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| 12/7/2013 11:00:00 AM

¿Regresa Íngrid a la política colombiana?

Estos serían los caminos de la mujer símbolo de las víctimas del secuestro, cuando se especula su vuelta al ruedo político.

El silencio político de Íngrid Betancourt parece estar llegando a su fin. Tras cinco años de su liberación, ha vuelto a hablar con políticos, ha dado entrevistas a medios y no hay analista que no especule sobre su regreso. La excandidata presidencial podría retornar al país para dar otro paso en su carrera política, interrumpida violentamente en 2002 cuando las Farc la secuestraron. La cuestión que sigue sin respuesta es cuál camino tomará.

La semana pasada Antonio Navarro y el presidente del Partido Verde, Antonio Sanguino, fueron a París a verla. Tenían la esperanza de convencerla de ser candidata presidencial o de encabezar la lista al Senado. Días atrás, ellos habían hablado por Skype. Ella aceptó que la Alianza Verde, el antiguo Partido Verde fusionado con los Progresistas, la incluyera en una encuesta para medirla con los otros cinco precandidatos.

En París, según contaron los Antonios, hablaron de política, pero sobre todo, sobre de la posibilidad de que en Colombia algún día haya paz y lo que se necesita para tejerla. Buena parte de las cuatro horas de conversación se fueron en analizar cuáles son las tareas que exige un escenario de posconflicto, ante un eventual acuerdo del gobierno con la guerrilla. “Ella siente que el país tiene que jugar la agenda de paz y la agenda verde. En los próximos días, tomará una decisión… Vamos a tener a Ingrid jugando en esas batallas electorales que se avecinan”, sentenció Sanguino.

Hasta ahora Betancourt se ha dedicado a recuperar el tiempo perdido con su familia y a sanar las heridas del cautiverio. Hace unos años entró a estudiar Teología en la Universidad de Oxford (Inglaterra). Pero ella nunca ha abandonado la idea de que su rescate providencial obedeció a un propósito sublime que podría incluir su futuro político. En una entrevista con SEMANA, dijo que había decidido estudiar Teología por la misma razón que había hecho política, “porque tenemos la responsabilidad de hacer de este mundo lo que Dios quiso”.

Cuando le preguntan si volvería al ruedo de lo público ha repetido que no lo descarta, sobre todo si es para trabajar en favor de la paz, y que lo está analizando con su familia. La expectativa, mientras tanto, aumenta. Su nombre es un activo político tan controversial como valioso, por lo que no es extraño que distintas fuerzas políticas se la peleen. No solo es una de las colombianas más conocidas en el extranjero, sino que tiene experiencia electoral (fue dos veces congresista) y es un símbolo de las víctimas de las Farc en un momento en que se negocia la paz con ese grupo.

Betancourt tiene tres caminos posibles para volver a la arena política. Estos son:

Presidencia

Una candidatura presidencial de Íngrid Betancourt suena atractiva y no dejaría a nadie indiferente. Ella misma renunció al Senado para ir por ese sueño antes de su secuestro y después de su rescate ha señalado la posibilidad política que tiene hoy en día una tercería. Ha dicho que el espacio está abierto y las encuestas le dan la razón. Según los estudios de opinión, en un enfrentamiento electoral entre Santos y el candidato del uribismo, Óscar Iván Zuluaga, ninguno tiene la victoria asegurada en la primera vuelta.

Pero una cosa es que esté el camino despejado y otra muy distinta que ella se le mida. Una candidatura suya puede tener varios obstáculos y el primero es ella misma. Betancourt expresa una genuina admiración por el presidente. Santos fue su primer jefe cuando volvió de París y el entonces ministro de Comercio la contrató como su asesora. Se ha referido a él en varias ocasiones como “el guerrero que la rescató” de la selva. Además, según ha dicho, para ella es muy valioso que el mandatario le apueste a dialogar con las Farc, quienes fueron sus verdugos por más de seis años. Por eso, es improbable que busque enfrentarse con él.

Además de sus consideraciones internas, hay un obstáculo prominente. Para que Betancourt sea candidata deberá competir con otros candidatos de la Alianza Verde. Sin embargo, esta organización ha dado tumbos y no se ha podido poner de acuerdo en el mecanismo. Los verdes primero dijeron que harían una consulta interna, ahora hay quienes invocan una consulta interpartidista. El panorama no es claro.

Pero hay otra razón que tiene aún más peso: su popularidad en los registros de opinión. Los verdes contrataron una encuesta con la firma Cifras y Conceptos para seleccionar a los aspirantes de ese partido con mayor favorabilidad. La semana pasada se conocieron los resultados, y el nombre de Íngrid Betancourt dio un parte contradictorio. El 75 por ciento de los encuestados dijo conocerla, tres puntos porcentuales más que a Antonio Navarro y Enrique Peñalosa. Pero a la vez, entre los que la conocen, el 70 por ciento dijo tener una imagen negativa de ella. Al parecer, una buena parte de la población no le perdona que hubiera pensado en demandar al Estado, luego de su liberación.

El Congreso

El otro camino sobre el cual se ha especulado es la posibilidad de que encabece la lista de algún partido. Además de la Alianza Verde, también se ha rumorado que La U le hizo la misma propuesta. La posibilidad de que entre a revitalizar la alianza tiene algo de lógica, pues ella fue quien fundó el partido verde original, que denominó Verde Oxígeno con el que en 1998 sacó la votación más alta del país: 158.000 sufragios. Además, el próximo Congreso tiene un encanto particular. Será el encargado de discutir cómo se aplicarán los acuerdos a los que llegue el gobierno con las Farc. Esa oportunidad histórica ha llamado la atención de muchos políticos de vieja guardia.

Con la visita de los verdes a París, esa posibilidad, que antes sonaba probable, hoy ya no lo es tanto, pues los enviados a la capital francesa no trajeron ningún parte positivo. Ellos tampoco tenían mucho que ofrecerle. No solo es improbable que la ola verde se repita sino que hoy ni siquiera tienen seguro poder superar el umbral. Íngrid sola no les resolvería ese problema pues deben conseguir cerca de 450.000 votos y hasta el momento el único peso pesado en la lista al Senado sería Antonio Navarro y sobre sus hombros recae por ahora la carga de esa votación. A pesar de que es uno de los partidos más pequeños, tiene cinco precandidatos.

El gobierno

La última carta que podría tener Íngrid Betancourt es enlistarse en la reelección de Santos. Su reconocimiento internacional podría ser un plus importante para el mensaje de reconciliación y perdón que el presidente quiere enviar a la comunidad internacional con el proceso de paz. Su cercanía al primer mandatario y su apoyo a las negociaciones con las Farc hacen pensar que en vez de lanzarse como protagonista con una candidatura simplemente podría decidir sumarse a la causa de la paz en lo que le pida el gobierno.

Íngrid Betancourt nunca ha sido predecible. Se lanzó a la Cámara de Representantes repartiendo condones para que la gente “se protegiera del sida de la corrupción”, hizo una huelga de hambre con la esperanza de tumbar a Samper, lanzó su campaña presidencial repartiendo viagra “para parar a los corruptos” y decidió ir al Caguán, a pesar de todas las advertencias, dos días después de que se rompió el proceso de paz. Lo que decida ahora seguramente puede tener una alta dosis de sorpresa, pero lo que es seguro es que dará mucho de qué hablar.
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