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| 8/26/2014 12:00:00 AM

La virgen que dio el número ganador

La historia detrás de los 6.996 apostadores que se ganaron el chance con la fecha que conmemora la devoción a la Virgen del Carmen.

La vieron en sueños; le prometieron dejar el trago; se arrodillaron ante ella para pedirle lo del arriendo y los servicios. Y la Virgen, sin hablar, les respondió. O al menos eso creen miles de personas en Antioquia que se ganaron el chance el viernes hace dos semanas.
 
A las 11 de la noche del viernes 15 de agosto, la máquina lanza pelotas de la Lotería de Medellín se encendió.
 
La seriedad de piedra de las tres delegadas de rifas juegos y espectáculos; la modelo y su vestido rojo con negro y la locación parecían la misma escena copiada de cada viernes, de no ser por las cifras ganadoras que fueron apareciendo en pantalla: nueve, siete, uno, seis.
 
Quién sabe cuántas camándulas se apretaron o cuántas angustias se disiparon en el instante en el que la presentadora, en vivo y en directo, pronunció esos tres últimos números que corresponden a la fecha en la que cada año se conmemora la devoción a la Virgen del Carmen: el 7-16. O julio 16, depende como se mire.
 
En el momento de sorteo, además, faltaba una hora exacta para que se cumpliera un mes de celebrada la fiesta de la misma Virgen, una patrona que dicen protege a los conductores desde el altar. Y a los apostadores, por lo visto.
 
En el sistema de la empresa Gana S.A., el único concesionario autorizado en Antioquia para la comercialización del chance, quedó registrado que 6.996 personas le habían apostado al número de la Virgen. Eran 1.558 millones de pesos que debían repartirse entre los ganadores, cuando el promedio por sorteo cada fin de semana es de 500 o 700 millones.
 
Pero, ¿cuánto se llevó cada uno? El chance paga 4.500 pesos por cada peso apostado, si se aciertan las cuatro cifras que salen del resultado de la lotería. De modo que si alguien le apostó 1.500 pesos al 9716 pudo reclamar por ventanilla 504.000 pesos, descontando el Iva.
 
El 12 de julio pasado no fue la Virgen sino James Rodríguez —un bendecido, pero para el fútbol— el que le dio la suerte a 233 personas que se aventuraron con el 1223, es decir, la fecha de nacimiento y el número de años que cumplía el jugador aquel día del sorteo.
 
Pero en un país acostumbrado a la trampa vale preguntarse si lo de la Virgen no esconde  otros velos, como ocurrió en 1999 cuando comenzaron a aparecer números ganadores en escamas de pescados o sobre caparazones de tortugas suertudas. En aquella oportunidad, la Dijín de la Policía descubrió que detrás había una red de estafadores esparcidos por todo el país, que encontraron la forma de adulterar las ruedas fichet, con las que funcionaban las loterías.
 
Leonardo Echeverri es el director logístico de la Beneficencia de Antioquia, entidad encargada de vigilar y garantizar la seguridad de los juegos de azar, entre los que está la Lotería de Medellín. Según él,  pocos saben que antes del sorteo, cada una de las balotas es pesada delante de testigos y frente a una cámara.
 
La máquina que lanza las balotas trabaja gracias a un sistema hidroneumático, un motor que genera fuerza combinando aire y fluidos. Es el único propulsor autorizado y hasta ahora el más confiable. En cuanto al chance, cada vez que un apostador registra un número, la información llega en línea a tres data center o cerebros que almacenan la información en Medellín, en Bogotá y en la Superintendencia de Salud.
 
Lo sucedido con la Virgen, interpreta Alejandro González, director comercial de Gana, no es más que el fruto de una tradición perpetuada por los apostadores, que en su mayoría se ubican en el estrato dos y tres. Antioquia es el departamento que más juega chance en el país. “Es un número que históricamente juegan por agüero, por fe. Como también lo son el 1212, el 1845, el 1945; que son los famosos ‘números de pueblo’”, dice.
 
La pregunta obligada es, ¿qué probabilidades hay de que un número de estos caiga? Ángela Ordoñez Castro, coordinadora estadística de Cifras & Conceptos discutió con su equipo el asunto. La conclusión luego de analizar las variables es que la posibilidad de ganar un chance es de una entre 10.000.
 
El matemático Antonio Vélez, de la universidad Eafit, de Medellín, pone sobre la mesa un ejemplo más digerible. “Ponga en fila 10 mil cajitas de fósforos, una detrás de la otra, suponiendo que cada una de ellas tenga un grosor de un centímetro. Eso le da 100 metros o una cuadra, es decir, lo mismo que mide la pista del Atanasio Girardot”.
 
Según Vélez, es mucho más fácil ganarse el chance que el Baloto. Con éste último juego la posibilidad es de uno entre ocho millones. Es como si uno filara ocho millones de las mismas cajitas, con la idea de que solo en una de ellas está el número ganador. El resultado son 80 kilómetros de posibilidades.
 
Vélez tiene razones para no creer ni en la suerte ni en la intersección de la Virgen en la apuesta. “El número que sale hoy no tiene nada que ver con el número que va a salir mañana. Si no hay trampa, existe la misma probabilidad de que caiga el 0000 que el 9716”. Desde el punto de vista matemático la única regla que aplica en el chance, con el perdón de la Virgen, de James y hasta del número de la tumba de Diomedes Díaz, es que quien juega siempre a la larga pierde.
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