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| 5/7/2011 12:00:00 AM

La tragedia de un rector

Acaba de terminar la guerra que los parapolíticos le declararon a Carlos Caicedo. La justicia lo absolvió. Pero en estos cinco años no solo se le 'acabó' la vida, sino que se frenó el ímpetu de una universidad que se había convertido en modelo en el país.

En Colombia no son extrañas las historias de personas que son detenidas y tienen que padecer todo un calvario jurídico para luego ser declaradas inocentes. Pero en este caso, el del exrector de la Universidad de Magdalena Carlos Caicedo Omar, hay dos ingredientes nuevos: queda al descubierto la manera como los parapolíticos movían las cuerdas del poder judicial y cómo, por esa vía, frenaron el ímpetu de un proyecto educativo que era considerado modelo en el país.

Todo comenzó en agosto de 2006, cuando un fiscal en Santa Marta ordenó detener al entonces rector de la Universidad por haber pagado las cesantías que sus antecesores nunca pagaron. La medida causó sorpresa y en algunos sectores se interpretó como una persecución que le había declarado el estamento político, porque el rector no les dejaba meter las manos en la nómina y el presupuesto.

Para ese momento, Carlos Caicedo ya iba a completar una década al frente del centro educativo, y en ese lapso le había dado una vuelta completa. Cuando la recibió, la Universidad tenía un déficit de más de 30.000 millones de pesos, no pagaban los sueldos a los profesores ni a los empleados, una carrera se cursaba en diez años, la infraestructura estaba en ruinas, había solo 1.900 matriculados y el Icfes y los ministerios de Educación y Hacienda la consideraban la más ineficiente del país.

Transformarla era casi imposible. Pero de la mano de Caicedo ya había superado el déficit en 2003, pasó a tener más de 9.000 estudiantes, el presupuesto aumentó de 6.000 a 40.000 millones de pesos y los programas de pregrado, de 9 a 27. Las instalaciones parecían las de una universidad privada y los estudiantes tenían auxilios alimentarios. La Universidad del Magdalena se convirtió en modelo nacional. Caicedo, decían, había logrado arrebatarle la universidad a la politiquería, que ponía y quitaba rectores cada seis meses.

Pero el gobernador Trino Luna (2004-2007) le declaró la guerra al rector Caicedo. Aunque Luna no pudo terminar su mandato -tuvo que retirarse en el primer semestre de 2007 para pagar una condena por parapolítica- logró que la Contraloría departamental investigara a Caicedo por una conciliación que celebró con 47 docentes, a quienes la Universidad adeudaba sus cesantías.

No valió para nada que Caicedo sometiera ese acuerdo a revisión de la Procuraduría, que el Tribunal Contencioso lo aprobara o que un fiscal de la Unidad Nacional Anticorrupción ordenara precluir la investigación: en Santa Marta, un fiscal reabrió la investigación y acusó al rector. En octubre de 2007, un juez lo condenó a ocho años de cárcel y la apelación durmió durante 18 meses en el Tribunal del Magdalena, hasta que un día apareció un pasquín en el que se decía que Caicedo le había dado plata a cada magistrado para que lo absolviera, y eso obligó a mandar el caso a Bogotá.

Ese pasquín, que pretendía hundir a Caicedo, terminó siendo su salvación. Hace unos días, la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá lo absolvió. Carlos Caicedo no solo estuvo bajo detención domiciliaria sin poder trabajar, sino que tuvo que vender su casa para poder pagar abogados e irse a vivir a la casa de su madre.

La gran paradoja es que en Magdalena, por el saqueo de las empresas de acueducto, de teléfonos, la Beneficencia, la Licorera y la Lotería, todas en liquidación, no hay un solo detenido. Y la Universidad, que era modelo, parece haber dejado atrás sus momentos de gloria.

Y mientras Trino Luna y sus aliados políticos imponen candidatos a corporaciones públicas, Carlos Caicedo no tiene cómo matricular a su hijo menor en el colegio.
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