Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1984/08/20 00:00

LA SONRISA DEL PODER

¿Por qué es en la actualidad Misael Pastrana Borrero el hombre más poderoso del país?

LA SONRISA DEL PODER

La fortuna política le está sonriendo en estos días a Misael Pastrana Borrero. Su status, del hombre más poderoso de Colombia después del Presidente, ha venido consolidándose gradualmente, hasta llegar a un climax después de la Convención Conservadora. En un país donde de por sí los ex presidentes son una institución con inmensos poderes, el que detenta en la actualidad Pastrana rebasa todos los antecedentes de los últimos años. Fuera de Alberto Lleras en su época de oro, pocas veces se ha visto un predominio individual de esta naturaleza.
Mientras el poder de la mayoría de los ex presidentes parece derivarse de la fuerza de sus propias corrientes electorales, la habilidad de Pastrana consiste en la capacidad de manejar corrientes ajenas que, sin necesidad de identificarse ideológicamente con él, lo respaldan por estrategia política.
Todos los "ismos" de la política colombiana, el llerismo, el lopismo, el turbayismo, el alvarismo y hasta el santofimismo, constituyen lo que pudiera ser considerado un "talante".
El pastranismo parece ser la excepción. Hay políticos pastranistas, inclusive individuos pastranistas, pero no hay masas pastranistas. La fuerza de Misael Pastrana parece derivar más bien de factores coyunturales y de disciplina partidista que de la afinidad ideológica, personal y aun emotiva que prima en las otras corrientes. El factor coyuntural más importante es la circunstancia de que Misael Pastrana es el único ex presidente conservador vivo, lo cual lo coloca en una situación privilegiada frente a los demás ex presidentes contemporáneos que siempre han tenido una contraparte con quien lidiar. Esto mismo ha sido reconocido por Pastrana, quien: interrogado en el programa de televisión El Juicio, manifestó que de no ser él el único ex presidente conservador vivo, "las cosas serían diferentes".
Sin embargo, más significativo que esta circunstancia accidental es el hecho de que, también por factores de coyuntura política, los otros dos "jefes naturales" del partido, Belisario Betancur y Alvaro Gómez Hurtado, se encuentran neutralizados. El primero porque la Presidencia de la República no le permite actuar como jefe de partido. Y el segundo, porque para ser candidato del conservatismo, requiere la aprobación de Pastrana lo cual lo obliga a una sumisión total.
Una consecuencia se ésta, es lo que el columnista Roberto Posada de El Tiempo denominó "la exterminación del alvarismo" haciendo referencia al "garrote" que le ha tocado recibir a ese sector en su estrategia de silencio y disciplina en espera de las bendiciones. Auncuando todo esto de seguro cambiará al final de este gobierno, cuando Belisario se convierta en ex presidente y Alvaro haya dejado de ser la "ovejita disciplinada" de ahora, está claro que durante los próximos dos años el Todopoderoso seguirá siendo Misael.
Pero probablemente, el gran poder de Pastrana obedece a un elemento mucho más sencillo que toda la interpretación amterior: el descubrimiento simple y llano de que cuando hay un vacío alguien tiene que mandar. El ex presidente ha ido comprendiendo gradualmente que esta expectativá de mando se extiende a todos los niveles y a todas las áreas de la administración pública. Hoy en día, Pastrana es la última palabra en todas las decisiones ideológicas, estratégicas y burocráticas. El jefe del conservatismo se ocupa tanto de las reformas de la actual legislatura, como de la provisión de consulados. Para algunos, el ex presidente está engolosinado con su actual poder y su voracidad burocrática ha sido objeto de numerosas críticas. Pero la verdad es que ha montado un aparato electoral, como se han visto pocos en el país, que seguramente le seguirá expresando su lealtad durante años. Su maquinaria se compara con la que se le atribuye al ex presidente Turbay Ayala, con la diferencia de que, mientras éste la urdió pacientemente durante años antes de ser Presidente de la República, y se retiró de estos menesteres después de su gobierno, Pastrana comenzó a tejer su red tan pronto guardó en el cajón su banda presidencial.
LA BUENA ESTRELLA
Misael Pastrana Borrero nació en Neiva (Huila) en 1924. Su padre, quien también se llamaba Misael, había sido representante a la Cámara y gobernador del departamento. De él heredó la temprana vocación político que, años más tarde y gracias en buena parte a su condición de "con sentido de los grandes", habría de conducirlo a la misma Presidencia de la República.
Muy joven, fue enviado a estudia al colegio San Bartolomé de Bogotá Cuando tenía 15 años, ocurrió la famosa tragedia de Santa Ana, en la cual un avión que se incendió por imprudencia del piloto, regó gasolina hirviente sobre la multitud que observaba sus maniobras. Pastrana recibió entonces quemaduras graves en el rostro. Mariano Ospina Pérez y doña Bertha, quienes eran amigos de sus padres, prácticamente adoptaron al joven Misael y no sólo lo acompañaron durante su larga convalecencia, sino que a partir de entonces lo convirtieron en su protegido político.
Una vez terminados sus estudios de Derecho y Economia en la Universidad Javeriana, Ospina, entonces Presidente, lo envió a Roma en 1949, a un cargo diplomático. Fue en esta ciudad en donde conoció a su actual esposa, María Cristina Arango, hija de Carlos Arango Vélez, distinguido dirigente liberal y ex candidato a la Presidencia. De regreso de Italia, fue nombrado secretario del ministerio de Relaciones Exteriores y, poco después, Secretario Privado de la Presidencia.
En 1951 contrajo matrimonio y casi de inmediato viajó a Washington, donde durante dos años ejerció el cargo de Consejero de la embajada colombiana. Algunos sostienen que en la carrera política de Pastrana, influyó en forma definitiva la simpatía que le tomó Alberto Lleras Camargo quien, durante su segundo mandato y a pesar de que Pastrana no contaba con una trayectoria política significativa, pues jamás había ejercido una representación pública, lo nombró Ministro de Fomento en marzo de 1960, luego de Obras en noviembre de ese mismo año y finalmente de Hacienda en octubre de 1961. Pero la buena estrella de Pastrana aún le deparaba otra sorpresa: la simpatía de Carlos Lleras Restrepo, quien siendo Presidente, lo nombró Ministro de Gobierno y simultáneamente lo rotó como Ministro encargado de Justicia, Relaciones Exteriores y Comunicaciones.
Todavía, sin embargo, Misael Pastrana ocupaba un tercer renglón, después de Evaristo Sourdis y Hernán Jaramillo Ocampo, en el corazón de Ospina Pérez. Hay quienes afirman que después de la hazaña-de haber sido uno de los pocos políticos que gozó de la simpatía de los dos Lleras, su mayor habilidad consistió en haber logrado--no sin la ayuda de doña Bertha, quien veía en él un Mariano más joven--desbancar a los favoritos de Ospina y colocarse rápidamente en el primer lugar. En 1968, intervino muy activamente en el proceso de la Reforma Constitucional y posteriormente viajó a Washington en calidad de embajador. De la capital norteamericana sólo habría de regresar para recibir la candidatura presidencial.
Su buena estrella también intervino en la forma como fue nominado.
Corría el año de 1969. La Convención Conservadora, que se había reunido con el fin de elegir un candidato que pudiera oponerse a Rojas Pinilla, estaba dividida entre los nombres de Pastrana y Evaristo Sourdis. Después de producirse un amargo de empate, fue Mariano Ospina quien le otorgó a su protegido el empujón definitivo.
No sólo "cantó" su voto al iniciarse una segunda votación, sino que le envió una nota a la Convención Liberal, presidida por Julio Cesar Turbay, pidiendo que se proclamara la candidatura de Pastrana. De la coalición del liberalismo y el ospinismo surgió la nominación que lo llevaría al Palacio de San Carlos, no sin antes tener que afrontar la agitada noche después de las elecciones del 19 de abril de 1970.
Después de un gobierno decoroso, pero alegre en el manejo económico, Pastrana se retiró de la Presidencia en 1974 con relativo prestigio, pero sin mayor fuerza política. Esta deficiencia se solucionó con la muerte en 1976 de Mariano Ospina, quien dejó a Pastrana como único ex presidente conservador vivo, condición que se convertiría en la semilla de su ascenso durante los años siguientes.
EX PRESIDENTE ATIPICO
El Misael Pastrana Borrero de 1984 es una figura difícil de concretar. A primera vista, su preeminencia en el escenario político nacional no parecería corresponder a la percepción que, en general, se tiene de su personalidad. Un politólogo que prefiere permanecer anónimo opina al respecto que: "los ex presidentes en Colombia son, por lo general, personas de enormes virtudes y enormes defectos simultáneamente. Pastrana parece estar desprovisto de estos dos excesos".
Algo hay de cierto en esto. Casi como regla general se podría afirmar que los ex presidentes de Colombia se han caracterizado por su contribución como ideólogos, por su prestigio intelectual, por sus dotes de escritores, por su dominio de la oratoria o por su carisma personal. Pastrana, que combina parcialmente todos estos atributos, no posee ninguno de ellos en grado superlativo. A los 60 años, con casi 40 de vida política, no se recuerda de él una sola intervención que haya sacudido el país. Como caso insólito, en un país donde el estornudo de un ex presidente produce una conmoción, ha estado escribiendo editoriales semanales desde hace ocho años, sin mayores repercusiones políticas. En forma constante, escribe sobre deuda externa, Corea, ecología cibernética..., artículos eruditos, sensatos y bien escritos, que por alguna misteriosa razón pasan inadvertidos para la opinión pública. Esto puede obedecer a que, no obstante su condición de hombre fuerte, el ex presidente no cuenta con prensa. El Tiempo le ha profesado tradicionalmente una antipatía no disimulada y El Espectador, que era más neutral, recientemente ha enfilado baterías en su contra. Aun la prensa conservadora como El Siglo y La República, no hacen más que reflejar la relación amorodio que el alvarismo y el ospinismo tienen con él. Si en algo ha tratado de imprimir su sello personal es en la moral, bandera que se disputa con el galanismo en la actualidad.
No obstante estas características no muy enaltecedoras que se le atribuyen, el hecho fundamental es que, si a las personas--y en particular a los políticos--se les juzga por sus resultados, Pastrana debe ser considerado como un gran triunfador. Allegados a él lo describen como un hombre que combina la sagacidad y el equilibrio en forma poco común. También le reconocen ser un hombre extraordinariamente bien informado y de una lealtad a toda prueba con los suYos. Alguncs sostíenen que combina lo mejor de muchos ex presidentes quienes ha observado detenidamente y les ha aprendido durante una vida Sus modelos son Alberto Lleras Camargo y Mariano Ospina Pérez y según reciente columna de su ex ministro Alfredo Vásquez Carrizosa, ha seguido el ejemplo del primero como jefe único del partido y del segundo como "príncipe elector" y hombre más influyente en el gobierno.
EL INTERROGANTE
El gran interrogante de la política colombiana en la actualidad es si Misael Pastrana Borrero piensa arriesgar el privilegiado status de jefe elector por la tentación reeleccionista que algunos ven aflorar en estos momentos. Sorprende la tenacidad con la cual, en todos sus pronunciamientos, evita criticar la reelección, y la habilidad para eludir una definición sobre la eventualidad de una candidatura de Alvaro Gómez. La duda consiste en si detrás de esta puerta que él insiste en mantener abierta hay solamente consideraciones de orden estratégico para consolidar su poder como jefe único del partido, o alguna intención velada de candidatura. Esta probablemente sería la que mayores posibilidades le daría al partido conservador de llegar al poder. Las encuestas de Consumer revelan que, si bien dentro de su propio partido Gómez es el favorito, en términos de opinión nacional Pastrana lo aventaja. En efecto, en el conservatismo, la candidatura de Gómez cuenta con una aceptación del 41%, mientras la de Pastrana sólo tiene un 34%. Pero, a nivel nacional, las fuerzas se invierten, y en todas las mediciones Pastrana cuenta con más votos que Alvaro Gómez. Esto obedece principalmente a que en la opinión pública en general, incluyendo a los liberales, no existe animadversión personal hacia él ni un mal recuerdo de su gobierno. Sin embargo, el reto de Pastrana no sería el de ser el candidato conservador con mayores posibilidades. Su condición de ex presidente le exige más que buenas opciones, seguridad en el triunfo. Y esta última parece no tenerla por ahora. Las mismas encuestas demuestran que frente a Barco, la candidatura liberal más probable hasta el momento, tanto Pastrana como Gómez perderían por amplio margen las elecciones. Las cifras a este respecto son: Barco 41% Gómez 23%; Barco 39% Pastrana 28%. Además de estas consideraciones estrictamente aritméticas, hay que tener en cuenta otras de carácter político. El ex presidente es consciente de la posibilidad de que una candidatura suya puede generar una disidencia alvarista. Por otro lado, se han comenzado a vislumbrar algunas "fisuritas" en la unidad del conservatismo en torno a su jefatura, que podrían convereirse en boquetes si decide bajar del pedestal a la arena. El exceso de disciplina y de acatamiento a su voluntad que se vio en la Convención Conservadora, parece tener algunos efectos de bumerang, no tanto por la mini revolución boyacense, que mal que bien fue controlada, sino frente a sectores de más peso. Doña Bertha, quien de alguna manera representa el ospinismo, se lanzó en "El Tábano" del miércoles 18 lanza en ristre contra su protegido de otrora en términos casi ofensivos: "La férula que hoy rige al partido conservador no es menos que la regida, según dicen pues a mí no me tocó, por el doctor Laureano Gómez; con una diferencia que sí percibo, por todo lo que me han contado de aquélla y lo que yo he vivido: aquélla era igual para todos los copartidarios y en favor del partido, no en favor personal; en cambio, la de ahora... ". También es significante que el diario La Patria, vocero del alvarismo, haya calificado editorialmente la convención como "un sainete" y haya dicho que se eligió un "directorio de bolígrafo".
Pero estos baches en el unanimismo que existe en torno a su jefatura no son la principal razón por la cual es muy probable que Misael Pastrana Borrero, en el fondo, no quiera ser candidato por el partido conservador en las próximas elecciones presidenciales. Su motivación posiblemente es otra. Pastrana no es tonto y es perfectamente consciente de que al pináculo en que se encuentra hoy, ha llegado gracias a una decisión que sin lugar a dudas ha sido la más importante de toda su vida politica: haber declinado, hace dos años, una candidatura que le estaban sirviendo en bandeja de plata.

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