Viernes, 21 de noviembre de 2014

| 2012/04/30 00:00

La Unión Peneya, ¿un baluarte de las FARC?

En el corregimiento donde murieron cuatro uniformados y un periodista francés desapareció, las FARC quieren parecer fuertes. En la zona, los combates crecen y dicen que 'Jairo Martínez', cuarto cabecilla del bloque Sur, se ha paseado por sus calles.

La iglesia del corregimiento La Unión Peneya, un territorio de permanente influencia de las FARC y lugar de los combates en los que, el pasado fin de semana, murieron cuatro uniformados y desapareció un periodista francés. Foto: Daniel Reina Romero / SEMANA

En los años 90, La Unión Peneya era uno de los corregimientos más prósperos del corazón de Caquetá. La bonanza cocalera era el principal argumento para que un pequeño pueblo de tres calles y cuatro carreras creciera hasta apuntar a convertirse en un municipio. Allí, en zona rural del municipio de La Montañita, la gente no tenía empleo formal, pero nada les hacía falta.

En el 2004 su población se acercaba a 3.000 habitantes. Ahora es imposible contar más de mil. El corregimiento estuvo deshabitado tres años, hasta que algunos de sus pobladores, que habían sido desplazados por ser 'carne de cañón' del conflicto armado, decidieron regresar y lo hicieron en el 2007.

Entre una época y otra el corregimiento ha tenido un rasgo común. La Unión Peneya "es y sigue siendo" un histórico "baluarte de la guerrilla", dice Ariel Ávila, coordinador del Observatorio del Conflicto Armado de la Corporación Nuevo Arco Iris.

Ni siquiera el Plan Patriota ni el Plan Consolidación, estrategias militares para recuperar la presencia y fortalecer la institucionalidad en los tradicionales dominios guerrilleros, han logrado que este corregimiento del municipio La Montañita, cercano a Los Pozos (donde en 1996 se hizo la primera liberación de soldados secuestrados por las FARC) o a El Billar (donde se registró, en 1997, el mayor desastre militar –65 militares muertos y 43 secuestrados-) sea un territorio libre de FARC.

Todo lo contrario. En la zona, dice Ávila, se han incrementado los combates y los hostigamientos. En el 2011, en la zona rural de La Montañita, se registraron 36 acciones militares, nueve más de las registradas en el 2010. Y en el presente año, contando la del fin de semana pasado, en el que murieron cuatro uniformados y se desconoce la suerte de un periodista francés que acompañaba al Ejército en un operativo, se han contabilizado 13 enfrentamientos bélicos, incluso, se han registrado ataques de las FARC con uso de granadas.

Estos actos violentos, según el gobernador de Caquetá, Víctor Isidro Ramírez, afectan el norte del departamento, especialmente los municipios de Puerto Rico, San Vicente del Caguán y Cartagena del Chairá, y además "validan la necesidad de fortalecer la presencia del Estado en el departamento".

Ramírez considera que habrá que fortalecer el Plan Consolidación del gobierno nacional y ampliarlo "mediante una presencia real y efectiva del Estado". Un componente más social es lo que reclama, que mejore la calidad de vida de los habitantes. "Eso implica mayores recursos para el Fondo Nacional de Seguridad y Convivencia (Fonsecon), para fortalecer la política de seguridad ciudadana y solidaria".

Los habitantes de La Unión Peneya, de forma cotidiana, comprueban que así como en otros rincones del país las FARC pierden terreno, en sus alrededores se fortalecen.

Ariel Ávila tiene versiones de que en diciembre pasado, a alias 'Jairo Martínez', el cuarto cabecilla del Bloque Sur de las FARC, se le vio campante por las calles de La Unión Peneya.

Y son dos los factores que, según Ávila, han permitido que las FARC mantengan su influencia.

Primero, la fuerza pública no se ha ganado la confianza de la población. Dicen en el pueblo que todos son señalados de guerrilleros. Segundo, la economía del corregimiento se sustenta en la coca, y desde el año pasado el negocio se ha fortalecido, pues los cultivos se han incrementado y la guerrilla los custodia.
 
La apuesta de las FF.MM.

El gobierno nacional dice que la política de Consolidación de las Fuerzas Armadas entró este año al municipio La Montañita, con énfasis en el corregimiento La Unión Peneya. Allí se ha firmado un pacto con la comunidad, la alcaldía y  la gobernación para llevar a cabo el plan de acción.
 
La misma comunidad asiste a asambleas y priorizan los proyectos que consideran de mayor impacto para su desarrollo.  Entre estos están las casetas comunales, los puestos de salud, mejoramiento de vías terciarias, la escuela y proyectos de pancoger, todas estas iniciativas buscan generar confianza por parte del Estado.

En esa área se tienen previstos proyectos productivos sostenibles, de infraestructura social, electrificación, desarrollo institucional, comunicaciones (celulares, radio comunitaria).
 
En Caquetá se han invertido 67.000 millones de pesos, en municipios como Cartagena del Chairá, San Vicente del Caguan y La Montañita 
  
Pese a que la región ha sido estigmatizada por años de presencia guerrillera, las tropas de la Sexta División  están instruidas para evitar señalamientos a los pobladores.

Lo que preocupa al gobierno nacional es que en esa zona las FARC manejan todo el ciclo de producción de la cocaína, desde la siembra hasta la cristalización, para ello han conformando una amplia red de milicias armadas, como las que atacaron a las tropas de la Brigada contra el Narcotráfico y que ponen en alto riesgo a la población, pues actúan de civil, se resguardan en viviendas y utilizan como escudos humanos a los pobladores, como lo señala el analista militar César Castaño. 
 
Una historia difícil de repetir

Parece que las FARC pretenden hacerse fuertes en Caquetá. Sin embargo parece imposible de repetirse la historia que vivió La Unión Peneya en los años 80, cuando con la bonanza de la coca muchos campesinos cambiaron sus cultivos.

Fueron años en los que todo cambió. El comercio se disparó y la coca era utilizada como dinero en efectivo. "Las cantinas hicieron su agosto. Había un señor que vendía maletas de pasta y cuando llegaba a tomar, tiraba un fajo de billetes al techo para que lo atendieran", cuenta Abelardo Ortiz, presidente de la Junta de Acción Comunal, quien en el 2007 se ganó el Premio Nacional de Paz junto con la población que decidió regresar a sus tierras.

Las FARC, que controlaban el negocio de la coca, impusieron sus normas. Los infieles o los que pelearan con sus parejas pagaban multas o tenían que hacer trabajos forzosos, y los ladrones eran desterrados o sentenciados a muerte "como los sapos".

Las ruinas del cementerio son testimonio de ese dominio, pues allí un comandante conocido como el 'Mocho César' levantó un mausoleo en mármol para sus hombres dados de baja. Cuentan que murió en combate poco antes de que la comunidad fuera desplazada, y su tumba se convirtió en sitio de peregrinación para pedir milagros.

Eso fueron los años de la bonanza. La Unión Peneya hoy no es un pueblo próspero. Las oportunidades siguen faltando. El Estado ha incrementado su presencia, pero el corregimiento sigue siendo un territorio donde las FARC están presentes.

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