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| 1/10/2015 10:00:00 PM

Las batallas políticas se libran en Twitter

La red social Twitter se convirtió en Colombia en una arena política virtual donde el gobierno actúa, la oposición critica, los analistas opinan, la guerrilla habla, los ciudadanos se quejan y los insultos y mentiras vuelan por doquier.

La política es una de las actividades que ha sufrido una transformación más profunda ante la irrupción de las redes sociales. Diez años después de la llegada de Facebook y cinco de Twitter, el ejercicio político en Colombia no es el mismo. Los cambios se han experimentado en los más variados frentes: la gestión del gobierno, las críticas de la oposición, el periodismo político, el manejo de las campañas electorales y la interacción con el ciudadano. Pero ese mundo digital de memes y hashtags también ha degradado la discusión pública con su andanada imparable de ofensas y la difusión de calumnias y montajes.

El dilema sobre la ‘tuit-política’ se mantiene: ¿es Twitter el ágora democrática donde cualquier usuario puede interpelar a sus gobernantes sin intermediarios o la cloaca donde tienen eco los odios y los prejuicios más acendrados de la sociedad? Más allá de una respuesta única a este interrogante, la red del pájaro azul se ha convertido hoy en una arena paralela donde se discuten los temas urgentes del país con tanta o mayor intensidad que en el Congreso, los medios de comunicación tradicionales, la plaza pública o las aulas académicas.

Una de las primeras muestras del impacto de las redes sociales en la política fue la convocatoria de la marcha de Un millón de voces contra las Farc del 4 de febrero de 2008. Esta iniciativa, surgida desde la plataforma Facebook y liderada por personas comunes y corrientes, movilizó a cientos de miles de colombianos en más de un centenar de ciudades del mundo. La marcha del 4F fue el abrebocas de lo que hoy es pan de cada día: los usuarios aprovechan las redes para impulsar banderas que más tarde son abordadas por los líderes políticos.

También Facebook protagonizó la campaña presidencial de 2010. Un soporte fundamental de la llamada ‘ola verde’ que protagonizó Antanas Mockus fueron los círculos de amigos de la red creada por Mark Zuckerberg. La campaña del exalcalde de Bogotá fue pionera en el uso de este mundo digital para reproducir el mensaje político de un aspirante minoritario. La brecha entre el fervor por Mockus en las redes y el apoyo real que obtuvo en las urnas dejó a los nuevos estrategas políticos digitales una de sus primeras lecciones: es más fácil hacer un like en Facebook que efectivamente ir a votar el día de los comicios.

Pero aunque Facebook es de lejos, en Colombia y en el resto del mundo, la red social más popular, en el mundo político Twitter es el rey. En la puja electoral de 2011 y de 2014 los candidatos compitieron de manera paralela en las calles y con tuits. La capacidad de esa red social de transmitir tanto texto como hipervínculos, fotos y videos transformó cualquier cuenta en una oficina de prensa, centro de recepción de denuncias y canal de comunicación al mismo tiempo. La administración de las redes sociales y las correspondientes estrategias para el crecimiento de los seguidores llegaron para quedarse al portafolio básico de servicios de los consultores profesionales de campaña.

La gestión ejecutiva también ha cambiado gracias al trinar de Twitter. La administración Santos –y gobernantes locales como el alcalde de Bogotá Gustavo Petro–son los primeros equipos de gobierno que han desarrollado sus agendas en la era de los tuits. Esto ha significado grandes ventajas en materia de comunicación con los gobernados pero simultáneamente la presión y los ataques que pululan en esta red social. Prácticamente cada dirigente electo, funcionario de alto nivel y entidad nacional han abierto cuentas en los últimos cinco años desde las cuales informan de sus acciones, responden dudas de los usuarios y son sujetos de críticas.

El gran megáfono


No hay aún una fórmula mágica para definir cómo debe un mandatario administrar sus tuits. Santos empezó usando Twitter para informar sobre los actos de gobierno, pero desde 2014 lo emplea para responder a la oposición y compartir citas sobre la paz. El alcalde Petro es otro dirigente popular en esta red social. La usa para defender su gestión, atacar contradictores políticos y enfrascarse en discusiones con tuiteros y periodistas.

Si bien, para los gobernantes en ejercicio los tuits son simultáneamente un arma y un punto débil, para los opositores esta red social es un poderoso megáfono. El mejor ejemplo es el del senador Álvaro Uribe. El Centro Democrático, hoy el principal bloque opositor a Juan Manuel Santos, es el primer partido político en Colombia creado y promovido desde Twitter. Al respaldo que el expresidente gozaba en una porción importante de la opinión pública se le sumó una estrategia de redes sociales destinada a minar el apoyo a la gestión santista. En no pocas ocasiones, los señalamientos uribistas contra el gobierno se caían de su peso pero la crítica al presidente ya estaba hecha. Hasta Iván Márquez, jefe negociador de las Farc en La Habana, usa su cuenta para enviar mensajes y posturas de esa guerrilla.

Los pulsos políticos en Twitter entre políticos, usuarios y gobernantes son hoy tan importantes como los que se presentan en escenarios de la vida real.  Caracol Radio emitió un reporte de varios contratistas del Distrito cuya función giraba en torno a la defensa de la administración Petro en las redes sociales, especialmente Twitter. La gran mayoría de tuiteros aprovecha la plataforma para interactuar con los dirigentes que admira pero también para atacar a los que rechaza. También existen cuentas creadas exclusivamente con la intención de inundar a los políticos de alabanzas o de críticas. Dentro de las estrategias digitales de manejo de redes sociales se cuenta el despliegue de estas operaciones tanto de promoción como de ataque.

Lo anterior lleva al corazón de las críticas a la ‘tuit-política’: que el odio y las rabias que circulan contra los dirigentes políticos en Twitter supera con creces los beneficios que para los ciudadanos y los mismos líderes genera hacer presencia en la red. Dentro de estos últimos están no solo la posibilidad de un usuario de interpelar a los gobernantes, políticos e instituciones públicas, sino también la de influir a punta de  hashtags y trending topics el debate público. En estos años no han sido pocos los temas surgidos en Twitter que los medios tradicionales han insertado en su agenda noticiosa.

Aunque las investigaciones sobre internet muestran que la mayoría de usuarios de Twitter usa esta red para intercambio social, el debate político en esa plataforma llegó para quedarse así como los ataques y la difusión de mentiras, sean orquestadas o no. La cuestión radica en qué tanta fuerza tendrá el activismo social en estas redes. Malcolm Gladwell, en su ya clásico artículo de The New Yorker en 2010, ‘Porque la revolución no será tuiteada’, afirma que los “lazos débiles” entre amigos de Facebook y usuarios de Twitter son difíciles de transformar en grandes cambios sociales. Lo que ya es una realidad en Colombia es que la ‘tuit-política’ es un mundo paralelo donde gobernantes, ciudadanos, opositores, guerrilleros, consultores, contratistas, periodistas y trolls pugnan por enviar mensajes, alterar la agenda, crear noticia, difuminar mentiras, repetir calumnias e inundar de odio a los contradictores.
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