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| 7/27/2003 12:00:00 AM

La violencia vacía

En el foro Conflicto Armado y Juventud quedó en evidencia la falta de una política oficial para arrebatarle jóvenes a la guerra.

Colombia es un pais joven. Uno de cada cinco colombianos es menor de 26 años y eso es una buena noticia. La mala es que la probabilidad de que este joven mate o muera en forma violenta es cuatro veces mayor que la de cualquier adulto. Aún peor, no existe una verdadera política de juventud que reverse esta situación. Esta fue una de las conclusiones a las que llegaron los expertos que asistieron al foro Conflicto Armado y Juventud, organizado el pasado miércoles por la revista SEMANA, El Tiempo, Caracol, Confecámaras, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) y la Fundación Restrepo Barco. En Colombia existen casi 11 millones de jóvenes, de los cuales -según cifras conservadoras- 300.000 han sido desplazados de sus tierras y más de 24.000 militan en los grupos armados. "Los jóvenes que se vinculan a la guerra buscan el pan, el sentido de pertenencia y un protagonismo que la sociedad les niega", dijo en su ponencia Alonso Salazar, autor del libro No nacimos pa'semilla, sobre la generación de sicarios de Medellín. "Frente a esto hay más discurso que políticas de juventud". El director del programa gubernamental Colombia Joven, Nicolás Uribe, admitió durante el foro que "la política de juventud ha sido una política de discurso", pero rescató que finalmente el país cuenta con un sistema completo de información sobre este segmento que permitirá incorporar las necesidades específicas de los jóvenes en los programas de gobierno. Los demás expertos coincidieron en que la política oficial tiene que ir más allá del tema de cobertura educativa pues está comprobado que siete de cada 10 combatientes no han cumplido 30 años. Marc-André Franche, quien participa en la elaboración del Informe nacional de desarrollo humano, próximo a ser divulgado por el Pnud, explicó que el peso de los muertos es desigual entre los jóvenes. Los que matan y mueren son sobre todo del área rural y de estratos bajos. Los que corren mayor riesgo son los que han sido maltratados por sus familiares, los que son hijos de combatientes y los que vienen de familias con problemas. Y un punto interesante: los jóvenes más proclives a involucrarse en el conflicto armado provienen de 60 municipios del Meta, Putumayo y Tolima. El senador Antonio Navarro Wolff dijo que precisamente por esto es imprescindible que el gobierno enfile sus esfuerzos hacia la creación de oportunidades para los jóvenes rurales, un punto ausente en la política de seguridad del gobierno. Actualmente sólo 60.000 de los 1,5 millones de cupos escolares que se piensan crear están destinados a los jóvenes rurales. Quizá todavía es tiempo de replantearlo. También valdría la pena que se discutiera más a fondo la polémica propuesta que hizo el presidente Alvaro Uribe, al clausurar el seminario, de cambiar la Constitución para que niños y niñas respondan penalmente como adultos a partir de los 15 años. Como dijo el joven Julián Quintero, también en el foro, "los jóvenes debían estar estudiando y pasando bueno". Por lo menos no deberían estar 'jugando' con fuego. Y preferiblemente tampoco tras las rejas.
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