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| 2/17/2007 12:00:00 AM

¿Las declaraciones de Botero le quitaron un piano de encima?

El ex canciller Rodrigo Pardo * le responde a María Isabel Rueda.

M.I.R.: Usted fue Canciller en el gobierno Samper. Después de 13 años, ¿ya se le había olvidado el escándalo del proceso 8.000?
R.P.: Para mí era un capítulo superado, pero no olvidado. Y me ha sorprendido que a raíz de las nuevas declaraciones de Fernando Botero, la percepción que subsiste entre la gente es que no, que el proceso está muy abierto. Yo habría preferido que en mi caso personal se le hubiera dado más importancia a lo que dijo hace 12 años la justicia, que a la entrevista de Botero, aunque hayan dicho básicamente lo mismo.

M.I.R.: De todas maneras, de la última versión de Botero, el gran damnificado es Horacio Serpa, y el gran beneficiado históricamente es Rodrigo Pardo. ¿Le quitaron un piano de encima?
R.P.: El error era mío por pensar que bastaba un fallo de la justicia y que no se requería un mayor conocimiento de la opinión pública. Botero en eso me hizo un favor, después de haber estado distanciados muchos años, por no decir confrontados.

M.I.R.: Concretemos qué fue lo que dijo: que Rodrigo Pardo nunca supo nada…
R.P.: Mi proceso de conocimiento de los hechos fue muy parecido al de la opinión pública. Primero hubo los narcocasetes, que yo recibí con mucho escepticismo por la duda de un montaje. Un año después, Santiago Medina y Botero fueron encarcelados. Visité a Botero en la Escuela de Caballería y me dijo que no descartaba que Medina hubiera recibido plata del cartel y que se la hubiera robado. Ahí me di cuenta de que había algo. Y después, cuando Fernando cambió de versión en la entrevista de Yamid Amat, fue evidente que sí había habido una financiación muy grande por parte del narcotráfico.

M.I.R.: ¿Nunca pensó en retirarse del gobierno?
R.P.: Muchas veces. De hecho, me retiré. Botero, en su ampliación de indagatoria después de la entrevista con Yamid Amat, resolvió acusarnos de complicidad a Serpa; a Juan Manuel Turbay, que era el ministro de Comunicaciones, y a mí. Fui llamado a indagatoria por la Fiscalía y le dije al presidente Samper que tenía que retirarme, porque me parecía que para la dignidad del cargo de Canciller, por más de que yo era inocente, no convenía ejercer esa función.

M.I.R.: Hmmm… Se repite la historia. Algo muy parecido sucede ahora. Pero usted se retiró del cargo y no del gobierno, porque se fue de embajador a París…
R.P.: El presidente Samper no quería que me fuera. Me retiré primero dos meses, pedí una licencia y unas vacaciones, para asistir al llamamiento de la Fiscalía sin la camiseta de ministro. Luego regresé otros dos meses y después duré un año por fuera trabajando en Cambio 16 y en la Universidad de los Andes. Fue entonces cuando me fui de embajador a París, una vez la Fiscalía había cerrado mi proceso.

M.I.R.: A usted se le adjudica la famosa frase de Samper de que "fue a mis espaldas"…
R.P.: No. Yo recibí dos bendiciones del destino. Una, que mis funciones no tenían nada que ver con la contratación ni con la financiación, como dijo Botero la semana pasada. Y dos, que cuando detuvieron a Medina y Samper hizo el famoso discurso de que " fue a mis espaldas", yo estaba en vacaciones por fuera. Tuve que mostrarle a la Fiscalía las fechas estampadas en el pasaporte en las que estuve viajando, porque una de las acusaciones que me hacía Botero en la época era la de que yo había participado en una reunión en el Palacio de Nariño a oscuras, para diseñar una operación de encubrimiento. Yo no estaba en el país ese día. Esa fue la misma reunión que mencionó ahora Botero, pero no diciendo que yo estaba, sino solamente él y Samper.

M.I.R.: Partiendo de la base de que Botero ha sido muy mentiroso, ¿cómo vio esta última entrevista?
R.P.: Botero tiene más credibilidad para hablar en contra de los demás que para hablar a favor de sí mismo.

M.I.R.: Por muy mentiroso y manipulador que sea, nunca había escuchado a Botero inculparse más que en esta última entrevista…
R.P.: Creo que con el hecho de inculparse gana en términos de credibilidad, pero al haber cambiado de versión tantas veces, ya la gente no sabe qué creer. Sin embargo, Fernando debe estar convencido de que hizo el mayor esfuerzo posible por decir la verdad. En mi caso personal, le debe haber costado mucho hablar bien de alguien a quien no quiere.

M.I.R.: No compartirá con Samper la opinión de que tanto la entrevista con RCN como con La W fueron un publirreportaje…
R.P.: Me parece un error garrafal, un exabrupto. Las declaraciones del presidente Samper en estas últimas semanas han sido contraproducentes para él mismo. Y ese recurso de atacar al mensajero, confiando en que así se desprestigia el mensaje, es francamente deplorable. Los políticos lo utilizan mucho, pero es una afrenta a la gente porque es un engaño.

M.I.R.: Devolvámonos un poco al caso Santiago Medina. ¿Fue usted el que impidió que a Medina le callaran con una embajada su trabajo de "enganchar" dinero del narcotráfico?
R.P.: Mi intervención es un poco distinta a la versión de Botero. Después de las elecciones, Medina, de ida para el aeropuerto a unas vacaciones en Italia, me dijo algo que me dejó totalmente perplejo. Ya se había anunciado que yo sería Canciller, y me dijo que él quería irse de embajador a España, porque era la única sede diplomática en Europa que era equivalente en tamaño y calidad a su casa en Bogotá. (¡al castillete que él tenía sobre la carrera novena con 87!….risas). A mí me pareció un exabrupto total. No tenía el perfil para una embajada que habían ocupado Belisario Betancur, Abdón Espinosa, el propio Ernesto Samper. Mi primera oposición a ese nombramiento no tenía que ver con la financiación de la campaña. Lo consulté con Samper y él me dijo que le parecía absurdo. Después, cuando ya era Canciller, llamó al Ministerio a preguntar el salario y las condiciones de la Embajada de Grecia. Le dijo al funcionario que lo atendió que Botero le había ofrecido ese cargo, pero a mí el Presidente jamás me mencionó nada.

M.I.R.: Usted, 13 años después de los hechos y de esta declaración de Botero, ¿sigue pensando que Samper no sabía?
R.P.: Es obvio que se enteró, como todo el país, pero la pregunta es cuándo. Yo el cuento del carro que cuenta Botero, donde Samper le dice "Fer, hay que recibir la plata de esa gente", lo siento muy forzado. Es más creíble la versión que dio Medina sobre el tema: después de varios ofrecimientos rechazados por el lío que se podía armar, se lo vuelven a plantear a Samper y él dice: "la financiación es un tema de ustedes, hagan lo que quieran, pero que yo no me entere". Esa es una expresión más propia de él, y es una frase que sugiere que Samper pensaba que eso lo eximía de la responsabilidad directa, al no estar involucrado en los detalles ni ser el promotor de la idea. Una persona tan inteligente como él sabía que aceptar el dinero le podía costar mucho. Fue una respuesta ambigua que tenía la ventaja de que nadie podía decir que él había hecho la operación, pero que les permitía a los demás sostener que él había dado una luz verde.

M.I.R.: ¿Pero Samper sí tenía la responsabilidad?
R.P.: Siempre sostuve que Samper debió asumir esa responsabilidad frente a la opinión, y que un fallo judicial no resolvía el problema. Pero su actitud fue la de catalogar a todo el que legítimamente estuviera ofendido y cuestionara el ingreso del dinero a su campaña, como conspirador contra el gobierno, cuando ese era un sentimiento totalmente legítimo. El Presidente debió sintonizarse con él y haber reconocido su responsabilidad, no necesariamente como autor intelectual de la iniciativa de la financiación del narcotráfrico, sino como Presidente de la República, y haber colaborado más con los organismos de investigación para esclarecer lo que realmente había ocurrido. Eso habría impedido que el gobierno de Samper, en su parte final, hubiera sido tan traumático.

M.I.R.: Trece años después, seguimos en las mismas. Samper eludiendo su responsabilidad y alegando que ahora la culpa la tienen los medios que hacen "publirreportajes" con Botero…
R.P.: Ese es un error y la peor víctima es el propio Samper, que ha llevado una vida de ex presidente salpicada de fantasmas. Muchos presidentes y ex presidentes han asumido la culpa de sus errores y por cuenta de eso han podido vivir tranquilamente sus últimos años. Nixon lo hizo. Clinton lo hizo con la Lewinsky, y ahora es un gran líder internacional. Lamentablemente, ese error de estrategia del presidente Samper, que no oyó consejos que le dimos algunos miembros de su gobierno en el sentido de que asumiera abiertamente la responsabilidad y ayudara a la investigación, se reflejó en los dos últimos años de su gobierno, cuando no hubo gobernabilidad. Un gobierno que habría podido ser realmente muy bueno -yo creía en su proyecto- terminó siendo frustrante. Todo se quedó en sueños y en planes.

* Rodrigo Pardo García-Peña es actualmente director editorial de la revista Semana.
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