Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2004/10/10 00:00

"Las AUC no son un actor político"

En entrevista con SEMANA, el embajador de Estados Unidos en Bogotá, William Wood, dijo que el proceso de paz con las AUC sólo será exitoso si cesan la violencia, la intimidación y el narcotráfico.

"Mientras las actividades políticas de los paramilitares se queden detrás de puertas cerradas, como un secreto sucio del que nadie habla, tienen toda la libertad para hacer lo que quieran. Pero cuando la gente decente decida enfrentar este problema, ahí va a descubrir que tiene más poder del que cree".

La embajada de Estados Unidos en Bogotá es por ahora la más grande del mundo, hasta que entre en plena operación la de Irak. Las 42 agencias del gobierno de ese país tienen presencia hoy en Colombia y están influyendo en todos los campos, desde el militar hasta el humanitario. De ahí que Estados Unidos desempeñe un papel fundamental en esta coyuntura en la que están en juego temas cruciales para la estabilidad y la paz del país, como la negociación con las AUC en Ralito o la batalla frontal contra las Farc. SEMANA entrevistó al embajador William Wood sobre estos y otros temas calientes.

SEMANA: ¿Cuál es la mayor amenaza contra la estabilidad colombiana hoy?

William Wood: Colombia ha enfrentado una amenaza terrorista que tiene más de 40 años y una del narcotráfico con más de 30 años, y el problema más amenazante hoy es que haya colombianos que todavía no crean que con sacrificio, trabajo y metas claras se pueda vencer a los dos enemigos. Lo más importante que el presidente Álvaro Uribe les ha dado a los colombianos es confianza en su capacidad de superar esos problemas.

SEMANA: ¿Considera que el anuncio de las Auc de desmovilizar 3.000 hombres es un avance significativo en el proceso?

W.W.: Respaldamos los esfuerzos del Estado para reducir la violencia paramilitar contra la población civil a través de las conversaciones de paz. Pero ese respaldo depende completamente de que los paramilitares cumplan con sus obligaciones de poner fin a la violencia, la intimidación y el narcotráfico, y que acepten la justicia, incluyendo el encarcelamiento de los culpables de delitos de lesa humanidad y la extradición para los que hayan quebrantado nuestras leyes.

SEMANA: ¿Serían flexibles para que el gobierno Uribe use la extradición a discreción?

W.W.: La extradición siempre ha sido una decisión del gobierno colombiano. Y el presidente Uribe ya dijo que la aplicaría si no se desmovilizan y nosotros lo apoyamos. Esta pregunta no tiene significado alguno hasta que los paramilitares hayan cumplido totalmente con todas sus obligaciones.

SEMANA: Un gran obstáculo en estas negociaciones es el miedo a entregar las armas y que, una vez se desarmen, el gobierno (éste o el próximo) no les cumpla lo pactado. ¿Cómo superar estos temores?

W.W.: Realmente los temores de los paramilitares de que el gobierno no vaya a cumplir no me interesan.

SEMANA: Pero es que esos temores impiden avanzar en una desmovilización...

W.W.: Ellos tienen que cumplir con todo primero y se puede hablar de paz después.

SEMANA: Entonces, más que una negociación, ¿usted concibe lo de Ralito como un sometimiento a la justicia por parte de las AUC?

W.W.: Sí. No son actores políticos. Son criminales, narcotraficantes, asesinos, ladrones.

SEMANA: ¿Si no son actores políticos, entonces cómo se puede negociar con ellos?

W.W.: Porque son un grupo de criminales tan grande y organizado. Se podría haber hecho la misma pregunta sobre las negociaciones del Caguán. Tampoco las Farc son ya actores políticos, son secuestradores, asesinos, traficantes.

SEMANA: Lo sorprendió la decisión del Presidente de ordenar súbitamente la extradición de Juan Carlos Sierra, que está en Ralito?

W.W.: No. El presidente Uribe apoya la extradición como un elemento de justicia. Entiende que han afectado a nuestros ciudadanos y han violado nuestra ley, y no le falta capacidad decisiva.

SEMANA: Hay información de que algunos jefes de Ralito estarían buscando negociar con la justicia estadounidense. ¿Qué saben ustedes?

W.W.: No conozco de eso. Hace unos meses la señora de Castaño pidió refugio en Estados Unidos, aterrorizada por la desaparición de su marido, y nosotros, previa consulta con el gobierno colombiano, se lo concedimos, por razones humanitarias.

SEMANA: Ese es el único caso...

W.W.: Sí. Ahora, si yo fuera uno de esos tipos enfrentando o la inevitabilidad de la cárcel o lo que le ha pasado a los señores Castaño o Arroyave, es bien posible que la cárcel tenga un atractivo.

SEMANA: Se percibe desconfianza entre ellos porque cada uno piensa que el otro puede negociar con Estados Unidos y entregarlos...

W.W.: Tienen razón en desconfiar unos de los otros. No hay honor entre ladrones.

SEMANA: Más que por su capacidad militar, los paras amenazan la democracia porque se están convirtiendo en unos señores de la guerra que controlan y corrompen la política local. ¿Qué se puede hacer para frenarlos?

W.W.: Es cierta esa amenaza, pero no es nueva. El gobierno ha hecho esfuerzos para que haya presencia estatal en todos los municipios, mejorar la justicia, etcétera. Todas son respuestas eficaces en contra de esa amenaza más sutil. Apoyamos esos esfuerzos con diversos programas. Sólo hay un remedio contra los señores de la guerra y es el buen gobierno, honesto y democrático.

SEMANA: Pero es que lo impiden porque corrompen o intimidan a muchos gobernantes locales. Quien los denuncie está en peligro y se siente impotente...



W.W.: Mientras las actividades políticas de los paramilitares se queden detrás de puertas cerradas, como un secreto sucio del que nadie habla, sí tienen toda la libertad para hacer lo que quieran. Pero cuando la gente decente, normal, decida enfrentar ese problema, ahí va a descubrir que tiene más poder del que cree. A pesar de las amenazas, los terroristas, tanto paramilitares como guerrillas, son pocos. El presidente Uribe ha tenido un éxito enorme en unir la voluntad del país para decirles a estos tipos ¡no más!

SEMANA: Pero siguen haciendo daño...

W.W.: Es un proceso difícil. Cuando los paramilitares no habían cumplido el cese de hostilidades, el gobierno les dio un ultimátum para que se desmovilizaran. Por eso fueron a Santa Fe de Ralito. Y cuando secuestraron al senador Gnecco y a su familia, el gobierno fue firme y con eso logró su liberación. Hay que progresar paso por paso. Lo que importa, creo yo, es que el Presidente y el doctor Restrepo entiendan que no se puede confiar en la buena fe de estos tipos, que sólo se puede negociar con ellos desde una posición de fuerza.

SEMANA: Hablemos de la otra gran amenaza a la democracia colombiana, las Farc. ¿Qué tan golpeada realmente cree usted que está su capacidad militar?

W.W.: Hay indicadores de que sí están golpeadas. Vino y se fue el aniversario número 40 de las Farc, sin mayor problema, gracias al esfuerzo militar y policial. Ya el país viaja por carretera con tranquilidad. Hay más desertores. Pero lo más importante es que las Farc tienen que pensar más cada día en defenderse y menos en cómo lastimar a la sociedad.

SEMANA: ¿Entonces su balance del Plan Patriota es hasta ahora optimista?

W.W.: Mejor sería decir que tengo confianza. La palabra optimista tiene algo de alegría. Y todavía la batalla es demasiado difícil, el reto muy grande, para sentirse alegre.

SEMANA: ¿Cómo les responden a los familiares de los estadounidenses secuestrados que, como los de los colombianos, buscan llegar a un acuerdo para que los liberen?

W.W.: Sentimos solidaridad para todas las víctimas y familiares de los secuestrados. Pero tenemos que pensar en razones de gobierno. Por eso no sólo pensamos en los secuestrados de hoy sino en los secuestrados potenciales de mañana. Y la respuesta es mostrarles a los secuestradores que no van a gozar de ningún beneficio con secuestros. Que los secuestros sólo alejan nuestra voluntad y la del gobierno en contra de ellos.

SEMANA: En la lucha contra los grupos ilegales armados a veces se corrompen miembros de las fuerzas de seguridad. Como ustedes hacen un gran aporte a estas fuerzas, ¿cómo pueden ayudar a combatir el problema?

W.W.: Es cierto que el narcotráfico por generaciones ha buscado corromper a las instituciones y a la sociedad. Nosotros le ayudamos a la justicia, a las cortes, a las investigaciones, a la lucha antisecuestro dando capacitación profesional, asesorando. Pero lo importante es rechazar esa corrupción. Y veo que hay una voluntad creciente para resistir estas influencias corruptoras porque se cree que sí se puede acabar con ellas.

SEMANA: Es frustrante para las autoridades ver que han reducido los cultivos de coca y que cada día interceptan más cargamentos de cocaína, pero el precio en Estados Unidos no varía, que sale la misma cantidad...

W.W.: En erradicación, incautación y persecución de lavado de activos estamos estableciendo récords. Desafortunadamente estamos trabajando en contra de organizaciones clandestinas. No sabemos cómo son sus inventarios, sus canales de tránsito, ni sus mercados. Hemos aprendido algo. Por ejemplo, al liberar Miraflores de las Farc, se descubrió un pueblito donde se compraban productos con cocaína y cada familia tenía sus ahorros de toda la vida en base de coca enterrada en la selva. No podemos decir cuál es el tamaño de ese inventario en pequeños 'ahorros'. Hace poco en Córdoba descubrieron un inventario de cuatro toneladas. O sea que sabemos que progresamos hacia la meta de acabar con el tráfico de esta suciedad, pero no sabemos con precisión dónde está esa meta, si está más lejos o cerca.

SEMANA: ¿Le gustaría seguir trabajando con el presidente Uribe si lo reeligen?

W.W.: Es cierto que hemos trabajado muy exitosamente con el presidente Uribe, pero también es cierto que podemos trabajar con otro presidente que comparta tanto como él los valores democráticos. Es una decisión del pueblo colombiano.

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