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| 2/22/2011 12:00:00 AM

Las amenazas contra las Madres de la Candelaria

El 19 de marzo la organización Caminos de Esperanza-Madres de la Candelaria conmemora doce años de su fundación. Su presidenta, Teresita Gaviria, denuncia nuevas amenazas.

Un sufragio fúnebre es la última amenaza de muerte que recibió Teresita Gaviria, quien desde hace doce años lidera el grupo Caminos de Esperanza-Madres de la Candelaria, integrado por 697 víctimas que buscan la verdad de por qué desaparecieron 947 familiares.
 
La organización, que recibió el Premio Nacional de Paz en 2006, cumple con sus encuentros semanales bajo la mirada de escoltas y, según las víctimas, de personas desconocidas que observan sus reuniones.
 
De acuerdo con Teresita, en los últimos cuatro años la organización ha recibido “serias amenazas”. Ella relata cómo desde 2007 es víctima de intentos de agresión, llamadas intimidantes y seguimientos por parte de personas extrañas.
 
Las amenazas contra Teresita son investigadas por la Unidad de Reacción Inmediata de la Fiscalía de Medellín.
 
“En 2007, vinieron dos personas a la oficina, eran un par de jóvenes campesinos que preguntaron por mí. Pensé que eran personas que venían a buscar ayuda pero la muchacha de unos 28 o 30 años me dijo ‘a mí me están pagando por matarte a vos’”, recordó. Teresita confiesa que se sintió emocionada cuando la otra persona le aseguró que no la asesinarían. “Me dijeron: ‘sabés una cosa Teresita, no lo vamos a hacer porque de alguna forma ayudas a gente que queremos mucho’”.
 
Meses después, el 8 de marzo de 2008, Teresita logró escapar de un grupo de personas que intentaron meterla en un taxi y con el forcejeo rasgarle la blusa. Ese mismo año la mujer se dirigía hacia el sector de Buenos Aires, lograron seguirla en un taxi, y luego intentaron sacarla del vehículo en el que transitaba. Ese día Teresita aprovechó un trancón y huyó también.
 
Durante 2009, Teresita cuenta que las amenazas se limitaron a la presencia de personas desconocidas en los encuentros de la organización, que se realizan en el atrio de la iglesia La Candelaria, ubicada en el centro de Medellín. No obstante, ese año fue asesinada Judith Vergara, líder de Redepaz. Luego de que se conociera el homicidio Teresita recibió una llamada donde le decían: “Ya se fue esta gorda. Seguís vos”. 
 
Una situación similar se dio meses más tarde, cuando tras el asesinato de un líder comunitario en la Comuna 8 de Medellín, Teresita recibió otra llamada en la que la amenazaban de muerte. “Me decían ‘ahora seguís vos’”, relató.
 
Las amenazas a la organización trascendieron. Teresita denuncia que Ana de Dios Zapata, la tesorera del grupo y orientadora de las victimas, también ha recibido llamadas intimidantes.
 
La intimidación más reciente se presentó el 20 de enero, cuando un sobre llegó a la oficina de Teresita, ubicada en el centro de la ciudad. El mensaje decía: “Yace el alma de Teresa”.
 
“Los enemigos me dicen Teresa. Nosotras trabajamos por la reconciliación pero las amenazas siempre han estado presentes. Desde hace tres años tengo dos escoltas todo el tiempo y la Policía me realiza visitas domiciliarias a mi casa y a la oficina”, relató.
 
“No sé quién me quiere asesinar. Invito a la guerrilla a la cordura y visito en compañía de Justicia y Paz a los paramilitares en la cárcel de máxima seguridad”, señaló.
 
La  líder explicó que ser familiar de las víctimas por desaparición forzada tiene tres caminos: La drogadicción y el alcoholismo, el encierro con el dolor y la meta de encontrar la verdad. Ella confesó que fue esta última opción la elegida por ella. Y es que hace trece años le desaparecieron a Teresita a uno de sus hijos, que en ese entonces tenía 15 años. También fueron desaparecidos hace tres y cuatro años uno de sus hermanos y uno de sus sobrinos, respectivamente.

“Yo sé que los paramilitares se los llevaron y se lo llevaron para reclutarlos y luego asesinarlos. A otros familiares los masacraron con la motosierra, ellos vivían cerca de los municipios de Urrao y Altamira”, recuerda.
 
La presidenta rechazó también el más reciente homicidio de una de las madres de la Candelaria. Se trata de María Tonelia Montoya Durango, una mujer de 30 años. “Tengo que hacer público que el 26 de enero me mataron en Urrao, Antioquia, otra asociada, María Tonelia dejó tres niños huérfanos, de 10, 13 y 15 años”. “Parece que fue la guerrilla la que la asesinó. Ella tenía desaparecido a su tío y era una mujer campesina, colaboradora y dedicada a la tierra”, añadió.

El coordinador de la Unidad Principal de la Fiscalía con sede en Medellín, Eduardo Moreno, explicó que el organismo ya cumplió con su labor al intermediar ante la Oficina de Protección de Justicia y Paz.

“Ante las situaciones de riesgo que expone Teresita ya hemos solicitado acompañamiento”, aseguró.

También el jefe de la Unidad Nacional de Fiscalías, Luis González, exigió protección. 

Frente a las amenazas que atropellan el pasado, presente y futuro de las Madres de la Candelaria, y a través de un comunicado, el gobierno, la Organización de Estados Americanos, y algunas ONG condenaron las intimidaciones.

Teresita aseguró que no le tiene miedo a las amenazas. “Continuaré en el cargo hasta el final de mi vida, en un caso extremo le pido al gobierno que me apoye con la salida del país”, insistió.  La líder destacó que su lucha no sólo es por su hijo, “yo lucho por todos los desaparecidos. Quitar la vida es un daño irreparable, pero hay que seguir adelante”, añadió.

Teresita celebró que el actual gobierno respalde a las víctimas, según ella, más que el anterior. “Es un orgullo que el gobierno diga que tiene un deber moral con las víctimas”, aseguró.

A pesar de los doce años de su fundación, la organización Caminos de Esperanza-Madres de la Candelaria ha alcanzado varios logros. Además de ser reconocida con el Premio Nacional de Paz en 2006, recibió la ayuda de Agencia española de Cooperación (Aecid) y logró que las madres se capacitaran en defensa de los derechos humanos y se formaran en carreras técnicas. También, a través de la Gobernación de Antioquia y la Alcaldía de Medellín, los niños víctimas reciben atención sicológica y las mujeres participan de orientaciones jurídicas.
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