Jueves, 18 de diciembre de 2014

| 2013/04/27 10:00

La ‘sindéresis’ de las Farc

Grandes expectativas ha generado la nueva ronda de conversaciones entre el gobierno y las Farc. Un acuerdo sobre el punto agrario está más lejos de lo que se cree.

“Queremos resultados”, dijo el jefe del equipo negociador del gobierno, Humberto de la Calle, al empezar la octava ronda de conversaciones con las Farc en Cuba, el pasado 23 de abril. Foto: AP

Todos los días aumenta la presión porque las conversaciones entre el gobierno y las Farc en La Habana empiecen a arrojar resultados y adquieran el ritmo que visiblemente les falta. El gobierno es consciente de esta urgencia pero, ¿lo son las Farc? Esta pregunta flota sobre el nuevo ciclo de negociaciones, el octavo, que arrancó el martes 23, en medio de grandes –y probablemente infundadas– expectativas.

Muchos han caracterizado esta ronda como decisiva y esperan que en los diez días que durará se acuerde el punto de desarrollo rural, el primero de la agenda. El propio jefe del equipo negociador del gobierno, Humberto de la Calle, reforzó esas expectativas: “Queremos resultados –dijo–. Esperamos que a los voceros de las Farc los anime el propósito de construir acuerdos en el tema agrario para poder pasar al siguiente punto de la agenda”. 

Y explicó que con ese espíritu el gobierno había facilitado el traslado a Cuba de seis nuevos miembros de las Farc, entre ellos Pablo Catatumbo, el tercer miembro del Secretariado en la Mesa y comandante del Bloque Alfonso Cano (antes Bloque Occidental).

Las Farc, por su parte, fueron menos claras. Al debutar como negociador, Catatumbo leyó una declaración en la que la guerrilla ratificó su “firme determinación de alcanzar (…) la paz democrática, con dignidad y justicia social”. Una afirmación general, positiva, que han repetido desde el comienzo del proceso, pero sin ninguna referencia concreta a la necesidad de dar más ritmo a las conversaciones o la posibilidad de llegar a acuerdos en el primer punto.

Quizá las expectativas que se han puesto en el resultado de esta ronda sean excesivas. Y ello por varias razones. 

Para empezar, las negociaciones se reanudan con una delegación de las Farc renovada con la presencia de Catatumbo. El jefe de una de las estructuras más sólidas y activas de las Farc, que desempeñó un papel clave para lanzar el proceso, puede ayudar a que las negociaciones –que llevan cinco meses y no han pasado del primero de los 27 subpuntos que tiene la agenda–aceleren y arrojen resultados. 

Sin embargo, pese a que él y los otros cinco llegaron el 7 de abril y tuvieron dos semanas de empalme con sus compañeros, aún deberán adaptarse a la mesa y su mecánica, por lo cual no es probable que haya un cambio notorio de dinámica en esta ronda. 

El futuro de Venezuela y de un Nicolás Maduro debilitado por su frágil victoria electoral pesa también en la decisión de las Farc. Con su aeropuerto de emergencia en entredicho y el recién electo presidente enfrascado en la lucha por su supervivencia, la tensa situación en el país que ha dado a las Farc confianza y albergue no es un factor que, por ahora, vaya a actuar como una presión para que negocien rápidamente. El chavismo no tiene una facción claramente ganadora todavía y en su interior hay amigos y enemigos de la paz en Colombia.

El receso de un mes que precedió a esta ronda debía servir, según las declaraciones de las partes, para avanzar en el punto 1.1 del tema agrario (uso y acceso de la tierra) y en los otros cinco que lo componen. No es claro qué tanto se haya avanzado. Todo indica que hay voluntad en las partes –el presidente Santos se lo dijo a El País de Madrid– y el gobierno cree que los puntos restantes del tema agrario son de más fácil trámite. Pero las Farc han presentado 100 propuestas, que ocupan 79 páginas, en muchas de las cuales hay grandes diferencias.

No es claro, tampoco, que las Farc tengan una percepción similar a la del gobierno de que es urgente que el proceso produzca resultados. Han descalificado lo que llaman una “paz exprés”, atribuyéndola a las afugias electorales oficiales. Y no se sabe qué tan fuerte sea su percepción de la amenaza que representa para el proceso el crecimiento de las fuerzas que se le oponen en el país.

No obstante, la inusual rectificación en la que Catatumbo le pidió a El Espectador que aclarara que él no está en contra de un segundo periodo del presidente Santos, es todo un mensaje político, quizá indicativo de que empiezan a entender que este proceso no es solo con el gobierno sino con un país que las odia y cuyos ‘tiempos políticos’ son decisivos para el éxito de la negociación.

Si hay algún punto en el que esta falta de sintonía es evidente, es en el de las víctimas. Las Farc intentan en vano convencer al país de que el responsable de las atrocidades del conflicto es el Estado, no ellas. En la carta que dirigieron hace unos días a los 62 congresistas estadounidenses que manifestaron su apoyo al proceso de paz insisten en que en el desplazamiento, la masacre de la Unión Patriótica y los falsos positivos “el punto último de imputación lo tiene el Estado”. 

Y, aunque dan un paso y aceptan implícitamente que en otro grupo de delitos tendrían responsabilidad, dicen algo insólito: “Casos de secuestro, desaparición forzada, el reclutamiento (de niños), el uso de explosivos de todo tipo, entre otros, son asuntos que deben ser abordados y solucionados con ‘sindéresis’”. Y piden constituir una comisión de la verdad que esclarezca “la responsabilidad histórica de la violencia”.

Que las Farc pidan que el secuestro o el reclutamiento de niños se consideren con ‘sindéresis’ (“discreción, capacidad de juzgar rectamente”, según la Real Academia), es una calificación que seguramente indignará a muchos en Colombia. 

Con este tipo de afirmaciones, los guerrilleros parecen ir en contravía de las necesidades actuales del proceso y de una opinión que, aunque apoya la paz, se resiste a que las Farc participen en política y quiere que sus jefes vayan a prisión. Esto no le hace bien a la salud del proceso en Cuba. Que esta nueva ronda empiece entre la supuesta ‘sindéresis’ de las Farc y la ansiedad del gobierno por presentar resultados, no es exactamente el mejor de los augurios sobre su resultado. 

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