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| 11/18/1991 12:00:00 AM

LA ULTIMA JUGADA

Después de ganarle el round a la banca extranjera en el caso de Avianca, Julio Mario Santo Domingo se enfrenta ahora con la banca nacional.

TODOS LOS QUE CONOCEN A JULIO MARIO Santo Domingo saben que es un gran jugador de póquer. Por eso nunca se podrá saber si estaba cañando cuando afirmaba que estaba dispuesto a llevar a Avianca a concordato con tal de no tener que meterse la mano al bolsillo. Todo indica que lo salvó la campana. Pocos días antes del 24 de octubre echa límite para hacer el giro de 10 millones de dólares correspondientes a la próxima cuota trimestral de servicio del pasivo de la compañía, parecía que se habían logrado establecer las bases de un acuerdo entre la aerolínea y los bancos extranjeros.
Avianca había manifestado que no disponía de los recursos para pagar esa cuota, pues había perdido a septiembre 30 de este año cerca de 17 mil millones de pesos, lo cual dejaba un balance de pérdidas acumuladas de 47 mil millones. En marzo de este año, los pasivos ascendían a 83 millones de dólares, pero el pago de las cuotas de abril y julio había disminuido esa suma a 67.2 millones de dólares, de los cuales 45 correspondían a la banca extranjera y 22 a la colombiana. Hace seis meses se había acordado en principio un descuento del 53 por ciento de la deuda por parte de los bancos extranjeros. Eso quería decir que de cada dólar que debía, Santo Domingo les pagaría a los bancos apenas 47 centavos. Estos estaban dispuestos a aceptar ese arreglo pues, ante la difícil situación de Avianca y teniendo en cuenta que esa cartera ya la tenían debidamente aprovisionada, era mejor pájaro en mano que 100 volando. Sin embargo, en el momento de firmar lo que se llama el term sheet que es un acuerdo general de las bases y puntos principales de lo que posteriormente se convertirá en contrato las dos partes encontraron que cada una tenía una interpretación diferente de lo acordado y por ende no firmaron. Surgieron las tensiones y, como en cualquier reunión del Gobierno con la Coordinadora Guerrillera, se rompió el diálogo. Como si fuera poco, transcurría el tiempo y el pago que se había hecho de dos cuotas en abril y julio aumentaba la confusión al no existir claridad absoluta sobre el saldo que se debía tomar como base del acuerdo. El principal problema radicaba en las diferencias acumuladas que se generaban en manejo de la Resolución 33 de 1984 de la Junta Monetaria. Esta resolució creó una línea de crédito especial en el Banco de la República para que, cuando la devaluación sobrepasara cierto nivel, las empresas colombianas endeudadas en divisas pudieran refinanciar en pesos y a tres años la diferencia generada por la aceleración de la devaluación. En el caso de Avianca la diferencia acumulada es del orden de 12 millones de dólares. La interpretación de cómo contabilizar este componente fue lo que más complicó toda la negaciación.
A todas estas los bancos colombianos con 22 millones de dólares de acreencia no estaban dispuestos a sumarse al acuerdo. Consideraban arrogante la actitud de Santo Domingo de tratar de ponerlos contra la pared. Y sabían que estaba suficientemente rico como para que fuera él quien se metiera la mano al dril para sacar adelante una compañía de su grupo y no ellos. Además, una cosa son 10 millones de dólares para un banco internacional y otra para uno colombiano. Para el Chase Manhattan o para el Chemical esas cifras son caja menor. Para un banco colombiano pueden ser las utilidades de un año.
El tercer jugador en este partido era el Gobierno de Colombia. Aunque en términos generales el revolcón no ha tocado a Santo Domingo, y las relaciones entre éste y el Presidente no podían ser mejores, en términos de política aeronáutica la cosa no ha sido tan cordial. Entre el bienestar del propietario de la aerolínea nacional y el de los usuarios, el Gobierno parece más preocupado por el de estos últimos. Con una apertura económica como bandera de su gobierno, Gaviria es consciente de que si alguna área tiene prioridad en este sentido es la aviación. Por esto ha intentado dejar que Avianca compita sin el proteccionismo obligatorio de que gozaba en el pasado. Esta actitud ha llegado a tal punto que una de las condiciones para autorizarle los dólares para la compra de la cervecería de Portugal, fue la de dejar en claro que no habría manga ancha estatal para Avianca y que la situación de la compañía no podía dar al traste con la política de cielos abiertos.
Sin embargo, si bien Gaviria puede ser neutral no es indiferente. SEMANA se ha enterado de que el problema de Avianca se ha venido ventilando al más alto nivel. En septiembre de 1990, en la cumbre entre los presidentes Gaviria y Carlos Salinas de Gortari, de México, se discutió el tema de los cielos abiertos. Existía la duda sobre la viabilidad de las aerolíneas nacionales, pues se consideraba que tanto Avianca como Aeroméxico eran muy débiles para resistir la competencia indiscriminada y que por lo tanto era necesario fortalecerlas antes de tomar una medida de fondo en ese sentido. Se exploró en ese momento por primera vez la posibilidad de fusionar las dos compañías nacionales e incluso de invitar a Viasa para crear una megalínea aérea latinoamericana. Esta meta era compartida por la propia Avianca, cuyo presidente, Julio Leonzo Alvarez, manifestó en la última asamblea de accionistas que
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