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| 1/11/1988 12:00:00 AM

LA ULTIMA EXCURSION

Un alud sepultó las ilusiones de un grupo de bachilleres de Viterbo

Eran más o menos las 2 y media de la madrugada del martes 8 cuando el profesor Mario Marín Chica, director de la excursión, dio la orden a sus alumnos de que se bajaran a ayudar a desenterrar un campero atascado en un derrumbe en Petaqueros, cerca del Fresno (Tolima).
"De lo contrario nunca va a salir y nosotros nunca pasaremos" dijo el profesor para animar a los muchachos. Mientras el bus esperaba a unos 200 metros del sitio del derrumbe, los jóvenes empujaron el campero hasta que lograron sacarlo del lodo. En ese momento, y cuando algunos ocupantes de otra flota que esperaba paso se bajaron a observar la maniobra, cayo la primera avalancha que cubrió a la mayoría de los estudiantes. Casi que de inmediato se derrumbó el resto de la montaña, unos 5 mil metros cúbicos de tierra, que acabaron con los sobrevivientes de la primera avalancha. Murieron 24 personas, 19 de las cuales eran alumnos de la jornada nocturna del Colegio Félix González Vélez de Viterbo (Caldas).
La historia comenzó en el mes de agosto cuando los alumnos de último grado de abachillerato iniciaron los preparativos para la excursión de fin de año. Organizaron fiestas y bazares para reunir los casi 30 mil pesos que costaba el viaje por persona, hasta que el lunes 7, a las 7 de la noche iniciaron el viaje que iba a convertir en realidad su sueño de conocer el mar.
Los estudiantes, que en su mayoría trabajaban de día como obreros o empleados de almacén para pagarse los estudios, fueron despedidos por sus familiares en la plaza de Viterbo y encomendados al profesor Marín, quien en varias oportunidades se había encargado de este tipo de paseos.

Varios padres de familia y amigos de los viajeros, habían expresado sus temores por el mal estado en que pudieran estar las vías como consecuencia del fuerte invierno. Pero las noticias entregadas por algunos choferes sobre el aceptable estado de las carreteras y la euforia de los muchachos hicieron olvidar toda preocupación.
Antes de llegar a Petaqueros no se habían presentado dificultades a pesar de las malas condiciones de la carretera por las continuas lluvias.

Durante los meses de invierno son frecuentes los derrumbes en esa vía, especialmente en cercanías del Páramo de Letras, por ser un terreno deleznable y por la ausencia de muros de contención que prevengan los desprendimientos. Eso y la falta de ayuda oportuna, dieron tiempo a que, con la confluencia de automotores en la zona del derrumbe inicial que afectó al campero que ayudaron a desenterrar los estudiantes, el número de victimas fuera tan grande.

Pero la mala suerte también dió su empujón. De acuerdo a los planes, los estudiantes debían iniciar su viaje en la noche del domingo 6, un dia después de recibir el grado de bachillerato. Por un error de la empresa Metropolitana de Turismo de Pereira el bus no cumplió la cita del domingo, en la creencia de que el viaje se iniciaria el jueves 10. Ante el incumplimiento, el dtrector de la excursión llamó a la compañía, donde le informaron del malentendido y le garantizaron un bus para el día siguiente. A pesar de la demora, alumnos y profesor no cambiaron los planes que, después de pasar por Bogotá, Zipaquirá, Bucaramanga y Santa Marta, los llevaría a encontrarse con sus compañeros de la jornada diurna-que partieron puntualmente el domingo 6 de diciembre-en las playas de Cartagena, en la que sería la aventura más importante de sus vidas. --
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