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| 12/14/2013 5:00:00 AM

La salud en sala de espera

Si hay algo en lo que están de acuerdo los colombianos es en la necesidad de que se cambie el sistema de salud.

El 2013 quedará como el año en el que la salud se convirtió en un derecho fundamental, tan importante como el de la vida, gracias a la Ley Estatutaria aprobada en junio por el Congreso. Muchos pensaron que esa iniciativa abriría el camino para modificar el modelo que le dio vida al aseguramiento individual, a las EPS y al POS. No obstante, durante este año también quedó en estado crítico la tan cacareada reforma, que iba a llevar a los colombianos del infierno al paraíso.

El propio presidente, Juan Manuel Santos, y su ministro de Salud, Alejandro Gaviria, radicaron en marzo el proyecto de ley para crear “un nuevo modelo más eficiente y sencillo”. Sin embargo, una vez que el Senado entró a discutir la propuesta, esta se fue hundiendo en un pantano legislativo.

Desde las primeras discusiones, fue evidente que el gobierno no tenía completamente claro cuál era el modelo de salud que quería. Vendió la idea de crear Salud Mía, una entidad pública para administrar los más de 26 billones de pesos que mueve el sector. Propuso Mi-Plan, que no es más que el POS de la actualidad al que se le van a sumar los procedimientos que los pacientes obtienen hoy por tutela. Y para ponerle freno a la intermediación financiera y a las barreras con las que a diario se encuentran los usuarios en los centros de atención, planteó transformar las EPS en gestoras.

Sin embargo, todos quisieron imponerse sobre los demás y la discusión de lo que debe ser la salud en Colombia entró en un diálogo de sordos. Los pacientes y sus asociaciones quieren un sistema de salud en el que se les dé todo sin limitaciones, algo que ni siquiera ocurre en Francia, Reino Unido o Canadá. Por su parte, los médicos propusieron acabar con las EPS, la intermediación financiera, recuperar la autonomía médica y pedir un modelo que se centre en los pacientes y no el negocio.

Las farmacéuticas no quieren controles de precios, como lo propone la ley, ni mucho menos que se les permita la competencia de medicamentos biotecnológicos, los mismos que han ordeñado y casi arruinado el sistema de salud. Y por supuesto las EPS, que fueron presentadas como el cáncer que debía ser extirpado, han logrado mantenerse, por la dificultad que tienen el gobierno para reemplazarlas o para acabarlas.

Cuando hay tantos intereses y conceptos tan variados que han llevado a que algunos sectores pidan que la salud se estatice, el gobierno es el que tiene que entrar a definir. Y eso es lo que más le ha costado. Que no quiere EPS, pero crea las gestoras; se plantea que haya inversión privada pero no hay reglas claras, o habla de una salud que les dé a los pacientes todo lo que necesitan, pero les pone límites financieros y técnicos, algo que es lógico y por donde se debió empezar. Esas dudas llevaron a que el proyecto inicial terminara siendo un arbolito de Navidad al que le colgó de todo, hasta una reforma educativa y laboral que terminó con los médicos y estudiantes protestando en las calles.

Al final, y a pesar de que el gobierno no logró que el proyecto se discutiera en tercer debate, el balance no es del todo malo, pues la controversia nacional logró poner a la salud en un nivel prioritario que debe resolverse integralmente. Además, el modelo de aseguramiento individual, es decir, el que cada colombiano solo o con la ayuda del Estado debe tener, se mantendrá; y lo que es más importante, el Estado vuelve a asumir un papel activo de rector, ordenador y controlador de la salud, algo que había abandonado con la Ley 100.

Sin embargo, las dudas se mantienen en cómo lo hará y de dónde saldrá la plata para pagar todos los cambios que los colombianos quieren. La salud en 2014, en medio del debate electoral, se convertirá sin duda en un punto importante de discusión, junto a la paz.
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