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| 8/5/2006 12:00:00 AM

La tarea

En el segundo cuatrienio a Álvaro Uribe se le exigirán resultados en temas que van más allá de su conocida bandera, la seguridad democrática.

ECONOMÍA: Entre dos fuegos
Uribe quiere aumentar el gasto social y reducir el déficit. ¿Logrará ambas cosas?

No es fácil la tarea que le espera en materia económica. Esta vez su discurso gira en torno a dos objetivos que por fuerza de gravedad, se contradicen entre sí: más gasto social y menos déficit fiscal.

Pocos creen que el teflón del Presidente se mantendrá intacto si no empieza a mostrar resultados en materia social. Por eso, en su agenda de prioridades, además de eficiencia del gasto y ajustes macro como la reforma a las transferencias, incluyó medidas para revindicarse con los pobres. La mayoría están contenidas en el ‘Plan para Erradicar la Pobreza Extrema’ (PEP), un ambicioso programa de desarrollo para los próximos cuatro años que tiene como ejes la lucha contra la indigencia y la pobreza, el fomento a la vivienda, el acceso al crédito y la ampliación de la cobertura en educación. El gobierno le va a meter toda la ficha a su programa de subsidios para los sectores del agro afectados por el TLC, un espaldarazo de tres billones de pesos durante los próximos seis años.

Todo eso suena muy bonito. Pero significa más transferencias en efectivo para las familias de escasos recursos, más auxilios directos para los abuelitos indigentes, más subsidios en salud y más apoyos directos a los productores agrícolas. Más gasto. Y de dónde va a salir esa platica, empezando porque la reforma tributaria que propone el gobierno no aumenta los recaudos.

Si bien a Uribe le preocupa mostrar resultados en materia social, también lo trasnocha el cumplir con los compromisos adquiridos con el Fondo Monetario Internacional y lograr, a punta de juicio fiscal, que las calificadoras de riesgo le devuelvan el grado de inversión a Colombia. A ese híbrido de ayudas directas para los pobres y de disciplina en el gasto, se suman los regalos tributarios para las empresas que inviertan. Este esquema ya fue probado en Estados Unidos durante la administración Reagan y trajo como consecuencia un estancamiento de los recaudos.

Se trata, en últimas, de un modelo tan contradictorio como complicado.

Farc: A buscar el diálogo
Además de plomo, Uribe les hará una oferta de negociación a las Farc

Álvaro Uribe aspira a pasar a la historia como el hombre que pacificó a Colombia. Lo intentará manteniendo la iniciativa militar y, al mismo tiempo, explorando un camino de negociación política.

El Presidente se jugará en este período los restos que le quedan para un debilitamiento militar de las Farc. Con un nuevo impuesto al patrimonio, destinado a seguridad, y con la ayuda de Estados Unidos, presionará para que las Fuerzas Armadas dobleguen a la insurgencia y la lleven a la mesa de negociación. Esta tarea no será fácil. Después de cuatro años de seguridad democrática las Farc han perdido terreno, pero su estructura ha recibido pocos golpes de valor estratégico. Por eso es de esperar que saquen todos sus juguetes y energías en este segundo período, lo que pondrá a prueba la sostenibilidad de lo logrado con la seguridad democrática.

Uribe tendrá que pedirles a los militares más que bajas, planes que lleven a desarticular bloques y frentes, como ocurrió en Cundinamarca con la Operación Libertad I. Tendrá que replantear las operaciones del Plan Patriota, cuyos logros no se compensan con la inversión y el esfuerzo invertidos en él. Deberá fortalecer con urgencia las fronteras, en lo militar y lo diplomático, para atacar allí la nueva retaguardia de la guerrilla.

Como el escenario militar es complejo y no augura una victoria completa en el corto plazo, el Presidente empezará a jugar en otro tablero: el de la negociación. En primera instancia, para el acuerdo humanitario, pero con más largo alcance. Uribe no promete grandes resultados en este campo, pues la distancia entre las partes es enorme. Lo que sí es previsible es que el gobierno combine todas las formas de lucha. El garrote militar por un lado, y una intensa diplomacia, con la ayuda de mediadores, para iniciar acercamientos que sean, por lo menos, la cuota inicial de un acuerdo de paz definitivo.

PARAMILITARES: Acabar con las mafias
Ya sin paras, Uribe tendrá que lidiar con el narcotráfico puro y desmantelar sus estructuras regionales.

Las cualidades de Álvaro Uribe como domador se pondrán a prueba en este gobierno. Si en su primer período se desarmó a los paramilitares, en este deberá lidiar con las difíciles tareas del posconflicto. La desmovilización de las AUC si bien tuvo impacto en los índices de violencia, no ha modificado el panorama del narcotráfico. Por el contrario, el país se enfrenta a un auge de bandas emergentes de narcos, pequeñas, violentas, y dispersas. Se calcula que estos grupos pueden llegar a ser 43 y que actualmente reúnen a 3.500 hombres. Para garantizar su negocio, estas bandas intentarán ganar poder territorial y político. Si el Estado no llega antes que ellos con sus instituciones, se entrará en un ciclo de violencia más criminal que nunca. Aunque Colombia ha tenido una política criminal relativamente exitosa, el narcotráfico ha demostrado ser un monstruo de mil cabezas difícil de combatir. Por eso una tarea urgente de Uribe es rectificar el rumbo de la reinserción de los ex combatientes de las AUC y apretarles las tuercas a los jefes.

 
La aplicación de la Ley de Justicia y Paz pondrá a prueba la ecuanimidad del gobierno. Con el decreto reglamentario que se está preparando se tratará de darles confianza a los paramilitares. Sin embargo, el gobierno deberá mostrarse igualmente interesado en que las víctimas estén en un primer plano, que conozcan la verdad y realmente sean reparadas.
 
Respecto a la extradición, hay varios jefes paramilitares que están haciendo méritos para que ésta se haga efectiva. El silencio del gobierno frente a la actitud desafiante y ostentosa de muchos de ellos podría terminar desgastando al Presidente.
 
Uribe tendrá también un escenario de negociación con el ELN. La apuesta del gobierno es que en los próximos cuatro años esta guerrilla se desmovilice. Pero realistamente, será una negociación con las Farc la que impulse la agenda que tienen los elenos. En los dos primeros años habrá reuniones, debates, giras y en últimas, dilatación. Se requerirá entonces, mucha paciencia.

POLÍTICA EXTERIOR: ojo a los vecinos
¿Buscará Uribe una diplomacia más activa? Estados Unidos, Venezuela y Europa: los retos inmediatos.

Dicen que la mejor defensa es el ataque. Pero durante el primer período del presidente Uribe, poco pudo aplicar esa estrategia en su política exterior. En Europa, el gobierno dedicó la mayor parte de sus esfuerzos a explicar y justificar la seguridad democrática y el proceso con los paramilitares. La misma controversia limitó su relación con Naciones Unidas, con la cual pasó de querer el envío de cascos azules a Colombia a buscar una presencia más limitada de la ONU en el país. Un giro de 180 grados. Ante Venezuela y Ecuador, la palabra ‘perdón’ se volvió parte integral del diálogo diplomático colombiano. Y su principal objetivo ofensivo –la firma de un tratado de libre comercio con Estados Unidos– fue mucho más tortuoso de lo esperado y dejó una importante lección: ser el principal aliado de los gringos no garantiza un cheque en blanco.

En sus primeros cuatro años, Uribe utilizó la política exterior como una caja de resonancia de su agenda interna. Esa obsesión por lo meramente local restringió la capacidad de proyectarse al mundo. Ya reelegido, hay señales de que el Presidente estaría dispuesto a cambiar ese bajo perfil en los asuntos internacionales, una decisión que refleja la complejidad de los desafíos que lo esperan en por lo menos tres campos: Venezuela, Europa y Estados Unidos. Aunque las relaciones con Caracas atraviesan por un buen momento, la experiencia ha demostrado que con el presidente Hugo Chávez a la calma casi siempre le sigue la tormenta. Con los europeos, cuyo interés en Colombia continúa siendo esporádico, será difícil cambiar el curso defensivo mientras no haya avances en un acuerdo humanitario con las Farc. Curiosamente, algo parecido ocurre con Washington, donde temas como la protección a los derechos humanos tendrán mayor peso que la posición colombiana de aliada incondicional antiterrorista. La razón: asuntos críticos como la aprobación del TLC y la ayuda militar dependerán de la voluntad de un Congreso más sensible a esos temas. Frente a estas disyuntivas, posiblemente, por lo menos al corto plazo, habrá que jugar al contragolpe.

JUSTICIA: Superar el trancón
¿Volverá a existir el Ministerio de Justicia? ¿Se frenará el choque de trenes? ¿Se descongestionarán los juzgados?

La justicia ni cojea ni llega aún a donde debiera hacerlo. Por eso, Uribe deberá trabajar por la descongestión del sistema judicial, terminar de implementar la justicia oral en lo penal y ampliarla a las jurisdicciones laboral y civil, aumentar las penas en varios delitos que afectan la cotidianidad de los colombianos como el maltrato familiar, y mejorar las condiciones de las cárceles.

El Presidente ya mencionó que presentará una reforma a la justicia para resolver el choque de trenes que se presenta entre las Cortes. Y, contrario a lo que muchos pensaban, ésta no va a tocar el poder de la Corte Constitucional, ni la tutela. Reglamentará las situaciones en que esta corporación puede fallar en contra de las decisiones de otras Cortes.

El gobierno cuenta con diagnósticos y planes de acción en todos los temas mencionados (una ventaja de repetir mandato), pero aún hay obstáculos. La reforma a la justicia y la disminución de penas deben pasar por el Congreso. La implementación del sistema oral ha tenido dificultades. Ha funcionando bien en pequeños delitos, pero no en casos sustanciales. Y los juristas afirman que mientras no se combata el trancón judicial, no es viable aplicar este tipo de justicia en las otras jurisdicciones. Afanes que para muchos no le quedan bien a un ministro de la política, sino a un representante de la rama judicial, por todo el tema del equilibrio de poderes. Aunque la viceministra ha hecho un buen trabajo, la situación pide atención de primera mano.


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