Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2006/11/18 00:00

La visión de un oficial del Ejército

Un alto oficial del Ejército que prefirió mantener su nombre en reserva escribió este artículo exclusivo para SEMANA.COM sobre este debate. "Los militares colombianos debemos ser capaces de debilitar y en el mejor de los casos derrotar al enemigo utilizando el engaño y la menor fuerza posible, para hacer viable una paz más estable y duradera", dice.

La visión de un oficial del Ejército

La Legitimidad como Centro de Gravedad de la Fuerza Pública


Como bien lo decía Sun Tzu y tantos otros estrategas, la guerra se libra principalmente en el campo político es decir en los intangibles y solo en una tercera parte en el campo de batalla. Así como se ha identificado el centro de gravedad de nuestro enemigo en sus finanzas ilegales y los cabecillas, no debe caber la menor duda que la fortaleza radica en la confianza y credibilidad que el pueblo colombiano y la comunidad internacional puedan tener en la Fuerza Pública. Si un Estado, pierde legitimidad ante los ojos del pueblo, de poco será lo que, en última instancia, le servirá el respaldo de las armas. Nos enfrentamos a una etapa decisiva dentro del conflicto, donde el debilitamiento militar del enemigo es determinante para cortarle su prepotencia y conducirlo de manera forzosa a negociar, pero no por ello y en el intento podremos perder la legitimidad y la confianza que con tanto sacrificio hemos ganado a lo largo de estos últimos años.

Existen los medios y los métodos legítimos y lícitos para el logro de ese fin. De allí la importancia de conocer de manera amplia y suficiente aquellas herramientas con que se cuenta diferentes a las armas para hacer la guerra y ganarla, dentro de los preceptos constitucionales y legales.

El derecho internacional de los conflictos armados, como se conoce en el medio militar o derecho internacional humanitario como se conoce comúnmente, no prohíbe la guerra, pero si la regula, con el propósito que las partes involucradas acepten unas reglas y eviten los desbordamientos de la violencia. El principio de humanidad no se contrapone a los intereses militares y por el contrario enaltece a los líderes militares y a sus soldados.

El derecho internacional humanitario abarca dos clasificaciones básicas, a saber: el derecho de la Haya que habla de las normas de limitación en cuanto a medios (armas químicas y bacteriológicas) y métodos ilícitos para hacer la guerra (envenenamiento de aguas, bombardeos indiscriminados, etc) y El derecho de Ginebra que contiene normas relativas al respeto y protección del ser humano y sus bienes cuando se está en situación de conflicto. Es por esta razón que el derecho internacional humanitario es considerado un derecho de mínimos, toda vez que lo que pretende es reducir el sufrimiento y la destrucción en una situación especial como es el caso de una guerra. Es esta quizás, la principal diferencia entre del DIH y los DH, que es por su parte, un derecho de máximos, pues su objetivo primordial es la protección del individuo en condiciones diferentes a la de una confrontación armada. Existen eso sí, derechos que son inalienables y cuya vigencia es permanente, incluso en estado de guerra y ellos son: el derecho a la vida, la libertad, la igualdad ante la ley, la no esclavitud, la no tortura, el juicio justo, entre otros.

El ámbito de aplicación del DIH está enmarcado por dos situaciones especiales a saber: Conflictos de carácter internacional y conflictos de carácter no internacional o nacional. El conflicto de carácter internacional quedó proscrito desde la firma de la carta de San Francisco en 1945 y esta solo se justifica a partir de ese año por tres razones:
a. Legítima defensa
b. Uno o mas estados que atenten contra la paz mundial
c. Lucha por liberarse de la dominación u ocupación ejercida por estado extranjero.

Las normas que regulan estos conflictos de carácter internacional son los cuatro convenios de Ginebra de 1949. Los cuales fueron anexadas a la normatividad interna del Estado colombiano con la Ley 5 de 1960 y El protocolo adicional I de 1977 se aprobó con la Ley 11 de 1992. El contenido de estas normas es el siguiente:
a. Convenio Primero. Para aliviar la suerte que corren los heridos y enfermos de las Fuerzas Armadas en campaña.
b. Convenio Segundo. Para aliviar la suerte que corren los heridos, enfermos y los náufragos de las Fuerzas Armadas, cuando el conflicto suceda en el mar o en otras aguas.
c. Convenio Tercero. Para regular la protección y asistencia los prisioneros de guerra.
d. Convenio Cuarto. Para regular la protección y asistencia a la población civil en tiempo de guerra.
e. Protocolo I de 1977, adicional a los convenios de Ginebra y que amplía las normas que regulan los conflictos armados internacionales, relativa a la protección de las victimas y especialmente de la población civil.

Para el caso de los conflictos de carácter no internacional, el cual se da al interior de un estado y entre las Fuerzas Armadas y las Fuerzas Armadas disidentes, o entre las Fuerzas Armadas y grupos armados organizados, se regula por lo establecido en el artículo 3 común a los cuatro convenios de Ginebra de 1949 y el protocolo adicional II de 1977. Esta segundo norma se aprobó para Colombia con la Ley 171 del 16 de Diciembre de 1994. Tanto la constitución política de Colombia en su artículo 214 hace mención de manera general de las reglas del DIH como el código penal (Ley 599 de 2000) en cuyo capítulo octavo, Título II, relaciona veintinueve delitos contra las personas y bienes protegidos por el Derecho Internacional Humanitario y el Reglamento de Régimen disciplinario para las Fuerzas Militares, Ley 836 de 2003 y Ley 734 de 2002 Código Disciplinario Único. En esta norma se prevén como gravísimas, las infracciones o violaciones al derecho internacional humanitario.

Ante este cúmulo de normas de ineludible cumplimiento ético, moral y material y con la convicción de que su estricto cumplimiento antes que debilitar el accionar militar lo fortalece y enaltecen, la Fuerza Pública colombiana, tiene todo dado para cristalizar el sueño de un pueblo cansado de violencia, corrupción y barbarie. Antes que pensar en el aniquilamiento del enemigo, que en el caso colombiano son nuestros mismos hermanos, el estratega militar debe estar pensando en el restablecimiento del orden constitucional en aquellos lugares donde el Estado no ha hecho presencia nuca, o lo ha dejado de hacer por muchos años.
 
Colombia, ante el repliegue del enemigo, considerado por algunos, táctico y por otros estratégico, debe hacer uso de aquellos medios absolutamente válidos y contundente pero a la vez intangibles como son: la inteligencia, el engaño, la sorpresa, la maniobra, los medios psicológicos, etc. El enemigo está débil militar y políticamente, y es el momento de atacarlo, no solo mediante el uso de las armas del estado sino con los intangibles y quitarle ese poco respaldo que le queda de la población en las áreas donde ha gobernado y hecho presencia desde siempre.

El principal mensaje del autor, desde mi punto de vista, y que termina constituyéndose en la tesis del libro, es el de poder dominar al enemigo sin combatirlo. Este planteamiento que a la vez se convierte en reto, no solo encierra un profundo significado, sino que obliga al estratega al diseño del mejor de los planes militares para el logro de los objetivos políticos de la guerra.

Se analizan las cualidades morales, emocionales e intelectuales del general. La inteligencia hace parte fundamental de este patrimonio de los intangibles unido a añagaza y el engaño. En términos generales podría decirse que la tesis principal del autor radica en el arte de hacer la guerra en términos de humanidad y con la destrucción mínima necesaria.

El líder militar hábil deberá estar en capacidad de doblegar al ejército enemigo sin necesidad de combatir, tomarse las ciudades sin destruirlas ni sitiarlas y derrotar al estado sin necesidad de causar grandes matanzas. La guerra no deberá concebirse en términos de grandes mortandades y destrucción; apoderarse de todo o casi todo sin destruirlo o dañando lo mínimo, es el objetivo propio de su estrategia.

La Planificación antes de la toma de decisiones es para Sun Tzu fundamental, pues este conocimiento amplio y certero del enemigo, permite el desarrollo de operaciones militares rápidas, efectivas y con costos reducidos. El desarrollo de esta teoría lleva al planteamiento de una de sus frases célebres, como es: “ningún país se ha beneficiado alguna vez de una guerra interminable.”

La buena conducta de los hombres es fundamental para la obtención del éxito. Por esa misma razón plantea que el general debe ser un hombre de amplias cualidades morales, emocionales e intelectuales. Del comportamiento del líder se deduce el comportamiento de sus hombres.

El poder de la inteligencia, el engaño y la desorganización del enemigo a través del falso rumor, son elementos básicos y validos para el desarrollo de la guerra. Difundir rumores falsos, e informaciones equívocas, corromper y sublevar oficiales, crear y exacerbar odios para generar la discordia interna son tácticas poderosas en el objetivo de dominar al enemigo. Los espías activos en todos los niveles, verificando la situación y los planes enemigos. Para cuando llegue la batalla el ejército victorioso atacará un enemigo desmoralizado y derrotado.

Si resulta imposible lograr la victoria sin combatir, la guerra se debe dar con el cumplimiento de los siguientes preceptos: en el menor tiempo posible, con el menor costo posible en vidas y esfuerzos, causando en el enemigo el menor número de bajas.

Sun Tzu hace mención de un episodio anecdótico de un discípulo de Confucio; “Suponiendo que tuviera usted el mando de tres huestes, ¿a quién elegiría para que le ayudara? El Maestro dijo: No escogería al tipo de hombre que estuviese dispuesto a desafiar a un tigre o a atravesar un río sin preocuparle si va a vivir o morir en el intento. Tomaría ciertamente a alguien que se acercase a las dificultades con la debida cautela, y que prefiriese tener éxito por medio de una estrategia.”

He aquí el valor de la inteligencia, la prudencia y la cautela del líder militar para el desarrollo de las operaciones. Entre más compleja sea la situación, mayor debe ser la calma, sensatez y serenidad en la toma de decisiones. El líder militar debe tener la capacidad de enfrentar la realidad del momento por que atraviesa con la teoría, conectar la mente y el corazón, para que la presión que imprime cualquier momento de dificultad se pueda sortear con la serenidad que requiere para tomar la mejor decisión y obtener así la victoria.

Los militares colombianos debemos ser capaces de debilitar y en el mejor de los casos derrotar al enemigo utilizando el engaño y la menor fuerza posible, para hacer viable una paz más estable y duradera. La destrucción y crueldad como métodos de guerra, generan heridas graves, profundas y difíciles de sanar. Para que la paz llegue, y esta sea estable y perdurable; se requiere de muchas medidas sabias e inteligentes de los gobernantes y generales; como las planteadas por Sun Tzu para que el apoyo de la población hacia el estado y sus Fuerzas Armadas sea amplio y sincero.

Operaciones cortas y contundentes; conocimiento del enemigo; atacar su mente; flexibilidad en los planes y en la maniobra; concepto de humanidad y el más importante de todos, pero que a la vez es el que requiere mayor estudio, análisis y trabajo; someter al enemigo sin luchar con él, tomarse las ciudades sin sitiarlas y derrocar a su organización delictiva sin terminar con las manos ensangrentadas.

“… el general que cuando avanza no busca la fama personal y cuando está en retirada no le preocupa evitar el castigo, pero cuyo único propósito es proteger a la gente y promover los mayores intereses de su soberano, es la joya preciosa del estado…”

Para Sun Tzu el general que ama a sus hombres siempre será correspondido en el campo de batalla y ellos hasta darán su vida por el y por la causa. Pero así como el general ama a sus hombres y es amado por ellos, el debe hacer cumplir sus mandatos. El general no puede ser solo bondad, porque su tropa se volverá arrogante e indisciplinada, el comandante que exige, tiene el respeto de sus tropas. “Los buenos comandantes deben ser tanto amados como temidos”

El tema de la guerra es vital para el Estado y debe considerarse como un asunto de supervivencia, por eso el manejo que se de a la misma requiriere del mayor cuidado e interés por parte de los gobernantes y los generales. Así mismo, queda claro que las situaciones victoriosas a través de la historia, se han dado, como resultado de la imaginación creativa de un líder. La genialidad y liderazgo de un gobernante, unido a la capacidad, fortaleza y convicción de un ejército, llevarán a un pueblo a la victoria y por ende a la obtención de la paz.

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