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| 9/22/2012 12:00:00 AM

Las Farc, con piel de oveja

Las Farc se han declarado 'las primeras víctimas' del conflicto armado. ¿Entenderán sus comandantes que para millones de colombianos esta afirmación es un insulto a la inteligencia?

Las Farc han optado por una insólita presentación en sociedad. "Estamos en la batalla porque el tema de las víctimas sea abordado como es: las primeras víctimas somos nosotros, los civiles obligados a estar en armas", dijo Andrés París, uno de sus negociadores. ¿Son conscientes los comandantes de esa guerrilla de la bofetada que semejante declaración representa para la Colombia urbana, para buena parte de la Colombia rural que ellas mismas dicen representar y para cientos de miles de víctimas?

No se trata de una frase deslizada al pasar por uno de los guerrilleros. La idea de que las víctimas principales del conflicto armado son las mismas Farc, como lo dijo París a El Espectador, ha sido esgrimida sistemáticamente por los representantes de esa guerrilla en La Habana. "Nosotros no hemos hecho sufrir a nadie. Nosotros somos víctimas de esta guerra", le dijo Rodrigo Granda a la BBC. "Primero que todo quiero aclararle que antes que ser victimarios nosotros somos víctimas de este proceso", contestó Mauricio Jaramillo, el Médico, cuando La FM de RCN le preguntó si las Farc van a pedir perdón a las víctimas.

Es comprensible que, para empezar la negociación, las Farc se presenten como una organización monolítica, que nieguen cualquier división interna y respondan de manera desafiante a toda insinuación de que son los golpes militares sufridos los que las han llevado a emprender un proceso de paz. Se podría, incluso, considerar el argumento de que lo que empezó hace medio siglo como un movimiento campesino liberal de autodefensa evolucionó hacia el comunismo armado bajo los embates militares de un Estado intolerante. Pero es verdaderamente insólito que las Farc intenten convencer hoy al país de que las víctimas son quienes portan los fusiles, que nunca han querido causar daño a nadie y que, si lo han hecho, se trataría apenas de "hechos aislados", como dijo París.

¿Cinismo? ¿Falta de sintonía con el país de hoy? ¿Insensibilidad frente a la profunda aversión contra toda forma de violencia armada que lustros de degradación del conflicto han provocado entre la gente? Más allá de por qué las Farc escogen tan peculiar argumento para presentarse ante el país, es elocuente que no parezcan darse cuenta de su colosal costo político.

Primero, porque casi nadie les cree. Una lista interminable de explosiones, civiles muertos, niños reclutados para la guerra, secuestros, masacres, asesinatos selectivos, desplazamientos, pueblos destruidos por cilindros, mutilados por minas antipersonales, involucramiento creciente en la cadena del narcotráfico y un largo y luctuoso etcétera, alza su dedo acusador contra las Farc en el imaginario popular.

Segundo, porque las propias Farc deberían empezar por admitir que la guerra que empezaron hace medio siglo es completamente distinta a la guerra degradada que Colombia padece hace 15 o 20 años, con los civiles como víctimas y las violaciones más truculentas al derecho internacional humanitario como método de lucha. Culpan a todos: al Estado, a los paramilitares, al imperialismo. ¿Y ellas mismas? ¿Acaso no recurrieron a los peores métodos? Intentaron aprovechar el narcotráfico y el narcotráfico las absorbió. Recurrieron al secuestro, y les tomó 15 años -y miles de víctimas- renunciar a él. Un abismo separa a la Marquetalia de 1964 de la Colombia moderna, y a las Farc de entonces de las de hoy. Pero hablan como si las justificaciones de medio siglo atrás (las célebres gallinas y marranos de Manuel Marulanda) fueran las de hoy.

Que las Farc se presenten como víctimas no es nuevo. En todos los conflictos, los victimarios elaboran discursos justificatorios. Así lo hicieron los paramilitares en Colombia y ha ocurrido en muchas otras partes. También, de Bosnia a Sri Lanka, muchas guerras han visto víctimas tornarse perpetradores. Sin embargo, las negociaciones que empiezan en Oslo dentro de dos semanas son, supuestamente, para poner fin al conflicto armado. Al Estado colombiano le corresponde, por supuesto, su parte. La pregunta es: ¿van las Farc a aportar a la solución del conflicto su propio y extenso mea culpa o insistirán en presentarse como una oveja rodeada de lobos hambrientos?
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