Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2015/09/12 22:00

¿Se someterán las bacrim?

Las bandas criminales, especialmente los Urabeños, sondean su entrega a la justicia. ¿Qué tan viable es?

La persecución contra Dairo Úsuga, alias Otoniel,ha dejado más de 500 integrantes de su banda criminal detenidos y al capo acorralado.

Desde hace siete meses más de 1.500 policías persiguen por tierra, mar y aire a Dairo Úsuga, alias Otoniel, jefe de la banda criminal los Urabeños. Más de 500 de los integrantes de esa bacrim han sido capturados, entre ellos su esposa, hermanas, primos y principales lugartenientes.

El acoso por la cacería es implacable y el capo, por el que se ofrecen hasta 5 millones de dólares de recompensa, no pasa un solo día en el mismo lugar en medio de la selva del Urabá antioqueño en donde se esconde. Más de 600 millones de dólares, entre droga incautada, dinero en caletas y bienes, le han sido decomisados. Toda esta situación ha llevado a Otoniel y algunos de sus lugartenientes a contemplar seriamente y enviar mensajes a la Fiscalía General, con el fin de estudiar las fórmulas para someterse a la justicia. El asunto no es nuevo, aunque los acercamientos de los últimos meses parecen indicar que gran parte de los Urabeños están dispuestos a entregarse. Al igual que otros reductos de bandas que actúan en otras zonas, como disidencias que quedaron de los Rastrojos en el occidente del país, y miembros de las llamadas autodefensas del Vichada y bloque Meta, que operan en el oriente del territorio nacional.

El antiguo jefe de los Urabeños, Daniel Rendón Herrera, alias Don Mario, detenido en abril de 2009, intentó a finales del año pasado convencer a Otoniel de entregarse junto con sus hombres. Como parte de esas gestiones, el gobierno suspendió la extradición a Estados Unidos de Don Mario. Sin embargo, la respuesta que obtuvo de su antiguo lugarteniente fue una carta que Otoniel le envió en octubre del año pasado, la cual fue revelada por SEMANA, en la que le informaban que lo desconocían como jefe o vocero y tajantemente negaban cualquier intención de someterse o entregarse a la justicia.

Durante meses las negociaciones quedaron empantanadas hasta cuando el gobierno lanzó la ofensiva para acabar con los Urabeños. Al final del primer mes de la operación, y tras la captura de la esposa, las cuñadas y la hermana del capo, Otoniel empezó a reactivar los contactos con la Fiscalía por intermedio de enviados. “En los últimos meses ha habido conversaciones por parte de algunos abogados de miembros de estas organizaciones recluidos en las cárceles, que han manifestado que habría un deseo de entregarse a la justicia, de un sometimiento masivo”, confirmó a finales de febrero el vicefiscal general, Jorge Perdomo. “El fiscal general de la Nación ha nombrado un fiscal especializado para que se reúna con estos representantes para explorar cuáles serían las condiciones de ese sometimiento a la justicia. Esto implica que entreguen armas y bienes, que delaten, que cuenten cómo es su accionar delictivo en las regiones, que colaboren en la desarticulación de sus redes económicas y políticas, y que finalice el reclutamiento ilícito de menores. Esas conversaciones se están dando, pero apenas en una fase exploratoria para un sometimiento, no es una negociación, es un sometimiento sobre la base del derecho penal ordinario”, dijo en ese entonces Perdomo.

Las semanas y los meses fueron pasando y, de nuevo, poco se volvió a saber del tema, al menos públicamente. Algunos intentaron pescar en ese río revuelto, como enviados de Alexander Montoya, alias el Flaco, primo de Otoniel, capturado en 2012 y pedido en extradición. Durante meses intentaron convencer a la Fiscalía de que a cambio de no ser enviado a Estados Unidos podía ayudar con las desmovilizaciones. Nada de esto resultó ser verdad y fue una simple estrategia para tratar de dilatar su envío a una corte estadounidense.

No obstante, lo que sí avanzó es que, de manera discreta, emisarios de Otoniel ya han entrado en lo que parece ser la recta final para una eventual entrega del capo y un buen número de sus hombres. Las diferencias con Don Mario han disminuido y el hermano de este último, el jefe paramilitar Freddy Rendón, ya salió de la cárcel.Esos dos factores han sido clave para que sí se esté contemplando el sometimiento de los Urabeños. Fuentes de la Fiscalía que conocen de cerca el proceso afirman que se podría acelerar poco después de las elecciones de octubre.

Que este proceso esté en marcha no implica que cesen las operaciones contra Otoniel y su banda. Su captura o muerte es una posibilidad antes de su entrega. No es claro cuántos integrantes harían parte de ese sometimiento. Los estimativos de la Fiscalía creen que podría ser una cifra entre los 1.500 y 2.000 hombres. Si esto llegara a ocurrir, sin duda sería un gran paso en el desmonte de las bacrim. No obstante, también es un hecho que, como ocurrió con las entrega de las antiguas AUC, se crearán disidencias dentro de los propios Urabeños que no están dispuestas a realizar un sometimiento. De hecho, ya se sabe que la exploración de esta posibilidad ha creado una disputa entre Otoniel y el segundo de ese grupo criminal, alias Gavilán, quien junto a otros lugartenientes harían parte de ese sometimiento. Falta ver si esta vez la tan anunciada entrega sí termina en algo concreto.

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