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| 12/4/2010 12:00:00 AM

Las cuentas secretas de los Nule

SEMANA revela el escandaloso montaje financiero con que los Nule manejaban su imperio. Pagos de comisiones y maletas con cientos de millones en efectivo.

Cuando el imperio del Grupo Nule comenzó a desplomarse, las cabezas del mismo -Miguel, Manuel y Guido- se pusieron en la tarea de salvarse de la catástrofe. En un lapso de seis meses lograron ceder la propiedad de muchas de sus empresas antes de que el Estado las interviniera, se fueron del país antes de que la Fiscalía tomara alguna decisión sobre ellos y lograron evitar tener que pagar más de 60.000 millones de pesos que Bogotá les había dado como anticipo por el TransMilenio de la 26. Todo parecía estar fríamente calculado.

Pero omitieron un pequeño detalle: en el afán de la partida dejaron olvidados documentos y carpetas con recibos contables que ponen al descubierto todo tipo de movimientos irregulares de dinero de sus empresas. Independientemente del escándalo del carrusel de la contratación de Bogotá, estos documentos, a los que tuvo acceso SEMANA, muestran por qué colapsó este conglomerado empresarial.

(Vea más detalles de los documentos encontrados desplegando las imágenes del lado derecho).

Estos papeles también dejan al descubierto que movían miles de millones de pesos en efectivo para pagar 'mordidas', tanto en el sonado caso del TransMilenio de la 26 como también en contratos con otras entidades del Estado.

SEMANA revisó un centenar de recibos y cheques y la conclusión es que son parte de una contabilidad paralela, un registro contable secreto que le permitía al Grupo Nule llevar las cuentas de transacciones multimillonarias en efectivo que no podían figurar en los libros oficiales. Además de los registros que dejan entrever el pago de comisiones a funcionarios públicos o lobbystas por la gestión de los contratos, otras transacciones son gastos personales, como la compra de apartamentos a personas allegadas a ellos o el pago de abogados de familiares que no tienen nada que ver con el objeto del contrato, y unas cuantas más dejan constancia del pago de deudas en efectivo a quienes les habían hecho jugosos préstamos para sostener el andamiaje del grupo.

Estos recibos pueden ser el punto de partida para que los investigadores descubran qué falló en las entrañas de uno de los más grandes contratistas del Estado.

Los recibos de pagos o cheques a los que tuvo acceso SEMANA suman 23.000 millones de pesos, y de ellos, poco más de 10.000 millones son pagos en efectivo y el resto en cheques en un periodo de tres años. A pesar de que son decenas de transacciones, es altamente probable que este paquete sea tan solo una pequeña parte del total de las cuentas secretas. Y puede que haya otros soportes perdidos. De hecho, en algunos de estos se hace referencia a otros recibos que no aparecen y, en últimas, los encontrados solo cubren parte de los años 2006 a 2008.

Es posible que aparezcan muchas más pruebas, pues son muchos los ex empleados que están molestos por las deudas que tiene el grupo con ellos.

La informalidad con la que los Nule manejaban el dinero de los contratos del Estado era tal que Ervin Tovar, mensajero del grupo, aparece en los papeles como el encargado de manejar buena parte de los 10.000 millones de pesos en efectivo. A su nombre, cualquier empresa de los Nule giraba cheques de todos los montos, hay registros incluso de hasta 400 millones de pesos. Ervin se encargaba de cambiar los cheques por billetes y, en una camioneta blindada y acompañado por alguno de los escoltas, las traía de vuelta en maletas a la oficina de los Nule, un edificio de cinco pisos en la carrera 11, a solo dos cuadras del exclusivo parque de la 93 de Bogotá. Una vez en la oficina, según testimonios de un ex empleado del grupo, ponía el dinero sobre la mesa y lo empacaba en bolsas de manila para luego entregarlo a quien correspondía.

La explicación que dan los Nule es la siguiente: "Ervin Tovar era el encargado de hacer retiros en efectivo para pagos de nómina a finales de mes, compra de elementos urgentes, entre otros, como es común en las labores de un trabajador de este rango. Esos recursos en efectivo nunca tuvieron destino distinto al giro ordinario de la empresa".

En algunos casos, cuando el monto era ya demasiado alto, como cuando le pagaron 600 millones a un empresario textilero -ver facsímil en recuadro de abajo- el mensajero fue al banco cuatro días seguidos, en enero de 2007, para cambiar varios cheques de 150 millones de pesos cada uno.

Este tipo de procedimientos son, por decir lo menos, sospechosos. Manejar grandes sumas de dinero en efectivo es más propio de organizaciones al margen de la ley que de un conglomerado como este que maneja multimillonarios recursos de contratos del Estado. Y lo peor es que buena parte del dinero que les confiaban las entidades a los Nule, al final de cuentas, lo utilizaban para efectos que nada tenían que ver con el asunto contratado. Nunca terminaron varias de las obras, como dos de la Gobernación de Cundinamarca por 28.000 millones de pesos, o la de TransMilenio (ver recuadro 'El manuscrito de cómo pagaban mordidas'). Y hoy quienes transitan por el Parque de la Florida o por la 26, que eran el objeto de estos contratos, tienen que padecer el desastre.

Las comisiones

Otra gran revelación de las cuentas secretas de los Nule es el capítulo de pagos al ex congresista Germán Olano. Hasta ahora lo que se sabía -gracias a una escandalosa grabación que se filtró a los medios- era que Olano servía como una especie de intermediario entre el Grupo Nule y la administración del alcalde de Bogotá, Samuel Moreno. Y en la declaración que dio Miguel Nule a la Procuraduría dijo que "Olano tenía el interés de cobrar 1.750 millones de pesos como parte de la gestión hecha por él para acercarnos a Julio Gómez en el contrato de la calle 26".

Los Nule, o al menos Miguel, se han querido mostrar como las víctimas de una especie de extorsión de otros que querían obligarlos a pagar 'mordidas'.

E incluso han dejado entrever que por no pagarlas fue que los quebraron. Pero lo que ni Miguel ni sus socios han admitido es que pagaron estas comisiones irregulares.

En los documentos que SEMANA revela hoy está la comprobación de que los Nule sí le pagaron a Germán Olano. En un informe de 2008, de la contabilidad paralela, se habla de compromisos con Olano por 1.020 millones de pesos, además hay indicios de otros pagos en dólares por 34 millones de pesos y hasta le cargan a su cuenta dos millones de pesos del alquiler de un conjunto vallenato.

Por supuesto, los Nule trataron de esconder ese pago irregular. Los cheques, que según las anotaciones al margen de los recibos iban para Olano, no están a nombre de él. Sin embargo, SEMANA rastreó uno de esos cheques y encontró que estaba a nombre de un particular al cual Olano le pagó en esa misma fecha un apartamento que compró para familiares suyos en un exclusivo sector del norte de Bogotá.

De otro lado, los Nule también han dicho que la solicitud de comisiones se limitó al episodio de la calle 26 en Bogotá. Sin embargo, otro de los documentos más reveladores de sus cuentas ocultas muestra de puño y letra cómo, en 2006, se cuadraron pagos por más de 3.000 millones de pesos, que corresponden a unos contratos de uno de los consorcios de los Nule, Intervías, con la Gobernación de Cundinamarca. Se lee un "10,5" por ciento a la "entidad y gestor" y uno por ciento por los servicios de la abogada Liliana Hernández.

Hernández le admitió a SEMANA que recibía parte de la plata en efectivo, porque, según ella, los Nule desde entonces decían tener problemas con el pago de impuestos a la Dian, pero alega que el único dinero que ella recibió en este contrato fue el uno por ciento, como prima de éxito, sobre el valor del contrato, por ayudar a estructurarlo. Es decir, en este caso, 280 millones de pesos.

Sin embargo, lo que no logra explicar la abogada sucreña es por qué aparecen las firmas de sus hijos, su hermana y hasta su mamá en recibos de pagos por sumas de 200 y 300 millones de pesos hasta completar más de 2.000 millones de pesos. El 10,5 por ciento que los Nule iban a pagar a la "entidad y gestor" equivalía a cerca de 3.000 millones de pesos. De todas maneras Hernández no lo niega rotundamente. "Tendríamos que ver los recibos y hacerles prueba grafológica a las firmas", anotó.

La estrategia de los Nule

Hasta ahora, lo que el país sabía del conglomerado empresarial que montaron los hermanos Manuel y Miguel Nule Velilla y su primo Guido Nule Marino era que se había venido a pique por problemas de liquidez, cesación de pagos y elevado endeudamiento. Pero con estos documentos que revela SEMANA comienzan también a destaparse las pruebas de los malos manejos.

Los Nule, a finales de los años 90 y principios de esta década, parecían ser la estrella que más brillaba en el firmamento de los negocios en Colombia. Y hasta hace unos meses, en su portafolio empresarial, hacían parte de siete consorcios y uniones temporales que ganaron contratos por medio billón de pesos en los últimos cuatro años, solo en Bogotá, y con contratos y negocios extendían sus alas a departamentos como Atlántico, Magdalena, Norte de Santander, Tolima y Risaralda, entre otros.

Los primos Nule no solo eran jóvenes y emprendedores, ninguno llegaba a los 40 años cuando estaban en la cumbre, sino que tejieron toda una red de contactos de alto nivel en el gobierno, la política y los medios de comunicación en Bogotá. Sus padres, reconocidos políticos de la costa, les abrieron el camino. Guido es barranquillero, hijo de Guido Nule Amín, ex ministro de Minas y Energía. Y Manuel y Miguel son sucreños, hijos de Miguel Nule Amín, quien fue investigado en el escándalo de la parapolítica.

Pero el pedestal se les empezó a resquebrajar hace exactamente un año, cuando se quedaron por fuera del negocio público más grande del país en los últimos tiempos: la Ruta del Sol, un contrato de cerca de 5 billones de pesos. Y ellos, en particular, necesitaban el anticipo de 236.000 millones de pesos, que en ese momento, con el agua al cuello, se convertía para ellos en el tanque de oxígeno para sobrevivir.

El tiro de gracia fue el lío de la calle 26 de Bogotá, que llevó a la alcaldía de Samuel Moreno a caducarles el contrato. Y en septiembre pasado, luego de la llegada de Juan Manuel Santos a la Presidencia, el nuevo superintendente de Sociedades, Luis Guillermo Vélez, anunció la liquidación de las dos empresas madre del grupo: MNV Construcciones y GasKpital. Y luego el turno fue para Bitácora y Ponce de León.

Para sorpresa de la Superintendencia, las empresas ya no figuraban como propiedad de los primos Nule. SEMANA consultó a los dos liquidarores de las empresas para preguntarles sobre los documentos en poder de la revista. Saúl Sotomonte dijo que no podía hacer ninguna precisión -"no he encontrado un desorden tan grande en toda mi carrera", afirmó-. Pero sí admitió que "hay una información no oficial de algunos movimientos y documentos que vienen apareciendo". Y Pablo Muñoz manifestó no tener interés en dar declaraciones.

Miguel, Manuel y Guido Nule emprendieron, la semana pasada, su última gran batalla para intentar salir ilesos de todo este lío: pidieron al Fiscal General principio de oportunidad. Esta figura quiere decir que le dan información de gran utilidad a la Fiscalía para denunciar a otros a cambio de que les perdonen sus pecados.

En ese orden de ideas, SEMANA les preguntó sobre los pagos de comisiones que habrían hecho para obtener contratos en distintas entidades y dicen que eso es solo "una afanosa carrera de desprestigio y descrédito a la verdad de lo sucedido en la administración distrital" que han emprendido "quienes se han visto afectados por las denuncias realizadas por Miguel Nule y las que se harán en próxima fecha".

Sin duda, es mucho lo que falta por destapar de parte y parte. No solo del cartel de contratación, que prometen los Nule, sino también de todo el castillo de naipes que ellos mismos construyeron con los recursos de muchos colombianos.
 
(Vea más detalles de los documentos encontrados desplegando las imágenes del lado derecho).
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