Domingo, 22 de enero de 2017

| 2008/03/04 00:00

La ruptura

Cómo se llegó y qué significa un rompimiento de las relaciones con Ecuador y Venezuela.

La ruptura

De un día para otro, dos países vecinos de Colombia, Ecuador y Venezuela, rompieron relaciones diplomáticas con el gobierno del presidente Álvaro Uribe, en un hecho inédito en la historia del país y que deja la zona en una tensión política impensable hace un tiempo.

Los hechos que ocurrieron después de la operación militar de las Fuerzas Armadas de Colombia en territorio ecuatoriano que dio muerte al jefe de las Farc Raúl Reyes no han dado respiro a las cancillerías de todos los países del continente, que han visto cómo hora tras hora los ánimos caldeados no muestran un espacio para que actúe la diplomacia.

Después de que el sábado primero de marzo en la mañana, el presidente Álvaro Uribe le agradeció a su homólogo ecuatoriano Rafael Correa por la “comprensión” demostrada tras las primeras versiones de lo sucedido en el campamento de las Farc en Ecuador, éste cambió de parecer y desde entonces una cascada de acontecimientos empezó a empeorar el panorama para las tres naciones involucradas.

La primera alerta de que las cosas con Ecuador no serían fáciles se encendió el sábado por la noche, cuando Correa después de enviar una nota de protesta a Colombia, siguiendo el procedimiento que se utiliza en estos casos, pidió explicaciones al gobierno colombiano por los hechos ocurridos en la frontera y llamó a consultas a su embajador en Bogotá, Francisco Suéscum.

El domingo, el canciller colombiano, Fernando Araújo, respondió el requerimiento de Ecuador y en un comunicado oficial, insistió en la tesis de los combates en la frontera, pero ofreció excusas al gobierno al reconocer que entró en territorio ecuatoriano debido a la necesidad de rescatar el cadáver del líder guerrillero.

No pasaron muchas horas para que Correa saliera al paso y profundizara la crisis. Tildando al gobierno de Colombia de mentiroso, afirmó que se burlaba de Ecuador porque, según las informaciones que ya su gobierno había recogido en el campamento de las Farc donde ocurrió el ataque, los guerrilleros habían sido sorprendidos durmiendo, lo que significaba una intromisión premeditada que consideró inadmisible. Según dijo, llegaría hasta las “últimas consecuencias” y enseguida anunció que ante el engaño, había decidido expulsar del país al embajador colombiano, Carlos Holguín.
Para ese momento, desde Caracas el presidente Chávez tenía encendida la chispa. En su dominical programa de televisión, Aló Presidente, narró la versión de su colega ecuatoriano, y sin mostrar una gota de aplomo diplomático, como es su costumbre, ordenó cerrar la embajada en Bogotá y enviar “10 batallones” a la frontera con Colombia. La noche anterior ya le había advertido a Uribe que “no se le ocurriera” hacer lo mismo en su país.

Pero el domingo aún no terminaba. Sin salir aún del asombro, y ya bien entrada la noche, la sala de conferencias de la Casa de Nariño volvió a encender las luces. Quien aparecía en las cámaras era el director de la Policía Nacional, general Óscar Naranjo, que por órdenes del presidente Uribe, al término de un consejo de seguridad, reveló, sin ningún cálculo diplomático, documentos de los computadores rescatados del campamento guerrillero que comprometían al ministro de seguridad del Ecuador, Gustavo Larrea, con las Farc.

El gobierno de Colombia mostraba así sus dientes pese a ser consciente de que la molestia de Ecuador por la violación de su territorio era previsible.
Amaneció el lunes y existía la tensión por la reacción de Ecuador tras las revelaciones de Naranjo y sus computadores. La abundante información acumulada por ‘Reyes’ prometía destapar otras verdades sobre los tentáculos de las Farc con otros países de América Latina, y Venezuela estaba en la mira.

Así fue. El lunes al medio día, otra vez apareció el general Naranjo para informar de otros documentos que certifican, según él, que las Farc habrían gestionado ante el gobierno de Hugo Chávez una “contribución revolucionaria” de 300 millones de dólares, además de mencionar reuniones en las que el ministro del Interior, Ramón Rodríguez Chacín, habría hecho acuerdos con la guerrilla.

Y, por supuesto, la reacción llegó pronto. Desde la Asamblea Nacional en Caracas, el canciller de Chávez, Nicolás Maduro, anunció la expulsión de los funcionarios de la embajada colombiana, que en la práctica significa la ruptura de las relaciones.
Casi a la misma hora, el presidente Correa rompió formalmente las relaciones con Colombia. “Frente a esta sucesión de hechos e inamistosas imputaciones, y de conformidad con lo establecido en la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas de 1961, el gobierno del Ecuador ha decidido romper relaciones diplomáticas con el gobierno de Colombia, a partir de esta fecha”.

El panorama pues no es nada sencillo para Colombia, que debe pagar el precio del jalón de orejas internacional por su operación militar en territorio extranjero. Un precio que estaba asumido y calculado por el presidente Uribe desde cuando supo que la operación que daría con el líder de las Farc se realizaría en territorio ecuatoriano.
Uribe prefirió una crisis diplomática regional, pero con Raúl Reyes muerto, que continuar con una relación diplomática normalizada con Ecuador, pero con ‘Reyes’ vivito y coleando refugiado en la frontera. El capital político interno que le representa dar de baja al hombre más visible de las Farc y el éxito que confirma que su doctrina de seguridad avanza por el camino correcto son para él el precio de la crisis.

Uribe además se la juega por romper de una vez las relaciones invisibles de las Farc con varios gobiernos y partidos políticos legales de países vecinos que le sirven a esa organización como apoyo político o retaguardia estratégica para mantener vivo y en auge su proyecto guerrillero.
Habría sido más coherente, sin embargo, que ante las evidencias que respaldan las gravísimas acusaciones del gobierno colombiano sobre los vínculos de Ecuador y Venezuela con las Farc, hubiera sido éste el que rompiera las relaciones con ellos, antes de que fueran los presidentes Chávez y Correa los que demostraran la indignación por un presunto ataque de Colombia.

Además de ser una situación política internacional sin precedentes, en la práctica lo que significa que hoy Colombia no tenga relaciones con Venezuela no son asuntos menores. No hay consulados de Ecuador, ni de Venezuela donde se pueda tramitar visas o permisos fronterizos. Se paralizan los documentos de autenticación o legalización que requieren a diario los empresarios que tienen relaciones comerciales con alguno de los países y se conmociona el diario vivir para los ciudadanos de frontera.
Para los países vecinos, Ecuador y Venezuela, que hoy aparecen acorralados por las revelaciones que evidencian las pruebas documentales encontradas en el computador de ‘Reyes’, la situación tampoco es color de rosa. Colombia iniciará procesos en instancias internacionales que se convertirán en un tire y afloje de pruebas documentales que tienen como telón de fondo, nada menos que la Resolución 1373 de la ONU que sanciona a los países que protejan, auspicien o mantengan relaciones con grupos terroristas.

Así queda evidenciado en el comunicado expedido por la Casa de Nariño la noche del martes, en el que le dice al gobierno ecuatoriano que no es verdad que sus reuniones, reconocidas con las Farc, tengan que ver con acciones humanitarias, sino con “tráfico de secuestrados con fines políticos”

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