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| 1/14/1991 12:00:00 AM

LA VOZ DE LA SELVA

Francisco Rojas Birry, un indígena chocoano, se proyecta como una figura de carácter nacional.

Pocas veces una grabación de televisión termina en ovación. Pero eso fue precisamente lo que sucedió la semana pasada, cuando Yamid Amat presentó ante las cámaras a Francisco Rojas Birry. Al finalizar la entrevista, el auditorio, compuesto por los técnicos del programa, estalló en aplausos. Tal fue el impacto que produjo este colombiano, nacido en la ribera del río Baudó, en plena selva chocoana.

Con una claridad conceptual y una precisión del lenguaje que muchos académicos envidiarían, Rojas acababa de referir cómo había salido de su terruño, consciente de que sólo mediante la instrucción superior podría contribuir a mejorar la vida de los de su raza. Y cómo su madre, una indígena emberá, enfrenta la vida con la óptica propia de esa cultura, de tal modo que para ella lo único claro es que su hijo se fue "al exterior" de su mundo.

Cuando dejó su casa a los 16 años su propósito inicial era convertirse en sacerdote en el seminario San Pío X de Istmina. Pero la creciente conciencia de los problemas indígenas, combinada con el rechazo contra la rutina del seminario y su presión aculturizadora, pesaron más que su precaria vocación.

Por eso, terminó el bachillerato en la Normal de Quibdó. Para entonces, ya su carácter de líder le había llevado a fundar la Organización Estudiantil Emberá Waunana, pensada inicialmente para proveer alojamiento a los estudiantes indígenas en Medellín. Y cuando Rojas terminó su carrera, era evidente que el movimiento tendría que adquirir permanencia.

Una cosa llevó a la otra. Su paso por la Universidad Autónoma Latinoamericana de Medellín, donde estudió derecho, se posibilitó gracias a una beca de la misma. Al graduarse, se convirtió en asesor jurídico de la Organización Indígena de Antioquia. Y de allí, a convertirse en consejero de la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic), no había más que un paso. Su condición recien adquirida de dirigente indígena, le permitió viajar fuera del país, a Costa Rica y Ecuador, a sendos foros sobre la condición de las minorías étnicas en el continente.

Por haber estudiado y conocido el mundo "exterior", su matrimonio no se decidió de la manera tradicional entre los Embera. Aunque se siguieron los ritos de sus mayores, incluídas las pinturas corporales y los bailes comunales, los consortes no fueron escogidos por sus padres. Allí primó el concepto "civilizado" del amor. Hoy, tiene una pequeña hija de mes y medio.

Su nominación a la lista indígena a la Asamblea Constituyente se decidió en el Tercer Congreso Nacional Indígena, celebrado a mediados del presente año. Convertido en uno de los dos únicos constituyentes indígenas, Rojas tiene hoy sobre sus hombros una responsabilidad histórica que tal vez no tiene precedentes. Nunca antes un indígena había tenido la oportunidad de expresar en un foro de tanta trascendencia las angustias de su gente. Y sus propuestas son claras. Para Rojas Birry, resulta fundamental que se reconozca en la Constitución el carácter multiétnico de la sociedad colombiana, para que se elimine la preeminencia de algunos grupos sobre otros en la toma de las grandes decisiones nacionales. Ello sería la base para que se reconozca el derecho de los indígenas a tener sus autoridades tradicionales, a que su educación sea acorde con su cultura y a que se respeten sus concepciones religiosas.

Para el lleno de ese objetivo general, la plataforma de la Onic propone el establecimiento de una circunscripción electoral especial para facilitar su ingreso en las corporaciones públicas. Y como respaldo institucional, la creación de una Procuraduría Ambiental y de Recursos Naturales y el reconocimiento de los resguardos como unidades políticas especiales, dotadas de presupuesto propio.

Que se trate de un político novel no significa que carezca de opiniones sobre los temas que devanan los sesos a sus nuevos colegas. Sobre el fenómeno de abstencionismo que marcó la elección, dice que "el único responsable es el Gobierno. No hubo una información adecuada que les permitiera a los colombianos comprender porque y para que tenían que votar ese día. Los mensajes publicitarios no fueron claros y eso creó una gran confusión. Además los candidatos de los partidos tradicionales enfocaron sus campañas como si se tratara de una contienda electoral a la presidencia, y muchos ofrecieron puentes, escuelas, carreteras. Algo que no tenía nada que ver con la filosofía de lo que se perseguía en esta elección".

Y sobre la legitimidad de la Asamblea, resulta enfático: "Nadie puede desconocer la legitimidad de la Asamblea. Si a eso vamos, la elección del presidente tampoco tendría legitimidad, porque alcanzó apenas dos millones de votos. Lo que ocurre es que al Congreso no le conviene ninguna reforma. Quieren seguir en lo mismo y el país quiere un cambio. Y lo que no entienden los señores congresistas es que en Colombia, en menos de un año, se han realizado tres jornadas electorales y la gente ya no quiere saber nada más de votar".
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