Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2007/03/17 00:00

La voz del Polo

Jorge Robledo está en su cuarto de hora. Aparece, habla y escribe en todos los medios con tesis radicales, pero en tono académico. Lo quieren y lo odian por igual y no genera indiferencia. ¿Quién es y para dónde va?

El vocero del Polo disfruta la política, pero lo que más le gusta en la vida es escribir en su estudio. Con su libro ‘La ciudad de la colonización antioqueña: Manizales’, ganó la XVII Bienal de Arquitectura

Aunque el senador Jorge Robledo ha tenido una larga carrera política, nunca había sido tan visible como ahora. Fue nombrado vocero de su actual partido, el Polo Democrático, y ese hecho le puso los reflectores encima. Habla en todas partes y no hay medio de comunicación que no lo haya entrevistado. Y en ese plan, ha demostrado que tiene una oratoria inteligente, ordenada y muy manizalita, que llama la atención. Está en su cuarto de hora.

¿Quién es Jorge Robledo? Es un político de izquierda que se sale de los moldes conocidos, porque expone argumentos radicales en tono académico. No es panfletario ni gritón. Tampoco es abogado o sociólogo, ni viene del sindicalismo: estudió arquitectura en la Universidad de Los Andes y desde su época de estudiante hace política. Desde 1971 fue influido por los textos del fundador del Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (Moir), Francisco Mosquera. Cuando éste murió, en 1994, a Robledo se le vio llorar como un niño desamparado. "Me preguntaba si podría superar su ausencia", dice.

De nada valió que su mamá le repitiera hasta la muerte que la gente decente no se mete en política. Robledo recorrió los barrios del sur de Bogotá con la camiseta del Moir. Ya graduado, prestó un vestido de lino para poder casarse con su novia, Carmen Escobar. Juntos partieron hacia Caldas y allí lideraron la lucha por los intereses de los cafeteros, una de sus batallas más largas.

Establecido en Manizales se vinculó como profesor a la Universidad Nacional, en donde "echó tiza" durante 26 años. Paralelamente a la dirigencia popular, se hizo un experto autodidacta en economía agrónoma a fuerza de leer análisis sobre el tema. Desde 1989 está disparando argumentos a través de su columna de opinión Contra la Corriente que publican los diarios La Patria, de Manizales; El Nuevo Día, de Ibagué, y La Tarde, de Pereira.

Como buen político, y sobre todo de izquierda en los años de la fiebre anticomunista, tuvo años de desierto, invisibilidad y derrotas, antes de llegar al Senado en 2002. Tiempos áridos para la política, pero fértiles para la producción académica: una decena de libros de su autoría circula en modestas ediciones universitarias al alcance de cualquier estudiante. Su labor académica fue reconocida con la Orden Gerardo Molina. Los oponentes políticos de Robledo lo reconocen como un contrincante ducho. Su nombre es garantía de lleno total en los escenarios en los que es invitado a deliberar. Robledo dice que en esos espacios está su nicho electoral. Desde hace un par años recorre las universidades públicas y las privadas en una especie de cruzada contra el tratado de libre comercio. Allí suele aterrizar los temas complejos en ejemplos ilustrativos, una herramienta que tomó de la academia.

El símbolo preferido por Robledo, el salmón que nada contra la corriente, aparece en las portadas de varios de sus libros. Una estrategia riesgosa que, sin embargo, le funcionó en las últimas elecciones: mientras la mayoría de los candidatos que buscaron conservar su curul vieron menguadas sus votaciones respecto al período anterior, con 80.960 votos este senador prácticamente dobló su caudal electoral.

El carácter férreo con el que Robledo enfrenta por igual a sus contendores políticos se refleja más en expresiones irónicas que en frases agresivas. Es mordaz y puede llegar a ser presuntuoso. La semana pasada, ante las comisiones económicas del Congreso, exigió con fuerte tono a la directora de Planeación que no leyera el Plan de Desarrollo, sino que lo explicara. "Doctora, leer en el Congreso está prohibido", dijo a manera de regaño. Las miradas entre congresistas cruzaron de lado a lado el recinto.

Ese temperamento les causa urticaria a sus enemigos de la derecha y alimenta las críticas de sus competidores que lo consideran demagogo e irresponsable. En especial, por sus posiciones contra la economía de mercado y por sus recientes intervenciones en las que habló del presidente Uribe como un "traidor a la patria" por firmar el TLC, o en las que acuñó el ofensivo término de "parauribismo". Su más controvertida actuación fue no haber rechazado los actos vandálicos que ocurrieron en Bogotá para criticar la visita del presidente George W. Bush. Robledo afirma que los medios editaron su respuesta y publicaron sólo la parte donde cuestionó la acción policial.

Sin embargo, tiene también una faceta tranquila: muestra nobleza a la hora de prever sus jugadas políticas. No echa mucho codo. Dice que espera que el Polo llegue al poder en cabeza del primero a bordo: Carlos Gaviria Díaz, el hombre que más admira. Se define como un hombre casero al que le gusta 'tranquiliar' los fines de semana. Carmen, su esposa, con quien tiene dos hijos, coincide plenamente con sus planteamientos políticos. Ella graba los debates y las intervenciones del senador y luego juntos los repasan para hallar errores y corregir su discurso.

El próximo martes los focos de la opinión pública nuevamente estarán encima de este senador. Robledo realizará ese día un debate al ministro del Interior, Carlos Holguín, para exigirle al gobierno que asuma responsabilidades políticas por los nexos paramilitares con el entorno uribista. Será un duelo entre dos veteranos de mil batallas. De seguro las barras del Capitolio estarán llenas, y el miércoles habrá muestras de ira total o de apoyo sin limitaciones. No habrá posturas intermedias, porque una característica muy propia de Robledo es que les contagia a los demás su radicalismo, aunque no siempre a favor de sus ideas.

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