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| 11/2/2013 6:00:00 AM

Los dos alfiles de Cambio Radical

Un Galán y un Lara, víctimas del narcoterrorismo, prometen sacar al partido del desprestigio y dar vía a una eventual candidatura de Vargas Lleras.

Tienen tres cosas en común: son jóvenes, son hijos de mártires políticos y están llamados a salvar a Cambio Radical. Ellos son Carlos Fernando Galán, hijo del caudillo liberal asesinado por el cartel de Medellín, Luis Carlos Galán; y Rodrigo Lara, hijo del ministro de Justicia que tenía su mismo nombre, quien se atrevió a denunciar los tentáculos de Pablo Escobar en la política. 

Los dos encabezarán las listas del Senado y de la Cámara (en Bogotá) para las próximas elecciones, bajo la égida del exministro de Vivienda Germán Vargas Lleras. Aunque no les molesta que los llamen delfines, ellos hacen una distinción: “Somos hijos de políticos que murieron por creer en algo. No hijos de quienes se han mantenido en el poder”.

Galán fue candidato a la Alcaldía y jefe de ese partido. En las elecciones locales de 2011 intentó, sin mucho éxito, depurar las listas de la colectividad. Al final logró que de 309 candidatos cuestionados se revocaran las inscripciones de 179. Pero no pudo convencer al Consejo Electoral de que truncara la candidatura de Kiko Gómez, el gobernador de La Guajira investigado por homicidio y por sus posibles nexos con las bandas criminales y las mafias de contrabandistas. Ese hecho le ha costado al partido las críticas por su responsabilidad política en el escándalo. Hoy Galán, quien estuvo en contra de darle el aval, reconoce que “habría sido mejor no ganar esa Gobernación”. 

Lara estuvo en la lista al Senado de Cambio Radical de 2006, pero no le alcanzaron los votos. Su primer cargo público fue el de zar Anticorrupción del gobierno de Álvaro Uribe, del cual salió decepcionado cuando conoció el expediente de la muerte de su padre por una publicación de El Nuevo Herald. 

Las revelaciones cayeron mal porque en Presidencia sabían que el diario preparaba un artículo que involucraba el nombre de la familia del presidente Uribe con la muerte de Rodrigo Lara, pero al joven no le avisaron. Desde entonces el abismo entre él y el uribismo ha sido infranqueable.

Después, reemplazó a Germán Vargas Lleras en la Comisión Primera del Senado, en 2009, cuando el Congreso discutía la posibilidad de aprobar un referendo que buscaba la reelección del presidente Uribe, al que Lara se opuso. En 2010, se presentó al Senado, otra vez, pero le faltaron menos de una veintena de votos para conquistar la curul; un hecho que hasta hoy él considera un fraude. Se marginó de la política. “No pensaba volver. No es fácil. Estaba en el sector privado, tranquilo, pero me convencieron”. 

Ahora, Galán y Lara vuelven a medirse en las urnas. Los dos fueron convocados para resucitar a Cambio Radical. Hace un mes y medio la bancada del partido y el propio exministro Vargas Lleras le pidieron a Galán que asumiera las riendas de la colectividad. Para él y para sus copartidarios la situación era de emergencia. Los últimos meses los congresistas contemplaban la posibilidad de fusionarse con el Partido Liberal en donde están sus raíces. 

El solo hecho de considerar la reintegración era un indicador de hasta dónde había llegado la crisis. Galán, a comienzos de agosto, había dicho que si no había una purga interna, era mejor que el partido se acabara. Además, en las cuentas de varios analistas políticos, cuando se hablaba de los partidos con dificultades para sacar el umbral de votación necesario para conservar la personería jurídica (450.000 votos), estaba Cambio Radical. 

Hace menos de dos semanas Lara se retiró de la presidencia de Asomóvil, gremio de empresas de telefonía, para aceptar el llamado de Galán a encabezar la lista de la Cámara en Bogotá. Él mismo está escogiendo a los candidatos. La lista será cerrada. 

El objetivo es recuperar el liderazgo que el partido tuvo en la ciudad y conquistar personas con calidades políticas, pero que quieran a la capital, para ejercer el control político a la administración distrital que se ha echado de menos desde el Congreso. “Pero además tenemos una tarea primordial –dice–: hacer un dique, en el próximo cuatrienio, porque el uribismo va a ir al asalto de las instituciones”. 

La resurrección
Cambio Radical tiene 15 años de vida. Su nacimiento fue el resultado de una disidencia del Partido Liberal. En 1998, varios dirigentes políticos galanistas se propusieron crear una organización “con ideología liberal, pero distinta al de la continuidad de las viejas costumbres políticas, que habían permitido la infiltración de los corruptos y del narcotráfico”, reza en su historia oficial. 

En 2006, al abrigo del uribismo, ese partido con Vargas Lleras a la cabeza pasó de 220.000 votos y dos curules en el Senado, en 2002, a conquistar 1,2 millones de votos y 15 curules en esa corporación. Pero se opuso oficialmente a la posibilidad de un tercer periodo del mandatario y pagó un costo alto. 

Ocho congresistas se pasaron a La U, para demostrar lealtad con el entonces presidente. Esto, sumado a varios señalamientos por parapolítica significó el desprestigio de Cambio Radical en el Congreso. En las elecciones de 2010 la colectividad sacó 861.000 votos, cayó a ocho senadores. 

Ese año Vargas Lleras aspiró a la Presidencia y obtuvo la tercera votación. Como jefe natural del partido entró al gabinete de gobierno, impulsó una agenda legislativa ambiciosa y la sacó adelante. Hoy dirige la Fundación Buen Gobierno que tiene el objetivo de reelegir a Santos. Pero también está realineando sus fichas. 

Mientras el exministro ha brillado, Cambio Radical ha tenido un desempeño legislativo marginal. No tiene una bandera propia para reclamar, como sí la tiene el Partido Liberal que saca pecho cada que el país habla de las víctimas y de tierras. Esa paradoja fue la que obligó a la colectividad a tratar de reinventarse. Galán y Lara trabajan en organizar un programa y a la vez están fichando líderes regionales para integrar las listas. Los dos son conscientes del legado que pesa sobre sus hombros.

A la pregunta de por qué se mantienen en un partido cuestionado, Galán responde: “Mi papá, después de la muerte de Rodrigo Lara, dio la pelea dentro del liberalismo para depurar el partido donde estaban sus enemigos. Nosotros no nos sentimos los herederos de esa lucha, pero si queremos ser coherentes con eso”. 

Los pupilos de Vargas tienen al frente un reto grande. No solo aumentar la votación de las próximas elecciones, sino cambiarle la cara al partido, darle un norte y convertirlo en una opción de poder.
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