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| 4/23/2001 12:00:00 AM

La verdad verdadera

Después de todas las especulaciones, contradicciones y mentiras,el hombre trasladado a Cuba sí era un guerrillero raso.

El miercoles 7 de junio del año pasado a las 2:30 de la tarde el capitán Oscar Acosta Gómez, quien comandaba el helicóptero Hughes 500 de matrícula HK-1934 de la empresa Avieco, recibió una orden perentoria de la torre de control radio Barranquilla, que opera en el aeropuerto Ernesto Cortissoz de esa ciudad, y la cual tiene a su cargo el control de

todos los vuelos de helicópteros en la zona. En ella se le informaba que debía regresar de inmediato al aeropuerto de Valledupar. Los controladores le hicieron saber al piloto que su aeronave estaba por encima de los límites de altura permitidos para vuelos nacionales y que se encontraba a punto de ingresar a territorio venezolano sin un plan de vuelo autorizado por la Aeronáutica Civil.

Para su sorpresa, los controladores se encontraron con un segundo interlocutor que también viajaba en el helicóptero. Se trataba de Michael Schiffer, quien se identificó como delegado de la Cruz Roja Internacional. Después de la presentación de rigor y de escuchar una vez más el requerimiento de los controladores Schiffer les informó: “Quiero decirles a ustedes que este vuelo se trata de una gestión humanitaria de la cual tiene conocimiento el alto gobierno de Colombia y Venezuela y que además cuenta con el visto bueno del alto comisionado para la Paz, Camilo Gómez”. El capitán Acosta informó que su destino final era Maracaibo, en Venezuela. Los argumentos expuestos por los delegados de la Cruz Roja fueron suficientes para que los controladores aéreos permitieran que la pequeña aeronave continuara su rumbo al vecino país.

Hasta ese momento ni el piloto ni el delegado de la Cruz Roja hicieron comentario alguno sobre la labor humanitaria que había empezado ese día muy de madrugada en las selvas del sur de Bolívar. La historia comenzó a conocerse seis meses después, cuando el entonces jefe de la poderosa Dirección de Servicios de Seguridad y Prevención del Estado (Disip), Jesús Urdaneta Hernández, presentó renuncia a su cargo ante el presidente venezolano Hugo Chávez, en buena parte por lo que había ocurrido en el misterioso vuelo del 7 de junio.

Jesús Urdaneta denunció que el capitán de navío (r) Ramón Rodríguez Chacín, quien ocupaba la subdirección de la Disip, había enviado una carta al Comité Internacional de la Cruz Roja, delegación de Venezuela, para facilitar el tránsito de un guerrillero herido procedente de Colombia en dirección a Cuba. Y que al día siguiente Rodríguez Chacín había supervisado la llegada en el aeropuerto de Maracaibo del helicóptero Hughes 500 con el herido. Y que además había pagado 134.000 bolívares de impuestos de salida y el valor del contrato de la empresa aérea que transportó al guerrillero rumbo a Cuba para su tratamiento médico. Estas afirmaciones de Urdaneta nunca fueron desmentidas por Rodríguez Chacín, quien se ha convertido en el hombre clave del presidente Chávez para tender puentes con los grupos guerrilleros colombianos.

A pesar del escándalo que se formó en Venezuela por las explosivas declaraciones del ex director de la Disip el asunto pasó a un segundo plano, sin siquiera conocerse la identidad del guerrillero que había sido auxiliado por la Cruz Roja Internacional dentro de los acuerdos de asistencia humanitaria que hacen parte de los protocolos de Ginebra. Quien se ocupó del tema fue el candidato de la oposición, el coronel retirado Francisco Arias Cárdenas, quien había sido compañero de armas de Chávez e hizo parte de la intentona de golpe contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez. Arias mostró en la plaza pública una serie de fotografías en las que mostraba el aterrizaje del helicóptero procedente de Colombia con el guerrillero herido y su posterior trasbordo a una avioneta que despegó rumbo a Cuba.



La confusion

Las denuncias de Urdaneta y de Arias fueron flor de un día y con el paso del tiempo quedaron en el olvido. Pero la semana pasada el periódico El Universal de Caracas, que se ha caracterizado por ejercer una fuerte oposición al gobierno de Chávez, atizó el fogón. En un artículo firmado por la periodista Alicia La Rotta Román y titulado ‘Gobierno ayuda a líder de Farc’, el diario denunció que el guerrillero transportado desde Colombia a Maracaibo el 7 de junio del año pasado era ni más ni menos que Germán Briceño Suárez, alias ‘Grannobles’, hermano del jefe militar de las Farc, el ‘Mono Jojoy’, y comandante de los frentes 10 y 45 de esa agrupación subversiva.

De acuerdo con la información del diario caraqueño ‘Grannobles’ había sido herido tras una serie de bombardeos de las Fuerzas Militares colombianas en su área de influencia y que el gobierno de Hugo Chávez había designado al capitán (r) Rodríguez Chacín para adelantar una serie de contactos directos con las Farc con el fin de poder prestarle la ayuda al hermano del ‘Mono Jojoy’ y poderlo sacar hacia Cuba. Toda esa información del diario El Universal estaba atribuida a fuentes venezolanas de inteligencia militar .

Como era de esperarse, semejante noticia causó revuelo internacional y se convirtió en el plato principal de la reunión de los presidentes Andrés Pastrana y Hugo Chávez, quienes debieron modificar su agenda, que inicialmente estaba diseñada para tratar asuntos comerciales binacionales, para ocuparse del espinoso tema del posible traslado de ‘Grannobles’. El caso tomó tales proporciones que hasta el Departamento de Estado en Washington afirmó que le pediría cuentas al gobierno de Venezuela, pues ‘Grannobles’ está sindicado de ser el autor intelectual del asesinato de los tres indigenistas estadounidenses ocurrido hace más de dos años en Arauca. Por este crimen el gobierno de Estados Unidos solicitó en extradición a ‘Grannobles’.

La publicación de la noticia en Caracas cogió aún mayor fuerza cuando el propio ministro de Defensa, José Vicente Rangel, señaló en una rueda de prensa que, en efecto, el gobierno de su país había prestado estos servicios dentro del marco de los acuerdos humanitarios. A medida que crecía el escándalo el propio Rangel, en una nueva declaración al día siguiente, manifestó que la publicación hecha por el periódico de Caracas era completamente falsa. A esa confusión se sumaron las declaraciones del canciller venezolano, quien públicamente desmintió las primeras versiones que había dado Rangel sobre el tema.

Mientras tanto en Colombia la noticia se regó como pólvora y los interrogantes comenzaron a surgir de si verdaderamente el guerrillero transportado ese 7 de junio era ‘Grannobles’. En un principio el argumento para que esta versión comenzara a tomar fuerza se basó en una radiocomuncación interceptada al ‘Mono Jojoy’ ese mismo día, en la cual el comandante militar de las Farc le comunicó al comandante del frente 43 que “por ahí ‘Grannobles’ iba para el frente y tuvo un accidente grave. Bastante grave. Un accidente vehicular, pero entiendo que ya no se muere el hombre. Que está en reposo. Cuando se trata de salvar la vida hay que hacer lo que sea. Si uno se muere no vale nada…”.

No obstante hubo varios hechos que llevaron a las autoridades colombianas a concluir que ‘Grannobles’ no era el misterioso guerrillero transportado a Maracaibo y luego a La Habana. Primero, tres meses después del incidente ‘Grannobles’ apareció en el famoso video que la guerrilla permitió filmar a un grupo de madres de los soldados retenidos, quienes aparecían en una especie de campo de concentración cercado con alambre de púas y en condiciones infrahumanas. Posteriormente, en las múltiples visitas de delegaciones internacionales, ‘Grannobles’ fue visto en la zona de distensión. Para reafirmar que el guerrillero herido y transportado a Cuba no era ‘Grannobles’ el propio alto comisionado de Paz, Camilo Gómez, señaló el miércoles pasado que el gobierno colombiano nunca había autorizado el traslado del hermano del ‘Mono Jojoy’ a Cuba. Descartado ‘Grannobles’, el misterio continuaba. ¿Quién era el ya famoso guerrillero trasladado de las selvas del sur de Bolívar?

Para los analistas resultaba poco creíble la versión oficial que entregó el propio presidente Chávez en una alocución televisada el jueves pasado, según la cual el mandatario señalaba que la persona trasladada a Venezuela, y posteriormente a Cuba, era un joven guerrillero raso de 18 años perteneciente al ELN. La principal debilidad de la versión oficial venezolana estaba en el hecho del despliegue realizado por tres gobiernos (Colombia, Venezuela y Cuba), más la Cruz Roja Internacional, para desplazar desde las selvas colombianas a un combatiente sin ninguna jerarquía dentro de esa organización subversiva. Semejante operativo sólo era justificable si se trataba de un comandante guerrillero.

A esa confusión se sumó el silencio que guardaron sobre el tema los voceros del propio ELN, que optaron por mantener un total hermetismo sobre el asunto. Como si ello fuera poco, las directivas de la Cruz Roja Internacional incurrieron en algunas imprecisiones. George Cominos señaló a SEMANA que el traslado del guerrillero herido se había llevado a cabo con el consentimiento de las Fuerzas Armadas. Sin embargo el comandante de la institución castrense, general Fernando Tapias, negó rotundamente haber sido informado sobre la operación. Cominos también dijo que el documento publicado por el periódico El Universal de Caracas era apócrifo y fraudulento. No obstante los periodistas de ese diario indicaron que el miércoles pasado, un día antes de la publicación, se habían comunicado con la Cruz Roja para obtener una versión oficial del tema y ésta había sido recibida al día siguiente en un fax enviado desde Colombia, en la que señalaban que ellos no habían participado en el traslado de ‘Grannobles’.



La prueba reina

A pesar de las múltiples especulaciones que se hicieron respecto al misterioso guerrillero evacuado del sur de Bolívar la verdad salió a flote después de la reunión entre los presidentes Pastrana y Chávez. La prueba reina para conocer a ciencia cierta la identidad del guerrillero herido que fue transportado por la Cruz Roja a Maracaibo es un fax fechado el 23 de mayo del año pasado y que llegó a las oficinas de la Cruz Roja Internacional en Ginebra, Suiza. El remitente era Pablo Beltrán, tercer comandante del ELN, y su destinatario era Reto Meister, jefe de la Cruz Roja Internacional para el área de América Latina. En esa comunicación Beltrán solicitaba la intervención humanitaria del organismo internacional para trasladar a un combatiente que presentaba un disparo de fusil en la cabeza y que su estado de salud era muy crítico. Beltrán le solicitó a la Cruz Roja Internacional su intervención para trasladar al guerrillero hasta Maracaibo y posteriormente su envío a Cuba.

Hecha esta solicitud, la sede de Ginebra se comunicó con su oficina en Colombia para ponerla al tanto del asunto. George Cominos, a su vez, entró en comunicación con el Alto Comisionado de Paz, a quien le expuso el caso y le pidió el permiso oficial para que la Cruz Roja pudiera entrar a participar en la asistencia humanitaria. Los delegados del organismo internacional fueron muy claros al argumentar que el estado de salud del guerrillero era muy crítico. La misma Cruz Roja se encargó de contratar el helicóptero de la empresa Avieco, a la que le canceló la cifra de 17.460.456 pesos por siete horas de vuelo. También contactó al gobierno de Venezuela para que permitiera el aterrizaje del helicóptero en Maracaibo.

La identidad del misterioso guerrillero que fue trasladado a Cuba se vino a conocer al final de la semana. Se trata de Carlos Buenahora, un joven de 19 años, quien hoy todavía se encuentra en Cuba. De acuerdo con el Alto Comisionado de Paz, su estado de salud todavía es delicado. Buenahora fue alcanzado por una mina quiebrapatas y sus graves heridas le hicieron perder una pierna, un ojo y le dejó inmovilizado uno de sus brazos.

Si bien es cierto que por fin se hizo claridad sobre la identidad del guerrillero, también queda en claro que toda esta confusión, que puso en peligro las relaciones entre los dos países y que alcanzó a causar malestar en el gobierno de Washington, se habría podido evitar si desde un principio el alto gobierno colombiano hubiera informado de las verdaderas razones por las cuales se permitió que la Cruz Roja asistiera humanitariamente a Buenahora. Contrario a ello, se dejó crecer una bola de nieve que alcanzó a afectar nuevamente el proceso de paz, que hoy se encuentra en uno de los momentos más trascendentales desde que se iniciara hace dos años y medio. Por un lado, el presidente Pastrana está a las puertas de concretar el acuerdo humanitario que permitirá la salida de cerca de 35 guerrilleros para que las Farc devuelvan, en una primera fase, 65 soldados retenidos. Y, por el otro, las negociaciones con el ELN están a punto de dar fruto para encontrar por fin una salida para el despeje en el sur de Bolívar y que ese grupo subversivo pueda llevar a cabo su convención nacional.

Lo que queda claro con este episodio es que la poca claridad del mismo gobierno en el manejo del tema de la paz lleva a que este tipo de especulaciones crezcan de tal manera que terminen por afectar al mismo proceso
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