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| 3/8/2014 2:00:00 AM

La carretera de la muerte

La Vía al Mar entre Cartagena y Barranquilla es una de las rutas más peligrosas de Colombia. Solo en estos dos meses ha habido 22 accidentes.

Hay tragedias que, de tajo, desnudan el país. La noche del sábado pasado, una buseta de la empresa Marsol viajaba, llena de turistas, entre Barranquilla y Cartagena. Después de gozarse la Batalla de las Flores en el carnaval, sus vacaciones seguían en la ciudad amurallada. Casi todos dormitaban, cuando a la altura del kilómetro 37, una volqueta se atravesó. El minibus se estrelló contra el camión y rodó en pedazos por la berma. Antes de que llegaran los socorristas, una banda de ladrones robó celulares, morrales y lo que se encontraran. Cuando por fin las ambulancias hicieron presencia, ya era demasiado tarde para Ricardo Alfonso Aldana y María Paz Aldunate, dos estudiantes chilenos de paseo en la costa, y para Urbano Lambis, el conductor del vehículo.

No son las primeras vidas que se llevó la Vía al Mar, como es conocida una de las dos carreteras que unen las dos grandes ciudades costeñas. En lo que va del año se han registrado ya tres choques con varios muertos, decenas de heridos, sin contar otros accidentes graves. Pero el drama no para ahí. En la región consideran que la ruta es brava. En junio de 2012, una pediatra bogotana viajaba a Barranquilla con su hijo de 2 años y su esposo cuando les salió de frente una 4x4. Ninguno sobrevivió a la colisión.

En octubre siguiente, Miriam Martínez, exdirectora de Fiscalías en Cartagena perdió el control de su Nissan cuando se chocó con una ‘zorra’ en un sector mal iluminado y murió al golpearse contra un árbol. A los pocos días una van de la empresa La Costeña se estrelló con una camioneta que invadió su carril y cinco personas fallecieron. El Consorcio Vía al Mar, que administra los 109 kilómetros de la carretera, indicó que en 2013 tuvieron un promedio de 20 accidentes por mes.

Una cifra absurda, sobre todo cuando a primera vista esta no parece ser una trampa mortal. Un viajero que la transita con frecuencia dijo que “está bien mantenida, hay buena señalización, bermas, líneas reflectoras demarcadas”. Pero padece muchos de los males de las rutas colombianas. Atraviesa poblados donde surgen en cualquier momento un peatón, un ciclista o un animal. La ubicación de los radares de control de velocidad es conocida por todos. El proyecto de volverla doble calzada está retrasado por complicaciones con la compra de predios y consultas previas. Pero ante todo, el problema está detrás del volante.

Los sobrevivientes de la desgracia del sábado contaron que el chofer manejaba por encima de los límites de velocidad, hablaba por teléfono y no respetó las distancias de seguridad. Para el consorcio “es imposible controlar el accionar de conductores infractores que fruto del buen estado de la vía, exceden los límites de velocidad”. Acelerador a fondo, imprudencia, infraestructura inadecuada, un coctel tristemente clásico que plaga las rutas de Colombia a niveles epidémicos. Los accidentes de tránsito, que en 2012 cobraron 5.500 vidas, son la primera causa de mortalidad de las personas de 15 a 44 años. Una tragedia que cuesta, según el Fondo de Prevención Vial, 0,9 por ciento del PIB.

Ese mismo instituto le pidió en 2013 a la organización iRAP (International Road Assessment Programme) evaluar la seguridad vial. Después de transitar 11.000 kilómetros, las vías sacaron en promedio dos estrellas sobre cinco y el estudio concluye que para andar seguros, los colombianos no deberían sobrepasar los 40 kilómetros por hora. Otro informe del Banco Mundial, en 2013, llega a decir que en Colombia “no hay una política de seguridad vial”.

El gobierno anunció la creación de la Agencia Nacional de Seguridad Vial y que la cuarta generación de concesiones se ajustará a las normas internacionales de seguridad. Se calcula que de aquí a 2020 en el país rodarán 54 por ciento más vehículos y 152 por ciento más motos. Si no se actúa, el funesto ‘ejemplo’ de la Vía al Mar puede volverse contagioso. 
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