Jueves, 27 de noviembre de 2014

| 2013/05/11 00:00

Las anécdotas del convento de la Madre Laura

En el sitio que guarda los restos de la religiosa se escriben a diario historias de fieles que buscan sus favores.

El lugar donde vivió sus últimos días la Madre Laura, convertido en el mayor centro de peregrinación del país, días antes de la canonización de la religiosa colombiana Foto: Juan esteban Mejía/SEMANA

Nadie se pierde en Medellín si quiere llegar al convento de la Madre Laura por estos días. El lugar donde vivió sus últimos años la religiosa Laura Montoya Upegui es un sitio de peregrinación. Fue construido en 1939, cuando ella adquirió el terreno en el barrio Belencito, en la entrada de la comuna 13. Un año más tarde, fue su lugar de habitación y sede principal de su trabajo, hasta cuando murió en 1949. El convento, aunque ha sido un referente en aquel sector, nunca en su historia había sido tan visitado como en los últimas horas.

Para los creyentes, ir al convento de la Madre Laura no es visitar un lugar religioso cualquiera. Allá está la habitación donde pasó sus últimos días, con su cama, sus cubiertos, su ropa, sus zapatos, sus libros y todas las pertenencias que usó en vida la santa Laura Montoya. A la salida de la habitación, personas que han recibido sus favores han dejado muletas, placas y ofrendas en agradecimiento. Cada una, se puede decir, fue un milagro. La creencia durante muchos años era que quienes padecían males y se acostaban en la cama donde murió la madre Laura, se curaban. De hecho, doña Herminia González, que a sus 87 años padecía un cáncer terminal y se entregó a la oración a la madre Laura y luego se acostó en su lecho, se levantó y al poco tiempo estaba curada. Este es uno de los milagros que sirvieron para demostrar la santidad de la religiosa.

A pesar de que desde abril del 2004, cuando beatificaron a la Madre Laura, quedó prohibido acostarse en su cama, hasta allí han llegado en la última semana feligreses de toda Antioquia, de la costa, La Guajira, Chocó, Amazonas y hasta de países vecinos como Ecuador y Venezuela, y de otros como Costa Rica y Puerto Rico. Rezarle a la nueva santa en su altar es un objetivo que tienen centenares de fieles por estos días. La habitación, donde ahora se pueden observar sus pertenencias por medio de barreras de vidrio y rejas, sigue siendo un lugar de oración.

“Hemos insistido mucho en que la que alivia no es la cama, sino la fe. No importa desde dónde se hace la oración porque siempre serán escuchadas”, dice la hermana Surama Ortiz. La razón para evitar que la gente se acueste en su cama es simple: prevenir su deterioro y por higiene. Además, hay que proteger las pertenencias de la Madre Laura, ahora santa, para que permanezcan en buen estado el mayor tiempo posible".

Pero a veces, como si no bastara la oración, la gente quiere dejar una constancia de sus mensajes y lo hace por escrito. Al pie de la vitrina desde donde se observa la cama donde murió la religiosa hay una urna donde los fieles depositan papeles con sus peticiones o sus agradecimientos. Cuando la urna se llena, queman los mensajes.

Una vez, cuenta la hermana Surama Ortiz, llegó una mujer llorando, muy angustiada, y pidió un papelito para escribir algo muy íntimo que quería contarle a la Madre Laura. La hermana le prestó papel y lápiz y la mujer, entre el llanto, le pidió a la hermana que escribiera su mensaje, que ella se lo dictaba, porque no sabía escribir. La hermana, para preservar el secreto entre la mujer y la Madre Laura, le sugirió que se sentara en el escritorio, tranquila, y que pensara en lo que quería decirle a la Madre Laura y que rayara el papel como si se lo estuviera escribiendo, que ella también la iba a escuchar de esa forma. La mujer se sentó durante unos minutos y en silencio rayó el papel. Luego lo depositó en la urna y salió más tranquila. “A veces la gente necesita contar lo que le pasa, simplemente como terapia. Para eso también vienen aquí y eso les ayuda”, dice la hermana Surama.

A pesar de que la mayoría de los fieles busca a la santa para resolver problemas de salud, otros lo hacen para conseguir empleo, superar problemas económicos y varias parejas que no han logrado tener hijos van donde la Madre Laura para pedirle el milagro del embarazo. Muchas lo han logrado y cuando nacen niñas, las bautizan igual que la santa. “Nos hemos enterado de que hay varias lauritas por ahí, que nacieron gracias a la oración a la Madre”, cuenta la hermana Surama. Las historias que se van quedando en el convento empiezan a formar también un patrimonio.

Fe e historia

El convento de la Madre Laura no sólo es un sitio de peregrinación y oración, sino un lugar histórico. Allí está la casa desde donde las religiosas coordinan sus misiones, el noviciado, la enfermería, la casa de oración donde están las hermanas ancianas, museos, el centro de formación y el templo de la luz. Los restos de la Madre Laura están sepultados allí, en aquel templo y para su canonización fue necesario extraer una falange de su pie derecho. Como en Jericó, donde ella nació, habían pedido también un pedazo de sus restos, extrajeron otra falange para enviarla allá. Y de paso, fue extraída una costilla, para entregarla de a pedazos a sacerdotes que los soliciten para los santuarios de sus parroquias. En los textos y en la memoria de las religiosas están las sorprendentes anécdotas que vivió la Madre Laura en sus misiones.

Cuentan, por ejemplo, que ante el escepticismo de los indígenas de Dabeiba, que no creían en su Dios, le pusieron como reto sacar las langostas que les estaban dañando los cultivos. Según los relatos, la religiosa se encerró en el templo a orar. En sus oraciones, le pidió a Dios que eliminara la plaga que estaba afectando a los indígenas. Al salir del templo, los indígenas la estaban esperando con sus caras pintadas y con palos. De repente, se escuchó silbar al viento y las langostas se fueron. Jamás volvieron.

Otra historia es la de un indígena que se llamaba Próspero. Un día se enfermó gravemente y la Madre Laura le preguntó a la mamá del indígena si lo había bautizado y ella le dijo que sí. El indígena murió. La Madre Laura tuvo que irse del lugar donde estaba y esa noche la pasó inquieta. Como no lograba dormir, se levantó con la convicción de que nunca había sido bautizado. Se puso a orar por él con otras religiosas, mientras velaban a Próspero. Al día siguiente, un indígena les contó que Próspero se ‘desvelorió’. Es decir, que se levantó después de muerto y dijo que la compañía que la Madre Laura le había hecho toda la noche, rezando a su lado, fue lo que lo revivió. La religiosa que escuchó su historia había pasado la noche orando junto a la Madre Laura, en un lugar muy distinto a donde estaban velando a Próspero. Y el indígena insistió en que ella estuvo al lado del muerto. Finalmente, Próspero se levantó y luego fue bautizado.

En fin, las mágicas historias de la religiosa son muy cautivadoras. Tanto, que muchos han confundido su santidad con las supersticiones cotidianas. A raíz de su canonización, se dice que unas personas encontraron en una mariposa el número 0330 y que ese era el número que ella había enviado para jugar en chance. Algunos corrieron a apostarle a ese número y, dicen, en algunas casas de chance lo vetaron. No es la primera vez que ocurre algo similar. Cuando la beatificaron, en el 2004, una mujer montó un negocio de aceites y vendía los números de la suerte en nombre de la Madre Laura. Las religiosas del convento fueron a hablar con ella y le pidieron que dejara de engañar a sus clientes.

Quienes han recibido favores de la religiosa saben que sus métodos son diferentes. La oración es el principal, y a veces les piden a las demás religiosas de su comunidad que les ayuden orando por su petición y ellas lo hacen, sin necesidad de otros intermediarios que se aprovechan de la fe.

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