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| 9/12/2014 12:00:00 AM

Las demandas de CDO a las víctimas de Space

La firma responsable del desplome del edificio alega que un representante de los damnificados, con sus comentarios, ha lesionado la imagen de la compañía.

Un año después de que se viniera abajo el edificio Space, Carlos Ruiz García aún no ha visto de regreso el dinero que alguna vez le pagó a la constructora CDO, por el apartamento 818 de la torre 1, una estructura de la que próximamente solo quedará el polvo. Tampoco ha recibido indemnización alguna por daños y perjuicios.
 
Pero como si se tratara del mundo al revés, lo que sí le llegaron fueron dos citaciones del Juzgado 14 Civil del Circuito de Oralidad, de Medellín, en la que le notifican que Pablo Villegas Mesa, representante legal de la constructora, interpuso dos tutelas en su contra.
 
La acciones, que se hicieron extensivas a un medio de comunicación y a un periodista el 21 de julio y el 9 de septiembre, argumentan que Ruiz, quien representa a otros damnificados, ha lesionado la imagen de la compañía con sus declaraciones públicas.
 
En la demanda Villegas cita algunos párrafos que corresponden a un artículo del diario El Tiempo, del 8 de julio de 2014. “Para los propietarios de las viviendas de Space, el incumplimiento de CDO no es más que la dilatación del proceso como una estrategia para despatrimonializarse”.  Líneas más adelante del texto, Ruiz declara: “lo que buscan (CDO) es declararse en quiebra y dejar 10 mil millones de pesos para decir que eso es lo que tienen para negociar. A la gente ahí le va a tocar recuperar lo que pueda”.
 
Lo curioso de la tutela es que en julio de este año, la Superintendencia de Sociedades admitió la liquidación judicial de Lérida CDO, ante la insolvencia económica motivada por las múltiples demandas de los propietarios de Space. Ya el 27 de junio, la misma instancia había ordenado la reestructuración empresarial y el embargo de los bienes de otras cinco empresas del Grupo CDO: Calamar, Vifasa, Alsacia, Bepamar y Acuarela.  
 
En marzo, un juez le imputó cargos por homicidio culposo tanto a Villegas como a Jorge de Jesús Aristizábal Ochoa, ingeniero calculista; María Cecilia Posada Grisales, directora de la obra; la excuradora Eliney Francis Llanos; y el Curador Segundo Carlos Alberto Ruiz.
 
Para Carlos, el ahora demandado por Villegas, resulta doblemente victimizante tener que guardar silencio  frente a unos hechos que son tozudos y que hablan por sí mismos. “A ellos fueron los que se les cayó el edificio. Y lo que yo he dicho es lo que lo terminó sucediendo. Es tan cierta la supuesta quiebra, que ya tienen un liquidador. Eso yo no me lo inventé”, dice.
 
Desde hace un tiempo, a este hombre le han hecho llegar por debajo de la puerta de su casa, recortes de periódico en los que aparecen sus declaraciones. Aunque ignora quién los haya dejado allí, sí dice estar preocupado por que lo puede llegar a ser una especie de acoso judicial.
 
El ambiente entre las víctimas de Space se enrareció durante la última semana cuando el ingeniero Roberto Rochel Award, el hombre que ha investigado las posibles fallas estructurales en los edificios construidos por CDO, denunció que fue amenazado de muerte.
 
Según Rochel, alguien le dejó un recado en el restaurante de su hijo que decía, “Dígale que lo estamos llamando de la Funeraria Colombia”. Aquello generó una alerta entre las autoridades, que ya está siendo investigada por la Fiscalía y la Policía Nacional.
 
Santiago Uribe, otro de los afectados de Space también denunció en la Fiscalía una suplantación de su nombre en redes sociales, a través de una cuenta abierta desde su propio correo. Uribe asegura que misteriosamente ha desaparecido información de su computador.
 
Eso sin contar lo que significa para ellos el trauma que les generó abandonar sus propiedades, en medio de la tragedia. Carlos Ruiz y su esposa, por ejemplo, no son capaces de volver a vivir en un apartamento. “Mi señora ve una grieta y se quiere enloquecer. Nunca parquea el carro debajo de donde ve alguna fisura. Con esas cosas quedó ella, con esas cosas queda uno”.
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