían prendido las campañas para el Congreso en los departamentos. Estas despegaron apenas a comienzos de este año y es tal la fuerza de la locomotora liberal que le está produciendo un efecto de arrastre al candidato.
La última encuesta de Bavaria y el Centro Nacional de Consultoría sobre conformación del Senado demuestra que, de un total de 100 senadores, este tendría cerca de 64 liberales. Todas estas campañas liberales están metiéndole dinero a rodos y empuje inusitado que inevitablemente benefician a Samper, quien, se sabe, será el candidato oficial. Napoleón Franco le atribuye el desconcertante repunte del último mes a esta circunstancia. Pastrana puede tener más opinión en las grandes ciudades y una ventaja considerable a nivel de clase dirigente y juventudes. Pero en las poblaciones intermedias y pequeñas, el bus, el aguardiente y la lechona, siguen produciendo los votos. Y en este frente, el Partido Liberal todavía barre a sus contendores. Por esto, cuando las encuestas se realizan en las cuatro principales ciudades, gana Pastrana; pero cuando el universo va creciendo, aparecen las fuerzas samperistas. Y ahora, cuando las elecciones se están acercando, estas fuerzas se están comenzado a sentir.
La maquinaria no cs la única explicación. También está el hecho de que Samper se ha definido ideológicamente y en este aspecto la elección se está polarizando. La candidatura de Pastrana se convirtió en una candidatura de centro derecha y la de Samper se está convirtiendo en una candidatura de centro izquierda. Los dos niegan estos rótulos tratando de maquillarlos con otras palabras. Pastrana rechaza el mote de neoliberal y se autodescribe como de centro; Samper se autodefine como partidario de un capitalismo democrático y se ubica en lo que él llama un centro social. Pero la verdad es que Pastrana es el candidato más de derecha desde Alvaro Gómez. Claro que con la diferencia de que lo que antes era considerado la caverna ahora es considerado in. Con valor se ha declarado partidario de las políticas del presidente Gaviria, que, econòmicamente, también han sido de derecha, aunque a él tampoco le guste el término de neoliberal.
Ernesto Samper, durante una época, le coqueteó un poco al neoliberalismo, tratando de armonizarlo con las posturas tradicionales del Partido Liberal. Sin embargo, al ver que esta estrategia lo estaba dejando sin el pan y sin el queso, decidió dejarle a Gaviria y a Pastrana este espacio y reconquistar el que el liberalismo había ocupado históricamente. Llegó a extremos como el de dejarse homenajear de figuras como Hernando Agudelo Villa, consideradas obsoletas dentro de las escuelas del pensamiento económico contemporáneo y que aún mantienen el mismo discurso cepalino de hace 25 años.
Todas estas decisiones tienen riesgos para Samper, sobre todo ahora que la derecha está de moda y la izquierda se ha convertido en tabú. Pero más riesgo tenía no diferenciarse de Andrés Pastrana y simplemente chuparle rueda en su visión de continuador del nuevo capitalismo instaurado por Gaviria. Como el propio Samper ha afirmado docenas de veces en privado, quiere ser más Clinton que Bush. La estrategia era tocar esa fibra liberal tradicional que históricamente ha logrado movilizar a las masas.

IZQUIERDA VS. DERECHA
La verdad es que tanto Pastrana como Samper son moderados. Al primero le choca la imagen de capitalista salvaje que le están endilgando, pero son muchos los colombianos que creen que las fuerzas del mercado producen mejores resultados que la intervención estatal. Particularmente a nivel de clase dirigente, donde la mayoría de Pastrana es notoria.
Samper, por su parte, ya no es populista ni izquierdista. Pero sabe que los trabajadores, los estudiantes y los sindicatos colombianos, creen que el neoliberalismo llegó a excesos que se hace necesario rectificar. Estas voces no se oyen mucho en los clubes sociales pero pueden ser mayoritarias. Su discurso ya no menciona la palabra apertura, considerada obligatoria en el bando de Pastrana. La palabra clave es empleo, que aunque suena a lugar común, es hoy por hoy la mayor preocupación de los colombianos. A esta estrategia tradicional le está jugando Ernesto Samper y los resultados se están viendo en las encuestas. Después de dar bandazos de un lado a otro durante años decidió jugarse la carta liberal. Hoy esa carta es mucho más de centro que de izquierda. Pero, en todo caso, es diferente de la derecha neoliberal de Andrés Pastrana.
Pastrana, sin embargo, es un candidato formidable. Cuenta con una gran imagen y aunque es todo menos un intelectual, es coherente ideológicamente. En manejo de medios es infinitamente superior a Samper; por lo tanto, derrotarlo no va a ser fácil. El candidato liberal, no obstante, tiene todavía dos ases en la manga: la jefatura del partido y la vicepresidencia. Cuando sea proclamado candidato oficial, la designación de estos dos cargos le permitirá a Ernesto Samper darle una imagen de renovación al partido. Esta reencauchada puede llegar a convencer a mucho liberal escéptico de que es conveniente ser disciplinado y leal al partido. Y como el liberalismo es hoy por hoy el 50 por ciento del electorado comparado con el 25 del conservatismo, si Ernesto Samper logra movilizar a su partido su triunfo es muy probable.
Para movilizar al liberalismo hay que entusiasmarlo. Y la verdad es que aunque la maquinaria está funcionando a toda marcha, todavía hay signos de desgano. La imagen del partido está un poco pasada de moda y modernizarlo es indispensable. La gestión del ex presidente Julio César Turbay Ayala como jefe único ha sido conciliadora y eficaz. Pero su figura -aunque venerable y respetada- evoca otras épocas. La imagen del propio Samper tampoco es óptima. Si bien apenas pasa de los 40 años y proviene del sector privado, ha sido percibido como un político a la antigua. Contrasta esta imagen con la de Pastrana, que es el producto perfecto para un director de marketing
Pero cuando Ernesto Samper resulte ganador en la consulta popular va a tener la sartén por el mango y podrá llevar a cabo cambios que le pueden dar el vuelco a esta situación. En su condición de candidato triunfante tendrá la posibilidad de convertirse en jefe único del partido -como ha sido la tradición en el pasado- o de delegar esta función en figuras que simbolicen los nuevos tiempos.
La selección de su vice presidente también será un mensaje de los cambios que deberá asumir el Partido Liberal al acercarse ya el siglo XXI. Nombres como Carlos Lleras de la Fuente, Juan Manuel Santos y Pedro Gómez han sido mencionados en diferentes contextos para la última etapa de estas elecciones.
Algunas decisiones estratégicas de esta naturaleza pueden cambiarle radicalmente el perfil al liberalismo y a su candidato en la recta final de esta contienda. En poco tiempo, Ernesto Samper tendrá en sus manos la capacidad de producir este remezón. Si lo logra, está elegido.


LA VERDAD DE LAS ENCUESTRAS
PASAN LOS AÑOS, Y EN Colombia sigue el escepticismo frente a las encuestas. La realidad para los conocedores es muy sencilla. Las encuestas para Senado y Cámara no son muy confiables por el número de candidatos que se presentan a esas corporaciones. Las encuestas sobre aspirantes presidenciales, cuando están correctamente elaboradas, son confiables. Es casi imposible que fallen. Esto obedece a que una cosa es preguntar por tres o cuatro nombres, como sucede en las elecciones presidenciables, y otra por 300 ó 400, como sucede en las parlamentarias.
Las reservas sobre la metodología de la encuesta divulgada la semana pasada en la que gana Ernesto Samper están centradas en un solo punto: la inclusión o no inclusión de los indecisos. Todos los encuestadores de Colombia están de acuerdo sobre dos hechos. El primero: entre las personas que ya están decididas a votar en las próximas elecciones, Ernesto Samper tiene mayoría sobre Andrés Pastrana. El segundo: que entre las personas que no saben si van a votar o no la preferencia es por Pastrana. Por tanto, el resultadó final de una encuesta depende de qué porcentaje se le atribuya a esos indecisos.
En la encuesta de Bavaria y el Centro Nacional de Consultoría hay un 11 por ciento de personas que están clasificadas como independientes. El periódico La Prensa ha criticado este porcentaje como muy bajo, argumentando que los independientes en Colombia se calculan en una cifra de alrededor del 45 por ciento. Sin embargo el propio Napoleón Franco, quien compite con Carlos Lemoine en materia de encuestas, considera que el 11 por ciento de independientes que se incluyó como seguros o probables votantes de la encuesta de Bavaria es una cifra razonable.
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