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| 3/27/2000 12:00:00 AM

La suerte del ERP

Ante la pérdida de territorio y de hombres, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) se debate entre un futuro terrorista o una negociación política.

El Ejercito Revolucionario del Pueblo (ERP) no pertenece a las grandes ligas de los grupos guerrilleros colombianos. De hecho, con un número de combatientes que apenas se acerca a los 150 es muy difícil que sea considerado un ejército en todo el sentido de la palabra, como de manera rimbombante lo sostiene su nombre. A manera de ilustración habría que decir que un solo frente de las Farc tiene 150 miembros. Pero si bien es cierto que el ERP no tiene la capacidad militar de aquellas, o del propio ELN, no se puede desconocer que es un grupo activo con una notable presencia en algunas regiones del país.

Debido al escaso número de sus combatientes y a su poca capacidad militar eran muy pocas las noticias que se tenía sobre la actividad del grupo insurgente. La primera vez que su nombre ocupó titulares en los periódicos fue a finales del año pasado cuando, aprovechando la temporada de diciembre, realizó varias ‘pescas milagrosas’ en los límites de los departamentos de Sucre y Bolívar.

Después de unos meses de aparente inactividad la semana pasada el ERP volvió a ser noticia. En efecto, de acuerdo con varios informes de Inteligencia, ese grupo guerrillero era uno de los objetivos de los paramilitares que atacaron a varios corregimientos de Ovejas (Sucre) en los que murieron cerca de 70 personas (ver artículo). Según los mismos informes, el ERP operaba en la zona con el respaldo del frente 37 de las Farc. Pero, ¿cuál es la historia de este grupo guerrillero relativamente desconocido para la opinión pero temido en Bolívar y Sucre?



La historia

El origen del ERP se remonta a junio de 1987 cuando dos docenas de subversivos del frente ‘José Solano Sepúlveda’ del ELN y otros 10 del Movimiento Independiente Revolucionario Patria Libre —organización que se acababa de fusionar con el ELN para formar la llamada Unión Camilista— fueron enviados por la dirección nacional de esa organización a una zona limítrofe de los departamentos de Antioquia, Sucre y Bolívar con el fin de crear un nuevo frente guerrillero, al que llamaron ‘Alfredo Gómez Quiñónez’ en memoria de uno de sus jefes muertos en combates con las Fuerzas Militares en San Pablo (Bolívar).

La relación del nuevo frente con la dirección nacional siempre fue distante. Y en 1993 se presentó la primera crisis cuando la llamada Corriente de Renovación Socialistas (CRS) negoció su desmovilización con el gobierno de César Gaviria y se llevó a varios de los militantes del ‘Gómez Quiñónez’, quienes entregaron sus armas y se reintegraron a la vida civil.

Sin embargo la nueva condición social de los desmovilizados duró muy poco. Ante la posibilidad de una deserción masiva de sus combatientes los comandantes del frente ‘José Solano Sepúlveda’, que también operaba en el sur de Bolívar, iniciaron una tarea de intimidación que terminó con el regreso de la mayoría de los reinsertados a las filas del ELN.

De acuerdo con informes de Inteligencia, en 1994 el frente ‘Alfredo Gómez Quiñónez’ del ELN tenía 100 hombres armados y dominaba una amplia zona del sur de Bolívar, el noreste antioqueño y el suroriente de Sucre. Los jefes del frente eran los hermanos Nixon y Rafael Simanca Navas.

La situación entre la dirección nacional y el frente ‘Alfredo Gómez Quiñónez’ se volvió insostenible hasta el punto que el 10 de agosto de 1996, luego de participar en el III congreso ideológico del grupo subversivo, los jefes del frente anunciaron la creación del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

Pero el acoso permanente por parte de Carlos Castaño, sobre todo en el sur de Bolívar, obligó a los guerrilleros del ERP a trasladarse desde hace dos años al centro del departamento para tratar de encontrar refugio en los llamados Montes de María, en los límites con Sucre, hasta donde llegaron la semana pasada los hombres de Castaño.

Pero pese a los malos momentos que atraviesa el asunto más delicado para el ERP no es militar sino político. En efecto, en momentos en que las conversaciones con las Farc y el ELN parecen adquirir una dinámica propia, que podría consolidar un proceso de paz con ambos grupos, el ERP corre el riesgo de quedarse por fuera de toda negociación, algo similar podría suceder con el EPL.

Los hechos de la semana pasada parecen demostrar que carecen de la fortaleza militar que les permita sobrevivir en la confrontación armada. Ahora depende de sus jefes si este grupo sigue con sus actos terroristas o si, por el contrario, empieza a considerar la posibilidad de negociar su futuro político con todas las garantías que el Estado le ofrece.
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