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| 2/12/2011 12:00:00 AM

La última fiebre de California

La decisión de si se permite explotar el oro de Santurbán tiene en vilo al país, a Santander y a dos lejanos municipios que viven del metal desde la Colonia. SEMANA viajó hasta allá, a explorar el debate.

California y su vecino Vetas no solo recuerdan la célebre fiebre del oro en Estados Unidos a fines del siglo XIX. Están viviendo la suya, quizá una de las últimas del mundo, y se encuentran en el centro de un debate que, además de cambios dramáticos para el futuro de estos dos municipios santandereanos, encarna la encrucijada en la que se halla Colombia frente a la explotación de sus recursos mineros.

Casi doce años atrás, cuando el ELN plantó su bandera en la mitad de la plaza, el 30 de mayo de 1999, prácticamente nadie en Colombia sabía de California, un pueblo clavado entre las montañas, justo debajo del páramo de Santurbán, que estuvo cuatro años bajo el influjo de esa guerrilla. Hoy el poblado de calles empedradas con una iglesia colonial enjalbegada está en la primera línea de un debate que tiene, de un lado, a la empresa canadiense Greystar y a los 3.600 habitantes de la zona, y, del otro, a todas las autoridades de Santander y a los ambientalistas colombianos enfrascados en una disputa sin precedentes en el último medio siglo por 1.100 hectáreas de páramo.

Junto a su vecino Vetas, California está sobre dos de las últimas grandes riquezas de la humanidad: el oro y el agua. Greystar, que lleva 15 años en la zona con un permiso de exploración minera del gobierno, ha solicitado licencia para sacar de estas montañas lo que calcula son 240 toneladas de oro en la próxima década y media (anualmente esto sería una tercera parte de la producción actual de oro de Colombia). Como la explotación tendrá que hacerse dentro de esas 1.100 hectáreas del páramo, que provee de agua a cientos de miles de personas en Bucaramanga y 20 municipios alrededor, la Procuraduría, la CAR local, Fenalco, algunas de cuyas empresas temen verse afectadas, las universidades de Santander y los ambientalistas de todo el país han puesto el grito en el cielo. El oro se explota con cianuro, y temen que pueda contaminar el agua que nace en las alturas.

La nueva leyenda

En la zona han buscado oro desde la Conquista. Una compañía francesa le dio, en 1901, el nombre de California al pueblo por la fiebre del oro en la región de ese nombre en Estados Unidos. José Celestino Mutis habría descrito el lugar como un "páramo rico en el que en los caminos se recoge un oro grueso suficiente para llenar varias alforjas en un solo día". Hoy, en las laderas de los ríos, el paisaje está salpicado de decenas de minas artesanales en las que cada vez es más difícil encontrar las pepitas. Además de estas, hay otras tres empresas mineras extranjeras fuera de Greystar. Por eso, no es de extrañar que los habitantes de ambos pueblos sean unánimes en torno a la necesidad de entregar la licencia de explotación.

Por las noches, en el único bar, se alternan canciones de Helenita Vargas y The Doors, para un público compuesto por los mineros locales y los extranjeros que trabajan en las compañías. Una imponente estatua de San Antonio de Padua, patrono de los mineros, está clavada en la montaña y todos los lunes, para bendecir el comienzo de la semana, los mineros le rezan diciendo "hoy déjame tomar que mañana empiezo a trabajar".

San Antonio parece a punto de hacerles el milagro. Con el aumento del precio del oro -que pasó de 229 dólares la onza en 2000 a 1.224 en 2010- California y Vetas ven El Dorado a la vuelta de la esquina. Además de Greystar, está, por ejemplo, Ventana Gold, empresa en la que el hombre más rico de Brasil, Eike Batiste, piensa invertir 1.500 millones de dólares.

Los pequeños propietarios están vendiendo desde hace años a las nuevas empresas. El valor de la hectárea se multiplicó hasta por diez. Cuentan que por una de las minas más grandes, una sola familia recibió cerca de 5.000 millones de pesos. "Muchos encontramos en esto la pensión", cuenta uno de los propietarios. Greystar se hizo de este modo a las 30.000 hectáreas que hoy tiene en California. A los pobladores les aterra la eventual declaratoria de la zona como Parque Natural Regional, una de las propuestas para evitar la explotación, pues consideran que, al prohibirles el uso de sus tierras, se arruinarían.

Greystar promete invertir 945 millones de dólares. Para los municipios, aun con la reforma en la ley de regalías, sus ingresos se multiplicarían geométricamente. Hace un par de años, el entonces presidente de la Cámara Colombiana de Minería, Gerardo Canas, vaticinó que Colombia iba a ser el territorio "en donde se vivirá la próxima fiebre minera de todo el globo". Los habitantes de los dos pueblos de Santurbán no quieren perderse por nada del mundo convertirse en la primera confirmación de esa profecía.

El problema es que para arrancarle este tesoro a la tierra hay que despedazarla, literalmente. SEMANA visitó las instalaciones de Greystar, donde abrirá un hueco en las entrañas de la montaña de dos kilómetros de largo por uno de ancho y 200 metros de profundidad. Greystar calcula que para esa operación tendrá que dinamitar cerca de 1.100 millones de toneladas de tierra y usar 240 toneladas diarias del explosivo anfo, para sacar de cada tonelada de tierra apenas 0,91 gramos de oro.

Habrá que construir dos pilas de lixiviación -ambas en zona de páramo- de una magnitud de casi un kilómetro de largo. En estos depósitos, el 30 por ciento de la tierra extraída se mezcla con 40.000 kilos de cianuro al día para desprender el metal. El otro 70 por ciento del restante es llevado a una escombrera, otro depósito que almacenará los 774 millones de toneladas de material estéril. Según María Victoria Duque, de Razón Pública, "el proyecto producirá en siete días la misma cantidad de residuos que Bogotá en un año". Por esta razón, el ex ministro de Medio Ambiente Manuel Rodríguez aseguró que desde que supo cómo se extraía el metal le dijo a su esposa "no le vuelvo a regalar oro".

El oro azul

Por su papel en la producción del 70 por ciento del agua del país, el Código de Minas de 2010 -demandado ante la Corte Constitucional- prohibió expresamente la explotación minera en zona de páramos. Esa norma haría ilegal el proyecto de Greystar, que tiene el 52 por ciento del área de explotación sobre este ecosistema (los ambientalistas alegan que sería el 82 por ciento). La empresa dice que hay que esperar a que se defina el tema en la Corte y que el páramo no ha sido delimitado.

La explotación minera en la zona ha contaminado desde hace mucho tiempo el agua que baja de los municipios. En las riberas de las quebradas Vetas y Páez, que surten el río Suratá, uno de los principales afluentes de la región, se ve deslizar sin mayor control el material lodoso cargado de tóxicos. El acueducto de Bucaramanga ha detectado niveles de cianuro y mercurio muy superiores a los tolerables. El exgerente del acueducto Germán Figueroa cuenta que cuando esto sucede hay que dejar correr el agua porque ni siquiera la planta de tratamiento logra hacerla potable. Incluso, aun sin comenzar la explotación, Greystar fue sancionada por la CAR local, por no haber cumplido los planes de reforestación y desviar sin permiso una quebrada.

Un derrame de cianuro en Baia Mare, Rumania, en 2000, contaminó las aguas de Hungría, Serbia y Yugoslavia y arrasó con la vida acuática. Estos riesgos hacen que ante la duda, la normatividad ambiental juegue siempre en favor de la precaución. Varios países han prohibido usar cianuro en estos proyectos y el Parlamento Europeo propone seguir ese mismo camino. La empresa canadiense sostiene que su tecnología es segura y que está afiliada al Código Internacional del Cianuro, pero no ha sido certificada aún, ya que no tiene experiencia de explotación distinta al proyecto en Santurbán.

Las plagas

En Vetas y California nadie le teme al cianuro. Con esta sustancia han trabajado desde hace décadas. Todos nacieron para ser mineros y esto se les hace apenas natural. Los niños aprenden de sus padres a lixiviar los metales como estos lo aprendieron de sus abuelos. Los bachilleres tienen clases diarias de orfebrería y se gradúan como técnicos en la materia.

A lo que sí le temen es a lo que podría venir, cualquiera que sea la decisión del Ministerio. Hoy, en cada uno de los dos pueblos viven 1.800 habitantes. Greystar pasaría de tener 350 empleados a 7.500 en la fase de construcción y 4.000 en la de operación. Aumentar los servicios de acueducto, los cupos en los colegios y la capacidad de los hospitales en tan poco tiempo va a ser una tarea titánica. El secretario de Planeación de Vetas, Luis Humberto Gamboa, dice que hay que estar también preparados para los tugurios y los problemas de prostitución, alcohol y drogas que se ven en otros municipios mineros.

Sin embargo, están seguros de que la explotación del oro a gran escala representa para ellos seguridad y progreso. Las autoridades cuentan que con Greystar desactivaron cerca de trescientas minas antipersonales sembradas por el ELN. Con apoyo de la compañía, se hicieron a la primera ambulancia, el primer café internet, la primera sucursal de banco. Greystar prometió que, si se aprueba la licencia, pavimentará las peligrosas trochas de casi treinta kilómetros que hoy son las únicas vías de acceso. Así, con una habilidosa estrategia de relaciones con la comunidad, la empresa canadiense se ha echado a los dos pueblos al bolsillo.

Los ánimos locales en este debate están tan caldeados que, este año, los lugareños sacaron a piedra a unos funcionarios de la CAR que visitaron la zona, y les volcaron su vehículo. A la próxima audiencia pública, el 4 de marzo en Bucaramanga, piensan asistir en masa a defender el proyecto. El Frente, un periódico local, habla abiertamente en favor de Greystar. "Santurbán con derecho a la prosperidad" fue un titular reciente. Uno de sus excolaboradores, el artista Claudio Beltrán, se queja de haber sido censurado.

Un problema nacional

Santurbán es apenas la punta del iceberg de la encrucijada en la cual se encuentra Colombia. Por años, miles de títulos mineros fueron otorgados "con solo presentar la cédula", como dice el ministro de Minas, Carlos Rodado. Después de haber invertido, legalmente y con permiso oficial, cerca de 140 millones de dólares, el presidente de Greystar, Steve Kesler, se queja de que en el país "no existen reglas claras para la inversión extranjera que tanto han buscado". Según un estudio reciente, entre 2002 y 2009 el país pasó de 1,1 a 8,4 millones de hectáreas tituladas. En trámite de aprobación se encontraban casi cuarenta millones de hectáreas. "Lo que vivimos hoy en Santurbán es producto de esa falta de planeación con la que se dieron los títulos mineros en este país", concluye Elvia Páez, la directora de la CAR del departamento.

Entre tanto, la legislación apenas si se ha empezado a revisar. La informalidad, cuando no la ilegalidad, es lo que ha caracterizado la explotación minera en Colombia. Por eso ahora, cuando la inversión extranjera está acudiendo en masa atraída por las ingentes riquezas que hay bajo tierra, los problemas y los debates, como el que tiene lugar en torno a Santurbán, van probablemente a multiplicarse.

Según la Procuraduría, 108.000 hectáreas de páramo habrían sido objeto ya de 391 títulos mineros, al igual que otros ecosistemas estratégicos, como humedales y reservas forestales. Dado que no existe, por definición, una explotación minera que pueda ser ambientalmente sostenible, el país está más que en mora de definir hasta dónde la fiebre del oro puede sacrificar, no solo el agua, como en Santurbán, sino la riqueza ambiental y biológica del país.

Ya se incline la balanza hacia la protección del medio ambiente o hacia la ganancia en metálico que puede dejar la explotación de los minerales, habrá profundos descontentos. Sin embargo, lo que está sobre el tapete en el debate en torno a si adjudicar la licencia a Greystar en el páramo de Santurbán es cuál será la decisión estratégica del gobierno colombiano en esta discusión, clave para el futuro de Colombia y sus próximas generaciones. La puerta que se abra a la extracción de recursos no renovables en zonas naturales protegidas será luego muy difícil de cerrar.
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