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| 8/7/2015 10:50:00 AM

Las colombianas que cayeron en una red de trata de personas

Se estima que 21 millones de personas están en las redes de la esclavitud moderna. Estas son las historias de algunas mujeres que han luchado contra este flagelo.

El Informe Anual de Trata de Personas no trae las mejores noticias para Colombia. El documento, elaborado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos afirma que “el gobierno de Colombia no cumple plenamente las normas mínimas para la  eliminación de este flagelo”.

Advierte que cada día cientos de mujeres sufren en silencio por esta trampa, que es considerada una de las peores formas de esclavitud moderna.  La investigación arroja resultados preocupantes del país en esta lucha. Revela que mujeres y niños colombianos son traficados para ser explotados sexualmente en América Latina, el Caribe y Asia.

El Informe asegura que hay “altos índices de prostitución infantil en zonas de turismo y alrededor de las grandes industrias, sobre todo en zonas mineras donde hay grupos delictivos organizados”.

A pesar de que en los últimos años se ha fortalecido la legislación contra ese tipo de delitos, es muy difícil poder capturar a quienes manejan estas redes. Diana Cano, de la Fundación Esperanza, explica que el problema no es la ley sino “que no tenemos suficientes fiscales preparados para identificar casos de trata y cuando les llegan, el sistema judicial es poco amable con las víctimas”.

El informe no se queda en la crítica. Recomienda a Colombia que se garantice el acceso a servicios especializados de ayuda a las víctimas y propone la creación de unidades regionales que aumenten la posibilidad de investigar la trata de personas, sobre todo en las poblaciones vulnerables.

La gravedad de la trata de personas se puede comprender a través de las historias de quienes han vivido esta pesadilla. La Fundación Esperanza compartió con Semana.com los testimonios de algunas mujeres que han sido víctimas de este flagelo.

Una promesa de 1.400 dólares

 “Una amiga nos ofreció 1.400 dólares mensuales como saloneras en un nigth club en Panamá, donde adicionalmente nos darían la comida gratis. Cuando llegamos a Panamá, nos requisaron, nos quitaron los papeles y nos llevaron en un carro hasta un apartamento donde nos dijeron qué íbamos a hacer. Vendían nuestros cuerpos”, mujer de 20 años víctima de explotación sexual.

Como un hechizo de brujería

“Cuando estaba allá… mi cuerpo no respondía. Era como llevar una bruja por dentro. Así nos pasaba todos los días. Allá llegaban todos los hombres a abusar de nosotras a cambio de plata. Pero nosotras nunca vimos nada de ese dinero. Así estuvimos casi un año.  Todavía tengo problemas asociados a la cantidad de drogas que recibí”, mujer de 27 años víctima de explotación sexual.

Encerrada en Ecuador

“En el primer mes de trabajo como empleada de servicio les dije que era muy duro y que me quería regresar a mi casa. La señora me encerró. No me dejaba salir nunca. Tenía que aguantar todo lo que ella dijera. Me decía que yo era una niña y no podía salir, me tocaba trabajar de domingo a domingo y mi familia no me podía ayudar porque no sabía dónde estaba. Una señora me ayudó a llamar a mi mamá en Colombia, quien finalmente fue a recogerme. Yo demandé a la señora en la comisaría de trabajo de Ecuador, y sólo le hicieron pagar mis honorarios. No recibió ningún castigo aun cuando me dijeron que tenía antecedentes”, mujer víctima de explotación laboral.

El sueño árabe de una niñera

 “Yo era  una mujer cabeza de hogar, me ofrecieron  irme de niñera a un país del Oriente Medio en el que iba a recibir 500 dólares mensuales libres. Antes de irme me dijeron que debía firmar un documento escrito en árabe para que todo fuera legal y un compromiso de trabajo. En estos documentos supuestamente decía que me comprometía a que en caso de que decidiera renunciar tendría que buscar un reemplazo y capacitar a la persona por un mes sin recibir remuneración.

En octubre del 2014 emprendí mi aventura y apenas dos meses después ya quería huir despavorida. Angustiada llamé a mi familia y pedí ayuda porque era maltratada, obligada a comer las sobras, encerrada en la casa y no había recibido un centavo del pago.

Ante las súplicas, mi familia se dirigió a las autoridades y estas hicieron la gestión para que el consulado identificara el lugar en el que me encontraba. Mientras esto sucedía, fui obligada a firmar otros papeles en los que aseguraba que estaba bien y a gusto con mi trabajo.

Luego de varios meses de incertidumbre logré huir otra vez y comunicarme con mi familia. Pero mi patrona los llamó después y les dijo que la única forma de que quedara libre era desembolsar 2.000 dólares”.

Las autoridades están encargadas del caso, pero no se ha sabido nada de qué ha pasado con ella.
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