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| 6/25/2011 12:00:00 AM

La viuda negra

Una mujer es señalada por la Policía de matar a sus esposos para cobrar millonarios seguros de vida. Dos hombres que trabajaban con ella contactaban a sus víctimas y les ofrecían empleo en el exterior, pero antes debían casarse y adquirir las pólizas.

A Julián Muñoz lo encontraron muerto el 3 de enero de 2010. Días después, Sandra Giraldo reclamó un seguro de vida que Julián tenía por 585 millones de pesos. Dijo que tenían una relación desde hacía un año y medio, que era la única allegada de Julián en el mundo, que por eso era la única beneficiaria y que estaba embarazada de él.

Según Sandra, la alegría de la llegada del primogénito los motivó a celebrar. La pareja, junto con dos amigos, decidió irse para El Peñol el 2 de enero de 2010. Cuando se iban a dormir, a Julián se le ocurrió salir a pescar y, dos horas más tarde, al ver que se estaba demorando, Sandra salió a buscarlo pero solo encontró la caña de pescar. Al amanecer, informaron a la Policía.

Esa fue la versión que Sandra le dio a la aseguradora. Allí iniciaron la investigación y encontraron datos que les llamaron la atención. Julián no llevaba ni siquiera un mes como asegurado, pues había adquirido la póliza el 29 de diciembre de 2009, cuatro días antes de perder la vida. El caso pasó a manos de la Fiscalía y la Policía de Antioquia.

Los investigadores descubrieron que Julián sí tenía familia. Hablaron con sus hermanas, que viven en Pereira, y estas les contaron que desde diciembre de 2009, a Julián fue a buscarlo Humberto Gómez, un amigo que llegó para cumplir una promesa de infancia: al que mejor le fuera en la vida, iba a ayudar al otro. Para cumplir la promesa, Humberto, que trabajaba en Medellín, debía ayudarle a Julián, un cotero en Pereira.

Julián salió de esa ciudad el 9 de diciembre de 2009 con su amigo de antaño, que le había ofrecido un trabajo en México. Cuando llamaba a sus hermanas, les contaba que para hacer posible el viaje, debía acreditar estar casado y tener un seguro de vida. Por eso Humberto lo relacionó con Sandra.

El 31 de diciembre, llamó por última vez a sus parientes y les contó que se iba a pasear a El Peñol y que luego salía para México. Durante cinco meses, las hermanas de Julián creyeron que él estaba en ese país. Pero en mayo, cuando los investigadores las buscaron, se enteraron de su extraña muerte.

Quienes investigan el caso dudan de que haya sido un accidente. Entre los documentos que Sandra llevó a la aseguradora, aparece una anotación que da cuenta de que en julio de 2009, ella se casó por lo civil con Jairo Ochoa. En agosto de 2010, los investigadores de la Policía y la Fiscalía lo encontraron en Bello, Antioquia. Él les contó que Humberto lo había contactado y le ofreció un trabajo en España. La condición para darle el empleo fue que se casara con Sandra, y así lo hizo. Luego, viajaron los cuatro para la supuesta luna de miel a Santa Marta. Pero antes de llegar a su destino, Humberto llevó a Jairo al Banco Santander en Cereté, donde adquirió un seguro de vida por 100 millones de pesos. La única beneficiaria de la póliza era Sandra Giraldo.

En Santa Marta salieron a caminar, subieron un peñasco y desde allí arrojaron a Jairo al mar. Él sobrevivió, nadó hasta la orilla y regresó al hotel. Allí, preguntó a sus amigos que si lo querían matar para quedarse con el seguro. Al final, llamó a sus familiares y les advirtió que si algo le pasaba, culparan a las personas que estaban con él en el paseo. Regresó vivo a Bello y desechó el trabajo.

Jairo tuvo que vivir escondido durante seis meses y luego volvió a su vida normal: a cuidar una casa en la vereda Hato Viejo, en Bello. El 26 de agosto del año pasado, pocos días después de haber contado su historia a la Policía y la Fiscalía, Jairo apareció muerto en la finca que cuidaba. Le dispararon en la cabeza. Su seguro de vida ya se había vencido.

Después de investigar durante 17 meses, la Policía de Antioquia y la Fiscalía concluyeron que Sandra, Humberto y Román se dedicaban a engañar hombres para asegurarlos, asesinarlos y cobrar las pólizas. Ante el juez, les imputaron cinco delitos. Ahora están en curso las investigaciones de cinco casos más en los que hombres como Jairo y Julián fueron víctimas de sus esposas: mujeres que con un seguro les pusieron precio a sus vidas.
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