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| 8/26/2006 12:00:00 AM

La sacerdotisa del fraude

Más de 1.000 personas buscan por toda Colombia a una mística mujer que los engatusó y en tan sólo un año se alzó con una enorme fortuna.

Las andanzas mundanas de Olga Lucía Salazar de Castro, una sacerdotisa de la Iglesia Gnóstica Cristiana Universal de Colombia, tienen al borde de un cisma a esta congregación, y en la ruina a un millar de colombianos incautos. Esta mujer de 55 años, conocida por su amabilidad, los convenció de que le entregaran sus ahorros prometiéndoles una altísima rentabilidad. Eso no sucedió. Hoy enfrenta una denuncia por estafa y captación masiva de dineros, sin que nadie sepa de su paradero.

Los denunciantes aseguran que la fortuna de Salazar cambió a partir de inicios de 2002. Según miembros de la Iglesia Gnóstica, el arzobispo primado de la época y máximo jerarca de esta congregación en el país, José Dolores Torres, contó cómo ella estaba siendo bendecida con un negocio millonario. Salazar tenía una trayectoria de más de 20 años en la congregación de Cali y su dedicación le había hecho merecer que la nombraran Isis (sacerdotisa) que, según las costumbres de este grupo, ayuda en la dirección del culto. De ahí que no despertara desconfianza su inusual oferta: pagar entre el 10 y el 20 por ciento de interés mensual a quien invirtiera en su supuesto negocio de turismo.

Durante los siguientes seis meses, los inversionistas recibieron sus dividendos y la noticia del 'milagroso' negocio se difundió con rapidez entre la mayoría de los 4.000 miembros de su iglesia por todo el país. Según varios de los timados, Salazar recaudó dineros, con sólo letras de cambio, en Bogotá, Cúcuta, Ibagué, Villavicencio, Medellín, Arauca y Tauramena, entre otros municipios donde este culto tiene congregaciones.

Su popularidad traspasó las paredes del templo. "Al cumplir con los intereses, nos ilusionaba y por eso metíamos más gente al negocio, sobre todo a los parientes. Hay familias enteras que perdieron todos sus ahorros e incluso propiedades que empeñaban para darle la plata", dice Nelly Fernández, una fiel gnóstica. Hay casos que involucran altas cuantías como los 300 millones de pesos que Gonzalo León, un comerciante de Mocoa, Putumayo, recolectó entre su familia y quien asegura que se los entregó al final de 2002.

Todo parecía tan seguro, que muchos decidieron que no se les siguiera pagando dividendos, para seguir reinvirtiendo. Sin embargo, quienes pidieron sus utilidades notaron los incumplimientos. Aun así, Salazar logró un aporte extra a su fiel clientela. "Nos dijo que iba a comprar la primera flota de aviones para su negocio y que con eso pagaría el 30 por ciento", recuerdan sus víctimas.

Pero la flota de aviones nunca despegó y la trampa de Salazar se vino a pique a mediados de 2003. León, quien fue uno de los últimos en verla en marzo de ese año, dice que "me pidió una semana de plazo y explicó que lo del turismo se estaba poniendo difícil por la guerra en Irak". Ocho días después, la sacerdotisa había desaparecido.

A finales de ese año, la iglesia tomó cartas en el asunto y el arzobispo Torres expulsó de la iglesia a Salazar. A los pocos días él corrió con similar suerte, pues lo separaron de su cargo. En el documento en que lo declaran insubsistente dice que usó su poder y su investidura para recibir comisiones de Salazar, induciendo al error a los fieles. Y lo señalan de ser el responsable del caos que por esta razón se dio en la iglesia. Torres asegura que su retiro fue voluntario, que no tuvo que ver con el negocio de Salazar y que su familia también perdió 100 millones de pesos.

Varios de los afectados afirman que se demoraron en denunciar porque líderes de la congregación les dijeron que aceptaran la pérdida como una suerte de prueba divina. SEMANA buscó contactar a la señora Salazar a través de su esposo, pero no aceptó comentar el tema y dice desconocer su paradero.

En la denuncia, que incluye a tres arzobispos de la iglesia, entre los que está Torres, se habla de una cifra perdida superior a los 10.000 millones de pesos, y los estafados están multiplicándose como en la parábola de los panes y los peces. Los denunciantes calculan que superan los 1.000. Serán las autoridades las que determinen el alcance de las andanzas de Salazar y evalúen si los líderes espirituales denunciados merecen, más que un castigo moral, una sanción penal.
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