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| 6/9/2011 12:00:00 AM

"La tutela es un mecanismo de no-violencia"

Para José Cuesta Novoa, secretario de la Red Nacional de Beneficiarios de la tutela, este mecanismo creado con la Constitución de 1991, ha sido clave para que los colombianos resuelvan sus conflictos.

Con la Constitución de 1991, nació la herramienta de protección de derechos humanos más trascendental en toda la historia de Colombia: la Acción de Tutela. Sin este mecanismo ágil, eficaz y accesible hubiera sido imposible el desarrollo actual de los derechos fundamentales que trajo la Carta de 1991, al punto, que es considerada la figura insigne del nuevo constitucionalismo colombiano.

Para analizar el desarrollo de la tutela, a veinte años de su aparición, y cómo cambió radicalmente la protección de los derechos fundamentales y al país mismo, Gabriel Bustamante* habló con José Cuesta Novoa, secretario técnico de la Red Nacional de Beneficiarios y Defensores de la Tutela quien se ha dedicado los últimos años a la defensa y promoción de este mecanismo.

Gabriel Bustamante Peña: Desde su aparición, se ha intentado reformar la tutela para limitar sus alcances. ¿Por qué usted, que no es abogado, asumió la defensa de este mecanismo de protección de derechos humanos?

José Cuesta Novoa:
Primero, porque mi historia personal está íntimamente ligada a la Constitución de 1991, como ex integrante y gestor de paz del M-19. Segundo, porque viví en carne propia los abusos y violaciones que cometieron agentes del Estado, amparados en un modelo estatal proclive a vulnerar los derechos humanos; fui víctima de una desaparición forzada, perpetrada por miembros del ejército, y por suerte fui liberado y no corrí el destino de muchos compañeros en los años 80. Y tercero, porque la principal característica de la tutela es que es un mecanismo ciudadano, que no necesita de un abogado para ser interpuesta, ósea que es un arma civil para la defensa de los derechos del pueblo, y por ende, debemos ser los ciudadanos quienes reclamemos y asumamos su defensa.

G.B.P.: Recordemos ¿cómo era Colombia antes de la tutela?

J.C.N
: Antes de la tutela, los crímenes se cometían bajo el amparo del estado de sitio, era el país de los horrores perpetuados bajo el estatuto de seguridad de Turbay, donde los civiles podían ser juzgados por tribunales militares. Un Estado signado por las conductas antidemocráticas y excluyentes heredadas del Frente Nacional; donde prácticas como la tortura y las detenciones ilegales se convirtieron en lo cotidiano. Antes de la Constitución de 1991 y de la tutela, en todos los espacios, desde el Estado, la familia, el colegio o la empresa, el abuso se desplegaba sin control.

G.B.P: Entonces, antes de la Carta de 1991, sin tutela y sin otros mecanismos de protección de los derechos humanos ¿cómo se defendían los ciudadanos y las comunidades frente a estos atropellos?

J.C.N.:
La forma de reclamar los derechos humanos, que no eran prioridad en la anterior Constitución, eran la movilización social, la huelga, la lucha callejera y, por supuesto, la violencia política, que fue la opción que encontraron muchos jóvenes que no vieron oportunidades de cambiar la situación, ante la asfixia del sistema político, y optaron por militar en organizaciones guerrilleras.

G.B.P.: ¿Cómo se logró que la tutela tuviera la acogida unánime en la Asamblea Nacional Constituyente?

J.C.N.:
Los constituyentes de 1991 comprendieron que, ante la aberrante violación de derechos que vivía Colombia, los ciudadanos necesitaban herramientas eficaces de protección que fueran más allá de un sistema judicial que estaba colapsado y era inoperante. Además, acorde a la construcción del Estado social y democrático de derecho, había que entregar mecanismos ciudadanos que permitieran expresar el inconformismo. Por eso la tutela, junto a otros instrumentos que trajo la Carta de 1991, ha cumplido, entre otras, la función de válvula de escape institucional ante la violencia. La tutela es por esto, un mecanismo de protección y a la vez de participación ciudadana en la resolución de los conflictos, la tutela está inmersa en la cultura de la no-violencia.

G.B.P.: Pero, hay críticas por el abuso del mecanismo…

J.C.N.:
Pues, lo que no ven los críticos de la tutela es que si cuatro millones de colombianos han acudido a ella, son cuatro millones de colombianos que prefirieron una herramienta ciudadana e institucional, a la violencia como forma de tramitar sus conflictos.

G.B.P.: Millones de colombianos ejerciendo la acción de tutela es un logro importante. ¿A qué se debe el enorme éxito entre la gente de esta acción?

J.C.N.:
A que la tutela no necesita grandes discursos jurídicos, simplemente se debe evidenciar una violación de los derechos humanos y denunciar el hecho invocando su protección. Además, rompe con la tradición de una justicia inoperante, con fallos extendidos largamente en el tiempo y llena de obstáculos procedimentales. Por esto, el exmagistrado Carlos Gaviria Díaz mencionó el año pasado, en el primer encuentro de beneficiarios y defensores de la tutela, que la ciudadanía del común percibía a la Constitución de 1886 como lejana y abstracta, era una Carta casi que desconocida; no pasa lo mismo con la Constitución de 1991, que es percibida como amable, protectora y cercana, y todo esto, es gracias a la tutela.

G.B.P.: ¿Cómo explica que durante todos estos años, y a pesar de la tutela y la nueva Constitución, continúan los crímenes de Estado, las violaciones a los derechos y el conflicto armado interno?

J.C.N.:
Bueno, ni la Constitución ni la tutela van a desaparecer los conflictos, pero si dan una salida ciudadana a los mismos. Por otro lado, la tutela, además de ser un mecanismo efectivo de protección de los derechos humanos, se ha convertido en una cartografía del abuso, en un indicador de que en ciertos sectores o en ciertas entidades se están cometiendo vulneraciones a los derechos de las personas. No es gratis, que el sector privado que presta el servicio de salud, ha sido, desde hace muchos años, uno de los más tutelados por los colombianos. Si el gobierno hubiera evidenciado lo que las tutelas ya advertían, nos hubiéramos ahorrado el desangre financiero y el menoscabo del sistema de salud de los colombianos, hoy descubierto tardíamente.

G.B.P.: ¿De quién o de qué hay que defender a la tutela?

J.C.N.:
La tutela tiene muchos contradictores, mucha gente poderosa que ha usufructuado privilegios históricos, ven en la tutela un factor de redistribución del poder entre el pueblo y por esto quieren desaparecerla, o al menos domesticarla hasta convertirla en una figura decorativa. Parte de estos ataques, por ejemplo, están plasmados en el proyecto de acto legislativo de equilibrio fiscal, que es una propuesta que pretende filtrar la protección de los derechos fundamentales en términos monetarios.

G.B.P.: ¿Cuál es el papel de la Red en defensa de la tutela en este proceso?

J.C.N.:
la Red Nacional de Beneficiarios y Defensores de la Tutela surgió por la idea de crear un movimiento ciudadano en torno a la defensa y promoción de la tutela; un espacio cuya finalidad es oponerse a las reformas que pretenden deprimirla, limitarla o dejarla sin poder real.

G.B.P.: Y ¿cuál ha sido la respuesta de la ciudadanía a la invitación de organizarse para defender la tutela?

JCN:
Invitar a los ciudadanos y ciudadanas e defender la tutela es muy fácil. A las reuniones llega gente de todo tipo a contar sus experiencias de vida, por ejemplo, llega el padre de familia a compartir que, gracias a una tutela, una EPS tuvo que autorizar una operación de alto costo a su hija y, gracias a ello, su pequeña hoy está viva. O el viejito que le agradece a la tutela el poder estar recibiendo su pensión. O el desplazado que reivindica que, gracias a una sentencia de tutela de la Corte Constitucional, la T-025 de 2004, al fin hoy, el Estado está cumpliendo en algo su misión de no dejarlos morir de hambre.


*Gabriel Bustamante Peña es el asesor jurídico de la Corporación Viva la Ciudadanía
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