Jueves, 19 de enero de 2017

| 2009/09/05 00:00

La tragedia del general

Farouk Yanine, una de las glorias del Ejército en el pasado, murió sin ganar la batalla más importante de su vida: limpiar su nombre. Por Pedro Felipe Arciniegas Rueda

Sus actividades dieron pie a las gravísimas acusaciones que se convirtieron en su tragedia

El 31 de agosto murió en el Hospital Militar el controvertido general retirado Farouk Yanine Díaz. Un grupo marcial de la Escuela de Cadetes José María Córdoba lo escoltó durante sus honras fúnebres, a las que asistió una sorprendente cantidad de personas que decidieron presenciar el acto público ese domingo en la tarde. Hasta el propio Presidente de la República pidió un minuto de silencio en su memoria, lo cual resultaba al menos llamativo, tratándose de un personaje sub judice. Aunque podría decirse que ese día se le estaba dando sepultura a un héroe militar, por lo menos los medios de comunicación no lo registraron así. ¿Por qué el fallecimiento del general Yanine Díaz, admirado no sólo por militares sino por civiles en apartados rincones de Colombia, sólo mereció una discreta y hasta incómoda referencia en los medios de comunicación?

Su título de 'Pacificador del Magdalena', que para bien o para mal se ganó durante su carrera militar, venía desde que fue comandante de la XIV Brigada con sede en Puerto Berrío, Antioquia, gracias a la violenta ofensiva que libró contra los seis frentes que las Farc tenían en esta región del país, complementada por su labor como comandante de la Segunda División acantonada en Barraquilla, durante una época completamente dominada por grupos al margen de la ley. Como comandante de la Segunda División del Ejército, con sede en Bucaramanga, había enfrentado duramente al ELN, que en la primera oportunidad pidió su cabeza como condición mínima para llegar a una tregua y cese del fuego. Todas esas acciones llevaron a que más tarde fuera transferido como subjefe y después jefe de Estado Mayor Conjunto. Era considerado uno de los mejores oficiales de su generación, de su época y de su momento.

Miembro de una familia árabe y de reconocida casta militar, Farouk era hijo de un soldado palestino que combatió junto a Lawrence de Arabia en la guerra del desierto, en la gran marcha entre Medina y Damasco. El padre llegó por accidente a Colombia, después de la toma de Damasco, porque el barco en el que viajaba para Chile y Perú, lo abandonó en Puerto Colombia.

Había ingresado a los 18 años a la Escuela de Infantería para prestar servicio militar, pero se quedó 36 años. "Yo no soy tan frío como dicen algunos, yo soy una roca", dicen que dijo en junio de 1990, cuando en la cúspide de su carrera, fue nombrado comandante de las Fuerzas Militares. Fue ascendido a coronel a los 42 años, a brigadier general a los 46 años, a mayor general a los 50 años y a teniente general a los 52 años. Sin duda alguna habría llegado a ser general de cuatro soles de no haberse interrumpido su brillante carrera militar.

El general Yanine Díaz pacificó el Magdalena Medio a sangre y fuego. Su estrategia había producido una tranquilidad inmediata en todas las regiones donde operó, pero sus métodos abrieron por primera vez el debate sobre la violación de los derechos humanos en Colombia. Fue acusado de genocidio. Y conducido al retiro por cuatro investigaciones judiciales y la presión internacional. Pero honrando su reputación del más tropero de los generales que se ganó en sus momentos de gloria, siguió vistiendo traje de camuflaje, listo siempre para enfrentar la guerrilla.

La misión militar del general Yanine Díaz y los intereses del recién aparecido por esa época, Salvatore Mancuso, genocida confeso, se encontraron en un cruce de caminos del destino cuando los ganaderos monterianos reaccionaron duramente por la muerte del coronel Luis Díaz, comandante del Batallón Junín y considerado el oficial más querido de la región. El coronel Díaz era un discípulo del general Yanine, al igual que el mayor Walter Fratini. Los dos fueron asesinados por la guerrilla.

Después de esto el general Yanine Díaz, al ritmo de "una fanfarria a cargo de la banda marcial", inauguró en Montería la primera brigada móvil del país. Los helicópteros y los aviones, a partir de entonces se convirtieron en un nuevo instrumento de guerra. Con esa artillería, metió sus hombres en trochas reservadas por años a las botas pantaneras de los guerrilleros y a las pezuñas de las reses ajenas que sacaban por ese corredor hacia Sucre.

Todas esas batallas contra la insurgencia fueron las que dieron pie a las gravísimas acusaciones que habrían de convertirse en la tragedia de su vida. Fue llamado a rendir indagatoria acusado de organización y promoción de grupos paramilitares responsables de masacres que sembraron el terror durante años; fiscales sin rostro tomaron su primera declaración durante una investigación formal, después de que un "confeso delincuente que relató su participación directa en por lo menos 700 crímenes e hizo parte de las Farc y de los grupos paramilitares del Magdalena Medio", declarara que este, otros oficiales y por lo menos un dirigente político habrían participado en la conformación de grupos de autodefensas. Que con los narcos Gonzalo Rodríguez Gacha, el 'Mexicano', Pablo Escobar y Fidel Castaño, degeneraron en paramilitares adiestrados en las escuelas de sicariato del mercenario israelí Yair Klein. Supuestamente recibieron "instrucciones directas de oficiales del Ejército para perpetrar la masacre de 12 funcionarios judiciales de La Rochela" que investigaban la desaparición y muerte de unos comerciantes santandereanos en Ocaña. Según el 'Negro' o alias 'Vladimir', habría convencido al general Yanine de "la necesidad de crear una fuerza paralela al Ejército que se encargara de ejecutar el trabajo que éste no podía realizar…".

Sin que hubiera claridad al menos sobre si realmente participó en los hechos de La Rochela, si fue criminal por acción o por omisión, y si realmente fue partidario de Mancuso y compañía, el hecho es que había comenzado el fin de la carrera militar de este hombre, también conocido en los medios como el 'Turco', el 'Águila' y el 'Duro'.

Se retiró del Ejército por solicitud propia, cuando su situación militar se hizo insostenible en medio de la guerra jurídica alimentada por su archi-enemiga la guerrilla y sus simpatizantes, que según los defensores del general Yanine, encontraron en ella una forma para derrotar a los comandantes que los habían combatido. Forma parte de esta etapa de la vida nacional que la 'izquierda' tienda a creer que todos los comandantes son culpables de los crímenes que se les achacan en medio de la guerra contra la subversión, y que la 'derecha' prefiera creer que todos los comandantes son inocentes, lo cual en el caso del general Yanine Díaz no permitió que lograra adelantarse una investigación justa y un juicio imparcial.

La semana pasada murió de cáncer, mientras esperaba su juicio en una guarnición militar con otros dos generales en retiro. El general norteamericano de dos estrellas, John Thompson, su jefe cuando trabajaba en el Colegio Interamericano de Defensa en Washington, recuerda que "un día entró a mi oficina y me pidió una licencia… Me dijo que quería volver a Colombia para responder la acusación de que había violado los derechos humanos". Y así lo hizo. Se defendió siempre con mucha dignidad, muy seguro de su inocencia. Y si la historia juzga por encima de los hombres, cuando dejó su comando en la región un día de 1985, la población lo aclamó, las Farc intentaron matarlo con un carro bomba y fue exonerado por la justicia militar. Durante su proceso ante la justicia ordinaria, perdió la visa estadounidense y jamás pudo reintegrarse a su cargo en Washington.

Después de su muerte, la historia debate si lo recordará como un héroe caído en desgracia. Al fin y al cabo él mismo citaba al poeta de la antigua Roma Publio Siro cuando decía, "¿Qué queda cuando se ha perdido el honor?" n

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